Hace unos días trascendió el nombre de María Reussi, una licenciada en Ciencia Política de la UCA que se desempeña como asesora del Presidente de la Nación con rango y jerarquía de subsecretaria. Su labor, resumida por funcionarios del PRO como “asesorar al Presidente en cuestiones de la primera dama”, cuenta con un salario de 90 mil pesos en bruto y una meta precisa: convertir a Juliana Awada en una suerte de líder social. El intenso trabajo de marketing que se le encomendó a Reussi tiene como role model a Michelle Obama. Detrás de su contrato radica la convicción de que un dirigente político puede ser moldeado a medida por las reglas del marketing (sobre todo si es una mujer obediente que las cumple a rajatabla). Sin embargo, mientras a Awada le confeccionan minuciosamente su perfil político, nadie se dedica a asistir a la vicepresidenta Gabriela Michetti, quien debe retractarse frecuentemente por la torpeza de sus declaraciones públicas y protagoniza papelones cuando es indagada acerca de cuestiones de agenda, sobre las que una y otra vez demuestra “no estar en tema”.

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Mientras a Awada le confeccionan minuciosamente su perfil, nadie asiste a la vicepresidenta Gabriela Michetti, quien debe retractarse frecuentemente por sus declaraciones.

Las “Valijas Juliana” quedaron en el recuerdo de una generación de niñas que hoy ya son adultas. El kit era un rejunte rosa de todos los objetos imprescindibles para volverse expertas en algo. Ese algo no era un oficio para salir del paso, el combo de plástico rosa estaba destinado a orientar las aspiraciones infanto-femeninas y alimentar los sueños profesionales de aquellas chicas. Juliana no era secretaria; era doctora, veterinaria o periodista. Por supuesto, no existía una Juliana política. Es que a sabiendas de que el marketing no peca de ingenuo, ¿cuántas madres la hubieran comprado? En el imaginario colectivo era más veraz y querible ser actriz o modelo. La pequeña Awada eligió sin dudarlo la valijita de diseñadora. Desde chica supo que tenía pasión por la indumentaria. A través de su set didáctico, ella se preparó. Ni fue ni es una improvisada; Juliana apuesta a lo seguro. Le gusta ser chic y aprovechar sus dotes, pero jamás llegaría a un cóctel sin sus stilettos o clutch. Su rol como primera dama la ubicó en el centro de las miradas y si bien durante la campaña tuvo poca exposición pública, algo parece haber cambiado en Juliana. Aprobada por las críticas -las que importan, no las de la minoría intensa que recuerda las denuncias por trabajo esclavo en talleres clandestinos-, ahora Juliana va por más. Decidió adquirir otra valija, aprender cosas nuevas, hacer uso de una wedding planner política y lanzarse a un nuevo desafío.

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Juliana no era secretaria; era doctora, veterinaria o periodista. Por supuesto, no existía una Juliana política.

Michelle Obama se graduó en Princeton, hizo un doctorado de Derecho en Harvard, trabajó en un estudio de abogados, formó parte del gabinete del alcalde de Chicago, fue directora ejecutiva de una ONG y tuvo un cargo importante en la universidad de esa ciudad. Su carrera tuvo un acercamiento permanente a la política. Juliana, en cambio, representa el segmento electoral de los “despolitizados”. No tiene una postura pública sobre los temas candentes. Se da por hecho que sus opiniones son las mismas que las de su marido. Hasta ahora, ella era tan solo eso: una acompañante -sexy pero protocolar- de Macri. Por este motivo, el desafío de Reussi es complejo, aunque no descabellado. Desde sus inicios, el PRO buscó instalarse como “lo nuevo” y los dirigentes de ese espacio destacaron siempre la idea de “meterse en política”, movilizando valores vinculados con el voluntarismo y el empresariado. Juliana da con ese perfil. Bajo la meta de conectar mundos no políticos con la política, el éxito en la actividad profesional representa para ellos un valor fundamental. Y Awada cumple a rajatabla con el must macrista de haber triunfado en algo antes de incursionar en este terreno. Sin embargo, convertirla en una líder tiene una complicación: es difícil que las mujeres generen empatía con alguien como ella. Es una morocha impactante, fría y sobria, que se roba las miradas de sus maridos y tiene todo lo que muchas desean. Para no fracasar, Reussi necesita trabajar a fondo en lograr que genere empatía: mostrar su éxito profesional pero también su dedicación como madre; demostrar que Juliana es una mina común que va al súper y cualquiera se la podría cruzar en el Barrio Chino, en calzas, despeinada y sin maquillaje. En definitiva, politizarla mostrando, justamente, su alejamiento de lo político y su perfil humano. Plasmarla como la materialización femenina de que la guerra terminó el 10 de diciembre.

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Michelle Obama se graduó en Princeton, hizo un doctorado de Derecho en Harvard, trabajó en un estudio de abogados. Juliana, en cambio, representa el segmento electoral de los “despolitizados”.

“Yo me acabo de enterar”, fue la respuesta pública que dio la vicepresidenta Gabriela Michetti cuando le preguntaron qué pensaba de los funcionarios del PRO que se beneficiaron con la operación de dólar futuro. “Es un tema súper, súper complicado”, fue su opinión sobre la muerte de cinco jóvenes en una fiesta electrónica en Costa Salguero. “Si la pastillita es tan chica, ¿cómo se controla eso?”, planteó luego. Unas semanas atrás, cuando se anunció el tarifazo, quiso tranquilizar a los argentinos y les contó: “A mí también me afecta”. De todos modos, reconoció que su sueldo bruto de 121.686 pesos es “más alto que el de una persona normal”. En otra oportunidad, le pidió a una multitud que la escuchaba en Tucumán: “Sepan aguantar hasta que dentro de dos, tres o cinco años podamos salir adelante”. Sus frases suelen tener mucho rebote en las redes sociales y la impericia la llevó en más de una oportunidad a tener que dar marcha atrás con decisiones y opiniones: debió rever los despidos de embarazadas y discapacitados entre los más de 2 mil “ñoquis” que echó del Senado; tuvo que confesar su cambio de opinión luego de manifestarse años atrás en contra del matrimonio igualitario. Así, mientras Macri se concentra en coachear a su esposa para que dé el salto a la política, nadie pareciera preocuparse por su vice. Gabriela tiene a su propio media trainer en casa: su novio lobbysta Juan Tonelli. Sin embargo, su pareja no la asesoró para que no cayera en realizar una denuncia penal ante la Cámara en lo Criminal y Correccional luego de que mucha gente creyera que había salido de su boca una frase tuiteada por Agencia Félan, una cuenta de humor político que parodia a la estatal Télam. La denuncia de Michetti, representante de un gobierno que promueve la libertad de expresión, resulta casi tan burda como si Nicolás del Caño hubiera arremetido contra el Pibe Trosko en plena campaña electoral.

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Michetti tiene a su propio media trainer: su novio lobbysta Juan Tonelli. Sin embargo, no la asesoró para que no cayera en realizar una denuncia luego de que mucha gente creyera que había salido de su boca una frase tuiteada por Agencia Félan.

El PRO nació de un think tank y de retazos de partidos tradicionales. Presentando a su espacio como la nueva política, Macri entendió que ante un electorado preocupado por la corrupción debía potenciar su oferta de outsiderismo. Además de buscar figuras en ámbitos ajenos a lo partidario, priorizó la lógica de incorporar cuadros técnicos con carrera en ONGs o el mundo empresarial. Juliana no es una CEO, pero su perfil de mujer emprendedora e impecable primera dama puede servir para interpelar a los ciudadanos descreídos del relato, cansados de la hiperpolitización y hartos de hablar de la dictadura. A través de la típica narrativa macrista de reality show, se eligió mostrar a Awada como una impecable modelo de pasarela pero ubicarla en Coto, cerca de la gente. La receta de Reussi parece ser apuntar al ciudadano consumidor y manipular a control remoto la imagen de la Michelle tercermundista. Juliana no adquirirá carisma, pero a los pastores sin rebaño se los puede potenciar en los medios. Aprovechar el amor que despierta en las revistas del corazón internacionales que la quieren en sus tapas. El coaching del PRO con Macri como team leader tiene una estrategia prolija y detallada con figuras como la de Awada, pero descuida algunos frentes. Juliana es la modelo de lo correcto, la que representa y reproduce el mundo rosa que le fue inculcado, para el que se preparó. Mientras tanto, hay otras mujeres más difíciles de coachear. Por los intersticios del plan de marketing se filtran las frases de Michetti y en ellas se traslucen las verdaderas posiciones políticas, difíciles de tapar con seda natural o megaproducciones para Vogue//////PACO