A siete meses de haberse conocido, Isabel Macedo y Juan Manuel Urtubey se casaron el sábado al mediodía en la Finca Las Costas, residencia oficial del mandatario provincial. Apostaron a que su relación seguirá creciendo y será “para toda la vida”, al igual que los más de 400 invitados que quisieron ser testigos de ese amor. Políticos –en su mayoría alineados al PRO-, empresarios, actores, deportistas y demás exponentes del jet set nacional desfilaron al aire libre. Siempre bella, Macedo eligió un look catalogado por los especialistas como “gaucho glam” y lanzó un gran guiño a aquella provincia en la que no vive y no se sabe ni siquiera hasta dónde conoce. Muchos salteños aceptaron el buen gesto y se mostraron emocionados ante lo que se buscó instalar por los mismos protagonistas como la “boda del año”. Lo que se organizó fue el gran trampolín mediático para el lanzamiento presidencial de Urtubey, quien viene trabajando en su candidatura hace rato.

TRES TAMALES. Los invitados comenzaron a llegar pasadas las 11. Entre ellos había una treintañera que vestía un poncho, tres prendedores con forma de ananá, una pollera y unas alpargatas turquesas. El look hubiera sido lapidado en cualquier otro casamiento de la high society, pero para el de Urtubey resultaba “acertado”. Con un acento que venía más de Recoleta que de Salta, ella contaba en dónde había adquirido sus prendas. “¿Les gusta la Macedo?”, preguntaba un cronista a la gente. “Y sí, ¿cómo no nos va a gustar?”, decía exultante una mujer con voz muy finita. Isabel eligió un vestido confeccionado en organza de seda natural off white, corsage bordado y falda de campana doble con detalles en richeleau. Mucho se había especulado sobre su vestido, que dejó en manos de Javier Saiach, apostando a marcar la diferencia con una pieza de diseño rústica pero romántica. El toque salteño se lo dio el cinturón de flores de plata cinceladas con las iniciales de la pareja, realizado por el orfebre Horacio Bertero. Su pelo largo y aclarado, como lo usa desde hace tiempo, fue calificado por un alma impiadosa de Twitter como “rubio categoría Moni Argento”. Urtubey no eligió incursionar en el look ranchero chic y optó un tradicional jacquet en negro y gris. Sin embargo, los organizadores se esforzaron en que la fiesta siguiera una línea campestre, con estilo sencillo, porque el gobernador se atajó a las críticas al conocer a la perfección que la provincia no está como para andar descorchando. “¿Sabés lo que tenían para comer?”, la respuesta es que se mostró de todo menos miseria en los pagos del gobernador. El menú incluyó una entrada exquisita, un plato caliente de cazuela de cabrito con papas andinas, rollos de “quesillo” con miel de caña y un mouse de cayote de postre. La fiesta contó, además, con la participación del grupo folklórico jujeño Los Tekis. El montaje autóctono quedó atrás con el correr de las horas, cuando los novios protagonizaron un peculiar baile delante de todos sus invitados. Se movieron al ritmo de una versión electrónica de Black or White de Michael Jackson.

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Muchos salteños aceptaron el buen gesto de la actriz y se mostraron emocionados ante lo que se buscó instalar por los mismos protagonistas como la “boda del año”.

EL DESFILE. La ceremonia civil comenzó a las 13.34. Estuvieron el ex gobernador salteño Juan Carlos Romero, el presidente del Banco Macro Jorge Brito y un amplio elenco oficial que encabezó la vicepresidenta Gabriela Michetti e incluyó –entre otros- al presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, el ministro del Interior Rogelio Frigerio, el diputado Eduardo Amadeo, el presidente de la Cámara baja Emilio Monzó y el gobernador de Jujuy Gerardo Morales. La prensa les consultó a varios de ellos si veían a Urtubey como futuro presidente y las respuestas oscilaron entre “probablemente” y “es posible que sí”. “Me parecen los dos muy lindos, él es muy buen mozo y ella es la más linda de todas las argentinas”, dijo Michetti. Urtubey -que como gobernador nunca fue entusiastamente K- ahora reniega completamente de aquel armado político del que formó parte. Fue uno de los primeros gobernadores que mutó al tono macrifriendly y de los que más duro arremetió contra la ex presidenta Cristina Kirchner. Oligarquía, feudos provinciales, figuras del espectáculo… pese al esfuerzo por recargar la boda de un tinte popular, hubo poco sabor a peronismo en la gran fiesta salteña.

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Perón y Evita, Insaurralde y Cirio, Ottavis y Xipolitakis. El salteño sabía que los combos que funcionaban para la opinión pública tenían un componente de la farándula.

LA CONVERSIÓN. En Mi gran casamiento griego, los miembros de la familia Portokalos estaban preocupados por Toula, quien había pasado los 30 y seguía soltera y trabajando en el restaurante de sus padres. De pronto, ella conoció a Ian, un hombre perfecto del que se enamoró rapidísimo, pero que no sería aceptado jamás por sus padres por no tener ni una gota de sangre griega. ¿Cuál fue la solución? La más sencilla: que el novio se convierta a la fe ortodoxa. La situación de Macedo era, en principio, más sencilla. Ella no debió cambiar su religión ni sus hábitos, pero se vio obligada a incorporar un vestido que intentó –como todo en esa fiesta- ser un guiño a una sociedad con la que comparte muy poco y a la que ni siquiera le habla. El escaso diálogo con la prensa se podía comprender en el marco de un pretendido hermetismo. Sin embargo, aunque Urtubey quiso demostrar que buscaba conservar su privacidad, el gazebo montado para distribuir comida a los periodistas desmentía por completo que el gobernador no tuviera intenciones de que su casamiento contara con una cobertura nacional. Isabel, quien lucía extraña en ese vestido con reminiscencias gauchescas y sus zapatitos de Ricky Sarkany, adaptó toda su boda a satisfacer a los habitantes de una provincia que le queda bien lejos. Urtubey decidió que la distancia que lo separaba de su novia porteña no sería problemática y se compró una casa en la localidad bonaerense de San Isidro. De todos modos, el dirigente guardó las formas y viajó a casarse a donde se supone debería vivir y en el lugar en el que se espera que estén sus prioridades. El salteño es un conservador ultracatólico que decidió divorciarse y tiene una tensa relación con el Papa Francisco. La conversión no fue sólo por parte de Isabel: con Macedo como esposa, Urtubey también deberá adaptarse a las nuevas reglas de un mundo que parece que ya conoce a la perfección.

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Los movimientos del gobernador son cuidados. Aún no come perdices: su reelección no será indefinida y, en su largo trayecto a la felicidad, desde hace rato estudia cuál será su siguiente paso.

PARA SIEMPRE. “Sigue tu camino, siempre será el mío. Sigue tu camino. Y así libre serás”, reza el estribillo de la canción que la pareja eligió para marchar hasta el altar, interpretada en vivo por el líder de Los Rancheros, Meno Fernández. Divorciado y padre de cuatro hijos, Urtubey aseguró ante la funcionaria del registro civil que este nuevo matrimonio “va a ser para siempre”. A ella se lo había anticipado la numeróloga Pity, invitada de lujo en la fiesta. “Isabel, pronto alguien muy especial se cruzará en tu vida”, le dijo en el verano y luego el destino hizo su parte. El gobernador hizo oídos sordos a los rumores maliciosos de los salteños que decían que el casamiento era un bluff para tapar su supuesta homosexualidad y decidió ir por todo en su relación con una de las mujeres más lindas de la Argentina. La imagen de Macedo es muy cercana a la de Awada, que gusta y funciona. Estilizada, imponente y sofisticada; una primera dama con hechizo propio. Como buen peronista –o con rastros de haberlo sido- Urtubey sabía que su musa sería incompleta si tan solo fuera una cara bonita. Perón y Evita, Insaurralde y Cirio, Ottavis y Xipolitakis. El salteño sabía que los combos que funcionaban para la opinión pública tenían un componente de la farándula. Mientras que una Juliana Awada hubiera resultado muy fría para el calor salteño, dejar atrás a su ex y mostrarse con Macedo fue el cambio justo: la novia sofisticada pero con un tinte popular. Elegante –como la quiere la exigente y conservadora sociedad salteña- pero con disposición a ponerse un vestido gauchesco y casarse en una provincia deslumbrada por tener una celebrity adoptiva. En las fotos de la boda se los vio rígidos y perfectos. Se trató de imágenes preconcebidas, estudiadas, hechas para gustar. Después del jolgorio, pasaron su noche de bodas en la residencia del gobernador y tuvieron una luna de miel exprés: se fueron a Cafayate hasta este martes, cuando la actriz regresará a Buenos Aires para retomar las grabaciones de la nueva tira. No hay tiempo para viajes. Los movimientos del gobernador salteño son cuidados, premeditados. Aún no come perdices: su reelección no será indefinida y, en su largo trayecto a la felicidad, desde hace rato estudia cuál será su siguiente paso//////PACO