Mi hermano del medio estudia Ciencias Políticas. Hace unos años descubrió en la carrera a Pierre Bourdieu y cuando me lo contó tuvimos una charla intensa al respecto. El sistema dialéctico bourdeano lo había conmovido tanto como a mí cuando lo descubrí. Me contó que todo se lo debía a su profesor porque puso mucho énfasis en dejar en claro quién era. Me dijo que cuando lo presentó en clase dijo: «Hoy vamos a hablar del Aguja». Así lo llamaba a Bourdieu: «Aguja». Porque decía que era exactamente eso para el campo cultural: una aguja.

La música electrónica propuso desde sus orígenes una variante que conjuga no sólo elementos técnicos y tecnológicos para componer sino una propuesta escénica que, complementada con el consumo de drogas, se convierte en un esquema tribal o ritual. Más fácil: la música electrónica conjuga dos elementos paradójicamente muy representativos de la crisis cultural del cambio de siglo: tecnocracia con vuelta al primitivismo. Un arquitecto -y guitarrista secreto- brasilero dedicado a la producción de pequeñas bandas de rock, música para publicidades y a la música de películas o soundtracks empezó a sonar en el ambiente de la música electrónica como una delicada rareza desde que le pidieron que componga unos remixes para la popular película de Fernando Mereilles Cidade de deus. Finalmente, movilizado por músicos y admiradores, en el 2007 editó -en el prestigioso sello berlinés de música electrónica Kompakt-, un disco que lo convertiría, como Pierre Bourdieu, en una aguja para el campo de la música electrónica. Hablo de Chromofobia del brasilero Guilherme Boratto, más conocido como Gui Boratto. El primer corte del disco –Beautiful life- ya es un clásico del futuro.

Gui Boratto con su primer disco generó un agujero de sentido, una perforación en la malla elástica de las subjetividades de la música electrónica. Propuso una teoría estética de producción vinculada a la complejidad del sistema arquitectónico. Colores, tonos, segmentación, línea recta, curva: un sistema visible de construcción. Dos años más tarde sacó su segundo disco: Take My Breath Away, un disco que casi no se baila. Composiciones lentas con mucho sintetizador de paisajes climáticos y sentimentales. Boratto dijo en una entrevista que su idea con este disco era proponer sonidos más vinculados a su trabajo como compositor de paisajes sonoros e intentar romper con el color del anterior exitoso disco.

Su tercer disco se llama III y es del 2011. En este último aparece la parte más metalera que puede tener la música techno de Boratto. Su sabor melancólico se mantiene pero esta vez con fuertes contrastes rítmicos y mucha guitarra distorsionada. De hecho, éste es el disco en el que es más transparente el Gui Boratto que compone con una guitarra enchufada a un pedal. La tapa del disco es negra con tres I en blanco. Hay una idea de oscuridad, de ruido, de profundidad.

Así como Pierre Bourdieu fue un sociólogo que descompuso las estructuras de la pedagogía teórica para explicar el funcionamiento de la sociedad, Gui Boratto es un arquitecto  que desarmó el sistema de composición de la música electrónica contemporánea para, a partir de patrones arquitectónicos, re-construir catedrales sonoras.///PACO