Entre las moscas

Poetas troyanos
Ya nada de lo que podía ser vuestro
Existe

Ni templos ni jardines
Ni poesía

Sois libres
Admirables poetas troyanos

¿Historia de la literatura latinoamericana?

Quizá este poema de Roberto Bolaño (1963-2003) resume su obra. O al menos el corpus importante de su obra. Pues, ¿qué son templos, jardines y poesía ante el horror y la muerte? Al entrar los griegos con su caballo a Troya, dejan a su paso, luego de la matanza, podredumbre: moscas. La maravillosa Troya es nada. ¿Qué son los templos y jardines y la poesía troyanas ante el horror y la muerte? ¿Qué es la literatura latinoamericana ante el horror y la muerte? Y en ese sentido, ¿no es Nocturno de Chile el relato breve para entender la obra de Roberto Bolaño?

Nocturno de Chile (Anagrama, 2000) es una novela corta. Se dice que Bolaño la concibió en su último viaje a Chile, donde ofreció entrevistas, cuando ya saboreaba las mieles de la fama y mantenía contacto con gente allegada a la elite cultural de su país. Ahí fue que se gestó su nouvelle. Hay también quien dice que los cuentos y en alguna medida los poemas de Bolaño eran esbozos o apuntes para textos más largos. De igual modo, se dijo que Bolaño dejó la poesía por un tema crematístico. Pero, ¿de qué se trata el texto?

Es sabido que el libro, en un inicio, tenía el tentativo título de La tormenta de mierda. Es posible que la sugerencia de Nocturno de Chile se encuentre en este pasaje: “En Buenaventura, en donde leí, por la noche, el barco anclado en medio de las estrellas, el nocturno de José Asunción Silva”. El libro es “una caja china” o una “matrioska”, es decir, hay una historia principal que genera otra u otras historias derivadas. El personaje principal, Sebastián Urrutia Lacroix, sacerdote del Opus Dei y crítico literario, narra en primera persona en un estado previo a perecer. Cuenta su encuentro con el canónico crítico literario Farewell, quien le presenta a personajes de la alta cultura chilena o santiaguina. Ahí, en casa de Farewell, Urrutia Lacroix conoce a Pablo Neruda que recita unos versos a la luna. Ahí mismo, en esa casa, más valdría decir en la estancia o fundo de Farewell, Urrutia le hace saber que pretende ser crítico literario, y este último le advierte: “En este país de bárbaros, dijo, ese camino no es de rosas. En este país de dueños de fundo, dijo, la literatura es una rareza y carece de mérito el saber leer”. 

En la primera parte del libro se inserta una historia, contada por un diplomático chileno, Salvador Reyes, sobre un pintor guatemalteco que malvive en Francia con una hipermelancolía que ni los manjares ni algún libro que el diplomático chileno le lleva, logran paliar. Solamente acepta un “chupito” de alcohol de una petaca cuando el diplomático lo visita junto al escritor Ernst Jünger. Además, el escritor alemán y el diplomático chileno recuerdan un libro de Robert Burton, Anatomía de la melancolía. Luego se inserta otra historia, “La colina de los héroes”, contada por Farewell, que es sobre un próspero zapatero, súbdito de la corona austrohúngara, que enriquecido gracias a sus excelentes zapatos, conoce al emperador en persona y le propone un proyecto ambicioso: construir la colina de los héroes.

El emperador se conmueve y da luz verde al proyecto. Pasa un tiempo y el zapatero es olvidado. Muere el emperador; también el imperio. Mucho tiempo después, durante la Segunda Guerra Mundial, un coronel ruso ingresa a la colina de los héroes y no encuentra ningún vestigio de tumbas de héroes. Aunque en la cúspide de la colina sí hay una cripta con el cadáver del zapatero.

En la segunda parte del libro, Oido y Odeim le proponen a Urrutia viajar a Europa para encontrar “soluciones definitivas para frenar el deterioro de las casas de Dios”. En Europa aprende técnicas para matar palomas y evitar que con su excremento dañe las casas de Dios.  Uno de los sacerdotes que le instruye dice: “No había que olvidar que las palomas eran como el símbolo terrenal del Espíritu Santo”, pero en la tierra se eliminaban con halcones para que las cagadas de las palomas no destruyeran las iglesias con su efecto corrosivo. Al mismo tiempo, Urrutia envía “sus criticas literarias” desde Europa a su patria.  A su vuelta a Chile, otra vez el poder oculto le contacta mediante los señores Oido y Odeim, para impartir clases sobre marxismo (para conocer al enemigo) a la junta militar encabezada por el general Augusto Pinochet. A todo esto, ya Salvador Allende había sido derrocado y Neruda había muerto. Pinochet le cuenta a Urrutia que la mayoría de sus predecesores políticos no eran nada preparados, ni mucho menos cultos, que Allende leía solamente revistitas, que no era nada intelectual; a diferencia de él (Pinochet), que había publicado en algunas revistas norteamericanas y un libro en alguna editorial pequeña. Todo sobre temas militares, por ello no había tenido mayor difusión.

La última subhistoria de la caja china es más que significativa: la escritora María Canales acoge en su casa de las afueras a la mayoría de escritores y artistas para hablar y brindar. Casada con un norteamericano, un tal James Thompson, ejecutivo de una empresa filial en Chile y en Argentina. Mientras en el living de María Canales se hablaba de literatura, arte y temas intelectuales, en el sótano de la casa se desata el horror, se realizan torturas al mando de Thompson, que se descubrió, años después, era agente de la DINA. María Canales, al tanto de esto, aduce que así se hace literatura en Chile. ¿Entonces la nouvelle de Bolaño sería la historia de la literatura latinoamericana, novelada en Nocturno de Chile? Leída así, con esa línea argumental, puede ser. Esto, por supuesto, como sostienen algunos profesores de literatura.

¿Bolaño Quijotesco?

Dice el filósofo Fernando Savater en Instrucciones para olvidar al Quijote que la rica y divertida novela de Cervantes venga a ser a fin de cuentas una trabajosa advertencia de que el hombre se esfuerza por conseguir lo imposible, infructuosamente, y confunde la realidad con sus sueños, “me parece una conclusión bastante mísera”. Visto así, Nocturno de Chile podría calzar bien con lo que afirma Savater. Proyectos locos y enfebrecidos como la del pintor en París, la del zapatero y su magno proyecto, el de Pinochet para su país, y la de María Canales para su literatura. Aunque claro, como aduce Savater, esa forma de leer es mísera. Bolaño, como gran lector a sabiendas o no de esto, ha comprendido que lo quijotesco también es cruel, porque, dice Savater que “Don Quijote y Sancho son molidos a palos, mordiscos, coces, puñetazos, etc… ( ); sus palizas tienen algo de onírico, como las de los dibujos animados”.

Es cierto que el Quijote es un libro humorístico. Aunque, como dice el mismo Savater, es una crueldad a lo Tom y Jerry, el dibujo animado. Luego cita a Vladimir Nabokov, quien ensaya que el Quijote es una “enciclopedia de la crueldad”, aunque artística, cita el filósofo catalán. También argumenta “la insistencia quijotesca de primar las armas sobre las letras, es decir, sobre las leyes”. Y que “Don Quijote de la Mancha es y continuará siendo inatacable, recto, sin tacha: en el fracaso. Ese fracaso inalterable, refulgente, es quizá la más actual y permanente lección que Don Quijote puede ofrecer no ya a españoles, alemanes o ingleses, sino al lector individual de una cultura adoradora del éxito a toda costa”. Bajo esas “instrucciones” de Savater, ¿no es crudelísimo que el diplomático chileno y Jünger no hagan nada concreto por el pintor guatemalteco que muere de melancolía crónica, y que solo se pongan a comentar en las narices del pintor sobre el libro Anatomía de la melancolía? ¿No es el zapatero exitoso como empresario aunque fracasado en su magno proyecto existencial? ¿No priman las armas sobre las leyes en el éxito de Pinochet? ¿No priman las armas también sobre las letras o la literatura en María Canales, a sabiendas de que lo crudelísimo ocurre en el sótano de su casa mientras ella brinda con vino en sus reuniones con artistas?

Bajo esa lectura, Bolaño habría escrito bajo la tradición bien entendida del Quijote. Pero, un momentito: ¿no somos todos los hispanohablantes, escritores o no, de alguna manera quijotescos, aunque no lo sepamos? Mas aún, dice el gran novelista y ensayista, Nobel de literatura, J.M. Coetzee, que Cervantes es el padre y la madre de todos los novelistas. Con lo cual la cosa se pone mas universal. Y como el mismo Savater escribe citando, a su vez, a Vladimir Nabokov: “Don Quijote es más grande hoy de lo que era en el vientre de Cervantes. Ha cabalgado durante más de trescientos cincuenta años a través de las junglas y tundras del pensamiento humano”.

¿Bolaño Universal?

Ahora bien, ¿qué pasa si Bolaño sólo ha decidido usar de pretexto estas historias para llevarnos donde nos quiere llevar, es decir, al tema del horror, sazonado con tono irónico? Estas historias ya descritas, ¿no son otra cosa que metáforas del horror?¿Qué pasa si pensamos que el narrador, Urrutia, que dice estar muriéndose, no está nada más que escondiéndose e inventando su inminente muerte? Que esas digresiones que tanto gustaba usar Bolaño sean nada más que pretextos para conducirnos a un desenmascaramiento, como ya el epígrafe del libro reza: “Quítese la peluca”.

Por cierto, una digresión es el efecto de romper el hilo del discurso y hablar en él de cosas sin conexión con aquello de lo que se está tratando. Entonces, ¿qué hace que esas digresiones funcionen? Funcionan porque son paradojas. ¿No es una paradoja que el general Pinochet sea, en la novela, más intelectual que el derrocado Allende, “lector de revistitas”? ¿No es otra paradoja que el zapatero al pensar algo grandioso para los héroes estuvo nada más que pensando en su propia gloria? ¿O que Canales haga literatura encima de la sangre de los torturados del basement de su casa? Estas digresiones son necesarias para la historia principal y sobre todo para la coherencia de la novela, como diría Vargas Llosa. Vale decir, esas “mudas” o digresiones, en el orden que han sido narradas por Urrutia, y es ahí donde radica la maestría de la pieza literaria de Nocturno de Chile.

En tal caso, no es que Nocturno de Chile sólo sea la historia de la literatura latinoamericana o sólo quijotesca, por el simple hecho de que ningún escritor que no sea latinoamericano escriba lo que escriba lo haga desde Latinoamérica, ni tampoco por supuesto que deje ser quijotesco. Porque eso nadie se lo inventa, sólo fluye. Desde luego que Bolaño, entonces decide, como el maestro Jorge Luis Borges, que, aunque se escriba sobre temas latinoamericanos, escribe sobre el universo. De manera que las moscas no solo pueden estar en el horror de Troya, también en Latinoamérica o en el universo. ¿No es ahí que Bolaño se inscribe en la literatura universal?///////PACO