1/ Los dinosaurios siempre me pareció el único tema malo de Clics modernos. La melodía que, repetitiva, presenta una sola idea se pega mucho con una letra pobre, aparatosa. ¿Por qué? Primero está el entusiasmo alfonsinista, triunfante sobre el ocaso de un grupo político que finalmente no se extinguió sino que mutó y sobrevivió y sobrevive. Pero bastante peor me parece el uso de fabulosos y atractivos animales prehistóricos para opinar sobre un incidente muy periférico de la historia de la humanidad. Los dinosaurios son demasiado importantes para utilizarlos como metáfora de hostigamiento hacia delincuentes políticos, militares crueles y liberales económicos. Por otra parte, los dinosaurios no son viejos, ni lentos, ni anacrónicos. Su extinción biológica emerge frente a nosotros como un especulación que nos importa a medias. Hijos de la aventura arqueológica moderna y de la cultura pop, los dinosaurios hacen confluir en ellos ilusiones científicas, pero con más insistencia una aguda imaginería de la fuerza. A los que los adoran, estudian, consumen y admiran no les interesa tanto el pasado sino su recreación, su puesta al día, su potencia. ¿De dónde sale esa potencia? ¿Por qué los dinosaurios son tan sensuales?

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2/ La evolución del cerebro humano se dio de adentro hacia afuera. Según dice la neurobiología, en lo más profundo, en la parte más antigua de nuestro cráneo, está el tallo encefálico, la parte encargada de dirigir las funciones biológicas básicas, las que primero se desarrollaron, como los latidos del corazón y la respiración. Podríamos decir que es nuestro sistema operativo, el que nos mantiene vivos, pero está lejos de ser un software sutil. Luego, coronando el tallo encefálico funciona lo que se conoce como el Complejo R, que es el productor de las jerarquías sociales, el instinto de conservación, y los impulsos agresivos, reproductivos y territoriales. Y finalmente en la corteza cerebral se encuentran las emociones, la inteligencia y los afectos. Asumiendo que los mamíferos descienden de los reptiles, esta teoría estaría diciendo que hay algo parecido al cerebro de un cocodrilo bien adentro de nuestra cabeza. Carl Sagan explica en Cosmos que las formas ritualizadas de comportamiento están incrustadas profundamente en nosotros, en esa parte reptil, pero no son características privativas de los seres humanos. De hecho, las mejores decisiones, las decisiones mamíferas de cuidado del otro y de preservación de la manada, así como el placer de resolver problemas y estar en contacto con los de nuestra especie, surge de la corteza. Si damos por ciertas estas especulaciones, habría un punto remoto pero al mismo tiempo interno y hasta íntimo en el que estaríamos relacionados con los dinosaurios, y al mismo tiempo, lo que nos diferencia es muchísimo más que el tiempo y una vaga idea de cronología terrestre.

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3/ Por más que lo intentemos y probemos diferentes formas de simulación, nuestra percepción no puede sino ser moderna. Cuando aparecen artillados en cromos y experimentos de Photoshop, cuando los vemos en parques de diversiones o envueltos en paisajes lisérgicos, refrendamos que vemos a los dinosaurios con ojos que no responden necesariamente a la paleontología y sus intereses. Lo que tenemos en películas, historietas, documentales y juguetes implica la recuperación en clave lúdica de una fuerza ancestral que surge del pasado más remoto y nos propone la liberación de instintos que intuimos pero que solo podemos imaginar, nunca verificar. Así, una garra, un colmillo, un cráneo se vuelven claves para sondear nuestras propias fantasías. Y nos presentan un mundo perdido, selvático, cálido, sin habla, carente de signos, sin música, lleno de reptiles enormes que se devoran unos a otros por períodos muy extensos de tiempo. El poder, la pulsión, el reptil, la muerte: recuerdos de un planeta atravesado por la violencia de la formación, de un mundo embrionario, necesariamente hostil y anterior al hombre.

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4/  ¿El dinosaurio como representación solapada de un discurso sexual latente? Sí, hay algo definitivamente freudiano en nuestro amor al Tyrannosaurus Rex, al Triceratops, al Velociraptor, al Brontosaurio y al Diplodocus. No sorprende, entonces, que exista una posible unión entre ellos y la pornografía. Bordeando el tema es posible encontrar en las librerías porteñas un libro titulado La vida privada de los dinosaurios pero la cuestión no pasa de ser un gancho promocional, al menos en este aspecto. Un poco más cerca, Amazon publicita novelas con chicas sexys y dinosaurios en la tapa. Cracked.com hizo una lista que tituló “10 Real Book Covers From Dinosaur-On-Human Sex Novels.” Con “real” se refieren aquí a que son libros que se pueden comprar y leer y no solo la ilusión de las tapas, al estilo Juanito y los clonosaurios, la novela que nunca escribió el profesor Seymour Skinner, pero cuya portada se consigue en Internet con el logo de Jurassic Park. De paso, estas tapas de Amazon parecen entender muy bien la cuerda que debe sonar cuando se trata de chicas y dinosaurios. Sin mostrar variedad, los títulos prometen. Hago una lista breve: Running from the Raptor, Taken by the Pterodactyl, Ravaged by the Raptor, Taken by the T-Rex, Ravished by the Triceratops, Dino park after dark. Esa es la línea. Las tapas muestran, casi sin variaciones, un paisaje natural donde una mujer que no llega a estar desnuda posa con un dinosaurio en segundo plano. Atrás del gesto kitsch, hay algo. ¿Pero qué? Cyriaque Lamar, el redactor de Cracked.com, reivindica esas tapas pero denosta las novelas, todas firmadas con el evidente seudónimo Christie Sims. Lamar acepta que se trata de “not-unsuccessful series of dinosaur-on-girl porno novellas” pero agrega que, de cara a las atrocidades que pueden verse en la categoría porno-fan-fiction de la web, el “dino porn seems quasi-puritanical.” Y después agrega sobre Taken by the Pterodactyl cuya protagonista es una sexy pastora: “DO NOT buy this book if you want to masturbate to a story about a dinosaur fucking a shepherd.”

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5/ ¿Entonces? Se sabe: hoy todo tiene porno. La regla 34 desafía al incrédulo desde varios motores de búsqueda. Su lema, ya legendario, es “If it exists there is porn of it.” Se lo tradujo de muchas maneras, las menos desacertadas puede ser “Si existe, ya se hizo porno con eso” o “Si existe, ya tiene una versión porno.” Los buscadores hacen el trabajo. Pero ¿es cierto? Disney, Pixar, Dreams Work, Simpsons, Thundercats, nazis, Asterix, Hollywood, Mazinger, egipcios, animé, Playmobil. Hay confirmación a la regla y toda regla tiene su excepción. Sin embargo, la regla 34 no deja de sorprender. Y, si queda alguna duda, ya existe una regla 35 que dice que “si nadie hizo porno con eso, ya se va a hacer.” [ if there is no porn of it, it will be made.] Por otra parte, en el sentido inverso de la búsqueda, que haya dinoporno nos señala un plus inesperado: los dinosaurios existen.

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6/Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de pornografía y dinosaurios? Hago una lista rápida. Las imágenes que Google nos ofrece muestran: un hombre musculoso fornicando con una hembra de Tiranosaurio Rex, otro T Rex mordiéndole una teta a una Mujer Maravilla atada, dos triceratops apareándose, un hombre en un bosque sodomizando lo que parece ser un abrictosaurus, una película de porno gay titulada Jurassic Porn donde un grupo de jóvenes orientales es violado por dos excéntricos reptiloides, dos vicios y lúbricos velociraptors penetrando analmente a dos chicas pop que se besan, y un largo etcétera. Aparte, para cerrar un catálogo necesariamente incompleto, podemos mencionar el furry art, o como se lee en la WikiFur: “Furry art is a term used to describe artwork depicting anthropomorphic (humanoid or feral) animal, characters, fursonas, avatars or personas.” Y por supuesto, el furry art tiene su versión porno donde zebras humanoides son penetradas por leones que, musculosos y antropomorfizados, caminan en dos patas y usan lentes de sol. La categoría tiene su nicho de furry dinoporno, aunque en esa categoría también se mezclan algunos dragones. Como ejemplo, pongo un anquilosaurio en los vestuarios de un gimnasio siendo felado por un muy femenino velociraptor macho.

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7/ Dicho todo esto, que exista algo oscuro y terrible en los dinosaurios y en el sexo y que sea posible atarlo y ponerlo junto no garantiza nuestra empatía o nuestra conmoción. Una forma de vitalidad anterior, atávica, prehistórica, una forma de acumulación de líbido que nos excede: siempre es atractivo ese tipo de misterio. Sin embargo, si el adocenamiento y la mercadotecnia se imponen al arte, los resultados pueden ser igual de pobres haya o no un lagarto gigante lleno de dientes con una erección. En xvideos.com puede verse un fragmento de cinco minutos titulado Pterodactyl Dinosaur Spermo Plasmoids donde dos actores disfrazados de pterodáctilos, o si cabe dos pterodactiloides siendo felados por una mujer desnuda. Los dinosaurios agitan sus alas. Luego se pasa a otras posiciones. En un momento de la repetitiva fricción erótica, aparece un muñeco que parece salido de los Muppets y que se ríe un poco de los actores y otro poco del espectador. No hay mucho más. El resultado de este encuentro entre dinosaurios y porno es bizarro pero tedioso. (Y lo peor de todo es que los pterodáctilos no son exactamente dinosaurios, pero creo que eso, en estas circunstancias, es lo de menos.) En el mismo sitio, una animación digital titulada Dino X Human nos ofrece un velociraptor que primero le practica un cunilingus a una mujer y luego la penetra de manera frontal. El fragmento dura un minuto y media y es bastante más eficiente que el analógico Pterodactyl Dinosaur Spermo Plasmoids. La visión subjetiva desde la mujer le suma mucho a la fornicación interespecies y llena la fosa aséptica de nuestra libido de preguntas. ¿Puede excitarnos la sonrisa atrevida de un velociraptor?

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8/ Me permito una coda para señalar que con estas simples herramientas conceptuales podríamos explicar la fascinación paranoica que nos causan los reptilianos, por ejemplo. Pero ¿cómo explicar, siguiendo esta línea de pensamiento, los memes de Jesús con los dinosaurios? Es otra cosa lo que se hace chocar ahí, es la teoría de la evolución y la religión, entidades más disruptivas que la unión de dinosaurios y pornografía, y el resultado que emerge tal vez sea más misterioso, en su fina ironía y su rara ternura.////PACO

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