avenida ignacio de la rosa

Por Juan Martín Masciardi

Se dice que si nadie se manifiesta críticamente es porque no quiere, que las voces hoy en día poseen todos los canales abiertos para que el ciudadano común se exprese libremente sin temor a ningún tipo de represalias. De ser esto así, entonces estamos frente a un problema. Hemos adoptado la modalidad del silencio, de callarnos, de murmurar por lo bajo con los amigos en el café; en pocas palabras: somos seres sumisos. Pero no nos adelantemos y abordemos el mismo problema desde otro ángulo, cuáles son esos canales con los que cuenta el hombre común para expresar su malestar. Ninguno. Los diarios todos, basta leer las líneas editoriales como también las cartas del lector, para advertir que una crítica a la gestión del gobernador Gioja irá a parar al papelero. Todos los medios poseen cierto filtro estético, que no es más que un modo bonito de decir censura. Porque somos rehenes de un tirano que sólo ha sabido dar forma legal, a través de la reforma de la constitución provincial, a su tiranía democrática. ¿Entonces qué, y nuestros artistas, y la intelectualidad sanjuanina? Bien y gracias…

Lo que se llama artistas, nuestros escritores, actores, músicos e intelectuales disfrutan holgadamente el boom de dar riendas sueltas a su ¨arte¨ a través de las diversas políticas de captación de nuestro señor gobernador. Basta un viaje de ¨representación¨ en nombre de nuestro supuesto arte a la feria del libro en Buenos Aires o salir a cruzar la cordillera emulando al libertador, actuar en la fiesta del sol como bufón del gobernador o tocar música ¨latinoamericanera¨ en algún evento auspiciado por el gobierno para que la crítica desde ahí provoque risas.  Es decir una pequeña prebenda y es suficiente, se venden barato. Un ejemplo: el Sade en San Juan. Un grupo de dinosaurios vetustos que llevan adelante la política de editarse así mismos su mala literatura para luego repartir entre amigos, y conocidos sus obras y eso es suficiente para ser considerado un escritor. En síntesis son sectas. No es sencillo ser parte de estos grupos, hay filtros y es necesario poseer ciertos requisitos, es decir se necesita profesar ciertas lealtades, gastar un poco las rodillas y la lengua siempre lista para sacar brillo a unos cuantos zapatos viejos. Por cierto, leí hace poco una carta del lector en el diario cuya autora es presidenta del Sade, la vi deshaciéndose en elogios y demás adjetivos azucarados sobre la reina Máxima de Holanda. Ahora somos monárquicos y católicos. Sin palabras. Pero ojo, también tenemos nuestra propia contracultura. Pequeños grupos diversos que se reúnen entre sí a jugar a la revolución socialista a través de consignas rebeldes en las redes sociales… y la articulación política? Juntarse entre iguales a celebrar el sectarismo revolucionario. Houellebecq tiene razón, ¨la militancia es para gente feliz¨. Podrá advertir el lector a esta altura que de lo que se trata es de sectas. Los unos rentados, los otros niños jugando. Sin embargo hay escritores, intelectuales y artistas que no intentan ganar ninguna batalla cultural como tampoco institucionalizar su arte, porque la libertad es la condición indispensable del acto creador pero eso sí, sus voces en el mejor de los casos no es más que un eco lejano que nadie escucha.

Pero esto no es suficiente, porque se es porta voz de un mensaje lateral que no resuena en ningún lado, como el loco que habla solo o como quien grita e interpela a su sociedad pero no recibe respuesta. Porque no hay medios de expresión, porque la Facultad de Filosofía en San Juan es sólo un ente burocrático que se adjudica un saber académico inexistente y no brinda la oportunidad a sus alumnos de crear revistas en las cuales los que escriben o quien sea se exprese e interpele a sus pares llamándolos a resistir y a buscar alternativas al silencio imperante. Porque son cómplices y aquí también es necesario poseer ciertos requisitos para poder expresarse, nuevamente profesar lealtades y gastar las rodillas. ¿Entonces no hay alternativas? Al parecer no las hay, en este momento mientras escribo se está llevando adelante la destrucción de nuestra cordillera en nombre de un progreso inexistente. Se practica minería a cielo a abierto y nosotros nada, porque el problema es que no sabemos nada de nada. No sabemos en qué consiste dicha extracción, como tampoco cuáles son los convenios a los que suscribe nuestra provincia con las multinacionales y la nación. Es decir, el viejo arte de guardar silencio.

Y mientras esto ocurre celebramos nuestra feria de artesanías con artistas de todo el país, exhibimos el progreso de nuestra provincia con nuestro monumental centro cívico, nuestro museo de bellas artes y con Gustavo Garzón y la película que se filma en este momento aquí no más cerquita de mi casa. Nuestra realidad es ocultada, nuestra gente en condiciones de pobreza desde hace décadas escondida bajo la alfombra, nuestros jóvenes que delinquen porque el sistema los expulsa y los que no pero que apenas viven manteniéndose con trabajos en negro y si es que lo hay. ¿Y las alternativas? Ir a trabajar a la mina. El eje económico de nuestra provincia se ha desplazado. Esas son las posibilidades laborales para nuestra juventud, ir a morir a una mina a más de 5000 metros de altura.

Pero alto. Basta, es suficiente. No todo es tan malo. Nuestra siesta asiática, nuestro silencio, nuestra sumisión no hace más que expresar, a través de este tipo de inacción, nuestra condición de buenos ciudadanos. Somos sumisos, nos callamos y nuestro gobernador con su equipo están pesando en un 2015. Al fin de cuentas, según sus palabras: ¨aun hay mucho por hacer¨. Por supuesto, no se equivoca. Devorar todos nuestros recursos sin pensar en las generaciones futuras, decretar la emergencia hídrica sin que nadie diga nada de nada y seguir marginando a nuestras clases humildes enviándolas a vivir en los márgenes de la provincia es sólo el comienzo. La gestión gubernamental está en proceso y nadie pueden detener su avance e interponerse ante los intereses de las multinacionales mineras que son nuestros verdaderos soberanos. Y el lector de otros pagos se preguntará en el mejor de los casos, o simplemente dirá esto a mí qué me importa; o no sabía nada de esto o nunca escuche hablar de algo así en San Juan. Lo comprendo querido amigo, el problema de nuestro país es desconocido por todos y es que los habitantes de la cuidad autónoma de Buenos Aires padecen de provincianismo. Padecen de tortícolis y no pueden más que verse así mismos y sus problemas. Olvidan que existe algo así como ¨las provincias¨ pero no te desanimes ni sientas culpable, al fin de cuentas lo padecen en todas las capitales del mundo. Pequeña paradoja: provincianismo capitalino, sólo saben hablar de sí mismo.

Por todo lo dicho es momento de salir y gritar, de romper el silencio y buscar todos los canales posibles que nos permitan expresarnos, sea en donde sea, y hacer escuchar nuestra vos, que en el mundo entero descubran que en algún lugar del mundo, la provincia del silencio, un lugar llamado San Juan.