El verano revienta los autos. Ya me pasó dos veces en 2013. La última fue anoche. Tuve que llamar un remolque. Tengo seguro de HSBC, es caro y me lo debitan todos los meses, con puntualidad puritana. Llamé al número de la credencial y no atendía nadie. Era un sistema cerrado, como los de Personal. Pequeños laberintos para cagar al cliente. Las empresas nos odian burocráticamente. Estaba con el auto roto, era muy tarde. Llamo a alguien con Internet en computadora, porque la del celular de un amigo no decía nada, y me dice que pruebe con un SMS. Había que poner “SOS + patente”. Lo mando. Me contestan con otro SMS que no se puede responder. Dice que espere, que me llaman en 10 minutos. Me llaman a los veinte minutos. Insulto a la telefonista. Me mandan un móvil que tarda más del doble de lo que dijeron. Mientras, me llegan SMS con mentiras. “Faltan 13 minutos”. Mentira. “Faltan 8 minutos”. Faltaban 35. Ninguno de esos SMS se puede responder. El mecanismo tiene algo de sublime.

Al final llega Roberto. Su grúa está deteriorada y no tiene identificación de ningún tipo. Sube el auto. Subo a la cabina. El cinturón se seguridad no anda. La cara de Roberto es la de alguien que no duerme y mira el Festival de Doma de Villa María toda la noche, en loop. Hacemos cuatro cuadras y para, dice que no come desde que empezó a trabajar y que necesita comprar galletitas. Vuelve 20 minutos más tarde con un paquete de Bizcochos Nueve de Oro. Me ofrece y acepto uno. Se me ocurre que esa noche, en Juan B. Justo, con las luces que estallan sobre las paradas del Metrobus, es la noche de mi muerte. La única alternativa es preguntarle idioteces para mantenerlo despierto. Y si sobrevivo, contar la epopeya en PACO.

-¿Dónde vivís?

-Valentín Alsina.

-¿Para qué empresa trabajás?

-Para SOS, la subcontratan muchas aseguradoras.

-¿Hace cuánto tiempo?

-Dos años. Antes era camionero, trabajaba para el Mercado Central.

-¿Cuál trabajo era mejor?

-El otro. Había mejor plata. Acá me pagan 150 pesos por el turno de 7 de la tarde a 7 de la mañana y estoy en negro. Pero tengo 52 años y no se puede conseguir otra cosa.

-¿Y cuánto cobra SOS por remolque de las aseguradoras?

-100 pesos la subida, más el kilometraje.

-¿Porqué dejaste el camión?

-Tuve un accidente. Me frenó la policía camino a Mendoza y me pidió revisar el camión. Yo no tenía autorización para abrir la carga y tuve que llamar a la empresa. Cuando me la dieron me trepé, pero el precinto estaba mal puesto y se soltó. Caí de espaldas sobre el asfalto.

-¿Estabas a mucha altura?

-Dos metros, pero caí mal. Se me rompió el brazo en tres partes.

-¿Te pagó la ART?

-No, estoy en juicio. Me pagaron una plata y me hicieron renunciar, pero la lesión se hizo más grave y no pude laburar por tres años. Ahora estoy en juicio, pero ya me olvidé de eso, me olvidé de esa plata.

-¿Se ve mucha muerte en tu laburo?

-En general sangre, cuando llego ya se llevaron a los cuerpos. El otro día tuve que ir a una comisaría en Lavallol a buscar un Falcon. Tenía la rueda encima del volante. En el accidente habían muerto el conductor y tres personas. Fue muy difícil subir la chatarra al remolque, le tuve que poner una patineta abajo. El otro día tuve que ir a la cancha de River. Me estaba esperando un tipo con un Chrysler PT Cruiser que tenía una goma hecha mierda. Le digo que se la cambio pero no tenía rueda de auxilio. Cuando lo quiero remolcar no me deja y quiere que lo lleve a él, era en José León Suárez. Le digo que no puedo. El tipo me dice que es Pablo Álvarez, de la barra de River. No puedo, hermano, mi jefe no me deja llevar gente. Entonces se me sube a la cabina. Cuando subo a sacarlo, hay una nueve milímetros apoyada en el tablero.

-¿Y qué hiciste?

-Lo llevé, mirá si me voy a hacer matar por ese pelotudo.

-¿Cómo fue el viaje?

-Tranquilo. Me hablaba de los hijos. Iba a la Villa Corea, parece que de ahí era el Gordo Valor y todos esos. Son piratas del asfalto, la policía ni se mete ahí. Lo saludaba todo el mundo. Me mostró que tenía la billetera llena de plata. Cuando me fui, me dejó la plata para el peaje de vuelta y me dijo que saliera con las luces bajas y no frenase en ningún lado.

-¿La gente está cada vez peor?

-Ayer subo a un gordo, iba de Lanús a Florencio Varela. 60 años debía tener. Se le había quedado en auto. La llama a la señora por el celular y se escucha que la mujer le dice que le pasa por imbécil. Corta de mal humor y me empieza a verduguear a mí. Primero que manejo mal, que lo voy a matar. Después que quiere comprar la grúa. ¿Cuánto sale la grúa?, me dice. Ni idea, le digo, y se enoja, me dice que no puede ser, que maneje algo que no sabe el precio. Me dice que por 150 mil me la compra, que quiere hablar con mi jefe. Lo comunico. Mi jefe le dice 200 y el Gordo le dice que lo va a pensar. Cuando llegamos le bajo el auto. Poné el freno de mano, le digo. No lo pone. El auto vuelve para el lado de la plancha de la grúa y choca.  Me puteó en 7 idiomas. Tenía razón la mujer, era un boludo el tipo.

-¿Mujeres?

La semana pasada me tocó llevar dos lesbianas. Las levanté en Puerto Madero. Hay gente buena también. Cuando les hago la documentación una se me acerca a mirar y me apoya las tetas en el brazo. La otra la llamó y la estuvo carajeando como veinte minutos.

-¿Te puedo sacar una foto?

-Ni se te ocurra.///PACO