No suele ser tenido en cuenta por el periodismo deportivo, preocupado principalmente por los resultados, los arbitrajes o la lógica del «aguante», pero el estado de ánimo se convirtió en algo fundamental para cualquier equipo. ¿Por qué cada vez son más los entrenadores que mandan a realizar videos motivacionales para los jugadores? ¿Por qué esos videos están relacionados con la épica guerrera? Muy simple: la guerra mancomuna a los soldados. El amor entre hombres está ahí, en la mancomunión de personas que pasan buena parte de la semana juntos: en los entrenamientos, las concentraciones o en los viajes. Ese amor entre varones es el vínculo que permite construir la épica de la victoria.

River es la muestra de cómo un equipo puede ser el peor y el mejor casi con los mismos jugadores. No se trata simplemente de «calidad institucional». River supo ser el mejor de todos durante los 90s con una dirigencia que dejaba mucho que desear (la era Davicce-Pintado), mientras que vale decir que la catástrofe deportiva del club también ocurrió más allá de las malas gestiones (la era Aguilar-Passarella). La cuestión aquí es explicar el poder del estado de ánimo, el fin del espiral depresivo que se dio con la obtención del campeonato número 35 de la era profesional.

«La depresión (del latín depressio, que significa ‘opresión’, ‘encogimiento’ o ‘abatimiento’) es el diagnóstico psiquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimiento de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas». Esta definición de wikipedia es la que invadió al ser riverplatense durante -podría decirse- los últimos cinco o seis años. ¿El inicio? Me gusta fecharlo en diciembre de 2008, día en que River (dirigido por Diego Simeone) empató 1-1 con Estudiantes y terminó último en el Torneo Apertura de ese año.

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Ese torneo en el que River terminó último por primera vez en su historia sería -si mal no recuerdo… no viene al caso siquiera chequearlo en Google- el primero de seis torneos cortos que condenarían al club a jugar la promoción en 2011. Por entonces nadie se imaginaba que eso sería el símbolo de un derrumbe psicológico histórico, sólo vivido por aquellos hinchas que vivieron entre 1957 y 1975, años en que River no pudo conseguir títulos. Pero ni en aquel entonces River era un equipo depresivo, simplemente fallaba psicológicamente en las definiciones de los torneos (pese a no poder salir campeón en 18 años, fue el club que más puntos logró en ese período de tiempo).

Lo que ocurrió en River desde 2008 fue otra cosa, algo distinto, inexplicable para alguien que hubiera nacido en los 70s o los 80s: nos ganaba cualquiera. Sí: CUALQUIERA. Una vieja nota de La Redó! enumeraba los 50 responsables del descenso de River. En los primeros lugares aparecían los dirigentes, los cuales sin dudas eran los tipos que gestionaban un club que fracasó, tanto administrativa como deportivamente. Pero curiosamente luego aparecían culpables por motivos que trascendían lo futbolístico. Aparecía la responsabilidad psicológica.

«Juan José López (…) Por haber sido el técnico que faltando 7 partidos se emperró en su depresión y sus ojitos llorosos en vez de cuetearse (?)». La nota dejaba traslucir (aunque no encontrara manera de justificarlo clínicamente) que River fue comandado por los depresivos. Entre otros también aparecían Gorosito, Cappa, Astrada y Simeone. De todos estos el único que imagino capaz de arengar al equipo al estilo Rey Leónidas en 300 es a Simeone, pero algo falló, abandonó, se fue con el equipo hundido en la depresión.

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Maximus Díaz

«Mi nombre es Maximus Decimus Meridius, comandante de los ejércitos del norte, general de las Legiones Félix, siervo real del verdadero emperador, Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado, esposo de una mujer asesinada. Y tendré mi venganza, en esta vida o en la otra». Por suerte para River su venganza fue en esta vida. Y la tuvo gracias al -ahora- riojano más famoso. Ramón Díaz no necesita la arenga discursiva, sin embargo, tiene algo que la mayoría de los entrenadores del fútbol argentino carecen para dirigir a River: la capacidad de interpelar positivamente a un plantel.

Mientras estudiaba en el Instituto River Plate (sí, River tiene un colegio que se fundó para que pudieran estudiar los chicos que venían de las provincias a jugar a las inferiores) viví la época en la que asumió Ramón en 1995. Por aquel entonces se escuchaba de boca de los chicos que jugaban en las inferiores toda clase de burlas: que los jugadores no le entendían cuando hablaba, que Francescoli era el verdadero DT, que River ganó todo porque tenía un equipazo. Probablemente todo era cierto, ¿pero cuántos técnicos pasaron sin pena ni gloria por el club teniendo siempre uno de los mejores planteles del fútbol argentino?

Ramón tenía algo. Una de los rumores que circulaban -siempre del sector dirigencial que lo quiso afuera del club- es que Ramón le pedía guita a los jugadores, cosa que jamás se demostró ni me interesa saber si es cierto. ¿O acaso Bianchi no tiene a su hijo representando jugadores que juegan en Boca? Cuando no tienen cartas que jugar es común que utilicen el bleff del «honestismo». Ramón nunca necesitó sacar a relucir que lee a fulano o a mengano, tiene el plus de los buenos entrenadores: sacar lo mejor de los jugadores.

«La melancolía se caracteriza psíquicamente por un estado de ánimo profundamente doloroso, una cesación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y la disminución de amor propio. Esta última se traduce en reproches y acusaciones, de que el paciente se hace objeto a sí mismo, y puede llegar incluso a una delirante espera de castigo.», señala Freud en Duelo y Melancolía, una característica que angustió al River pre Ramón.

Sigmund Freud

Para terminar -ya alejándome de las citas o de las comparaciones grandilocuentes- podemos decir que en su re-relección el riojano vino a cumplir el rol del amigo fiestero que llega para rescatar al flaco depresivo, abandonado por la novia. El Pelado es el amigo que cae a tu casa con alcohol para una buena previa, te obliga a sacarte el pijama y a perfumarte para salir de gira. Ramón es el tipo que te tira el Rivo por el inodoro y te hace olvidar a esa mina que te tenía hecho un gil. En definitiva, Ramón Ángel Díaz es la persona fundamental para que sientas que podés ganar otra vez.///PACO