Para el momento en que Walter Carlos se dio a conocer en sociedad como Wendy Carlos, ya en Estados Unidos habían sobresalido varios casos de cambio de sexo. Uno había sido el de Renee Richards, que lo había hecho en 1975. El cambio le había traído algunos contratiempos, más allá de los que una operación presenta por sí misma: Richards era tenista, y con el cambio de sexo venía adjunto el cambio de categoría. Pero la Asociación de Tenis estadounidense se resistió a permitirle jugar como mujer si primero no se hacía unos exámenes hormonales y genéticos, y Richards, que se resistió a los exámenes, se perdió el U.S. Open femenino de 1976. El asunto duró todo un año y recién en 1977 pudo inscribirse sin exámenes en la categoría mujeres gracias a un fallo de la corte suprema de Nueva York. El caso judicial, además, obligó a la Asociación a cambiar sus cláusulas womyn-born-womyn, herencia de la segunda ola feminista de los años ´60.

 Ya antes, en 1972, Carlos se había sometido al bisturí en secreto. Desde chico había sentido que era una mujer pero había hecho carrera en la música como Walter Carlos. Gracias a la confluencia exitosa entre su formación musical clásica y la aparición de los sintetizadores, en esa época su nombre original, el de varón, ya era una marca registrada que había que preservar. Walter Carlos era el sello de vanguardia para promocionar el sintetizador Moog, el hombre detrás de éxitos discográficos como Switched-On Bach (el álbum de música “clásica” más vendido de la historia) y The Well-Tempered Synthesizer, en los que había remixado a Johann Sebastian, y era la cabeza que había dado origen al Beethoven desquiciado que ambientaba La naranja mecánica de Kubrick. Así que abrir el placard y destaparse no parecía ser la mejor opción.  Durante esos largos años postoperatorios, WC se refugió en lo de una amiga en Nueva York, lejos de Rhode Island, donde había nacido en 1939 y donde había comenzado a estudiar piano. Allí, en su pueblo natal, también había empezado a sentir que algo entre su psiquis y su cuerpo no andaba bien. No se le daban los juegos de varones ni los deportes y sentía envidia por las melenas largas de las chicas. De vez en cuando se disfrazaba con ropa de su madre. Cuando cada tanto lo descubrían, los padres comentaban que Walter se estaba preparando para Halloween con mucha anticipación. A los seis años lo mandaron a estudiar piano con un profesor local y encontró algo en lo que se sentía cómodo; tanto que, una vez pasada la adolescencia, se fue primero a la Universidad de Brown a estudiar música y física, y más tarde a Columbia, donde se convirtió en discípulo de Vladimir Ussachevsky.

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Ussachevsky era un ruso de Manchuria, emigrado de chico, que durante la década del ´50 se convirtió en el padre de la música electrónica. Bajo su influencia, WC empezó a experimentar combinando instrumentos clásicos y máquinas. De sus estudios de física, WC heredó una pasión por los fenómenos astronómicos, especialmente los eclipses. Todavía hoy toma fotos de cada eclipse que le toca presenciar. Pero, contra lo que podría pensarse, a esta etapa de experimentación musical no la acompañó una de experimentación sexual. La disforia de género que padecía WC no lo llevaba a ser una loca ni mucho menos. Durante un tiempo trató de salir con mujeres pero no funcionó. Entonces optó por encerrarse totalmente y juguetear sin mucho ánimo con la única idea que se le aparecía como plausible: el suicidio. Hasta que un buen día, su aberración generodisfórica y la medicina confluyeron como antes lo habían hecho sus habilidades musicales y la electrónica. Las ciencias médicas estaban capacitadas materialmente para modificar su cuerpo y, lo que es más sorprendente, algo en la cosmovisión estadounidense había cambiado para siempre: lo dado, lo inmutable para el ser humano, había pasado de ser su cuerpo a ser su psiquis. Una o dos décadas antes, la solución al problema de WC hubiera sido arreglarle la cabeza mediante psiquiatras o terapeutas o sesiones de electroshock. El cuerpo, entonces, era lo heredado de la naturaleza y la mente un constructo social maleable y modificable. Pero esto ya no era así en el inicio de los ´70: para esa década cualquier cuerpo podía ser cambiado, cualquier apéndice trepanado y cualquier prótesis instalada. Lo que uno sentía adentro suyo, en su mente, era lo real e inmutable, ya no había afecciones mentales. Era el triunfo de la subjetividad, era la derrota de Freud.

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 O quizá no tanto, pero de todas formas era un cambio radical. Y para WC era una forma de aplastar la tentación del suicidio que lo venía rondando desde hacía años. Así que en el ´72 WC se operó y se refugió en lo de su amiga, componiendo y viendo por televisión cómo otros transexuales afrontaban los inconvenientes del destape. En esos años grabó un par de discos, entre ellos la segunda parte de Switched-On BachRecién en el ´78 decidió revelar su vida secreta como mujer, para lo cual eligió como marquesina la revista Playboy, una publicación comprometida con la liberación sexual. Mantuvo largas sesiones de charla con el periodista Arthur Bell y en mayo del ´79 salió publicada la entrevista. En ella narró sus padecimientos desde la primera infancia y contó con detalle todo el proceso de su cambio de sexo, desde la ingesta de hormonas femeninas hasta el drástico corte quirúrgico de su pene. La escabrosidad e insistencia de Bell demostraron un interés casi científico de su parte, pero luego de publicada la entrevista WC entendió que se trataba más bien de sadismo y se ofendió con el periodista y con la revista para siempre.

El caso de WC no pasó desapercibido para la sociedad neoyorkina, pero no se volvió tan notorio como el de Renee Richards. Después de todo, la disciplina en la que se movía Richards era ampliamente más popular que la experimentación musical de Carlos. El tiempo pasó y WC siguió con su vida, ahora ya como Wendy y sin coqueteos con el suicidio. Compuso varios discos más y se metió en la música ambiental new age sin mayor trascendencia. También exploró remixando jazz y diferentes ritmos exóticos y hasta intentó reproducir “la música de los astros”. Su alianza artística con Kubrick se extendió hasta 1980, cuando hizo la música para El resplandor. Un aporte más a la industria cinematográfica: la música de la película de culto Tron es suya. Con celo por su privacidad y con cada vez menos actividad musical, hoy WC vive en Nueva York como una señora de 73 años dedicada a sus gatos y a sacar fotos. Según datos de Gallup, actualmente el 3,4% de la población de los Estados Unidos se identifica como homosexual, bisexual o transexual. La música electrónica se baila en todas partes.///PACO