Política


Lilita y Marga: ganadoras morales


Una es mesiánica. La otra es medida. Elisa Carrió desata amores y odios. Margarita Stolbizer genera aceptación. Lilita llora, ríe, amenaza, bordea los límites del ridículo. Marga es centrada, su estación preferida es el otoño y cuando le preguntan por su libro de cabecera no vacila en responder que es la Constitución Nacional. Son las abanderadas de la Argentina del cambio y le ponen la cara al único pacto social que atraviesa el espectro ideológico: tolerancia cero a la corrupción. Hace unos meses, Santiago del Moro anunció en Intratables que revelaría a quién apoyó en las últimas elecciones nacionales. Hizo una pausa con el fin de generar un clima de suspenso televisivo en pleno prime time y luego dijo lo obvio: “Voté a Margarita Stolbizer en las PASO. ¿En qué creo? En la revolución de la honestidad. Es lo único que exijo”. Osó incumplir la norma implícita de que los presentadores “serios” deberían mantenerse atados a una supuesta neutralidad, sin revelar sus inclinaciones políticas. Sin embargo, nadie se escandalizó por su afinidad con la candidata progresista; admitir el apoyo a la suplente de Hermes Binner trasladó la polémica a su grado cero. Margarita no disputa poder real ni mueve el amperímetro, pero ofrece una imagen de decencia y credibilidad. Carrió, en cambio, patea y modifica el tablero político. Desde su propia marginalidad partidaria logró que se llevara adelante la Convención de Gualeguaychú y contribuyó en el aterrizaje de Mauricio Macri en la Casa Rosada. Sin militancia territorial organizada, fue imprescindible en la configuración de la alianza que derrotó al peronismo y ahora disfruta poniendo en duda su pertenencia a ese espacio. Las dos despiertan credibilidad en sus simpatizantes, aunque ninguna atrae un gran caudal de votos. Que la floja performance electoral de Margarita y el desborde de Lilita no nos tapen el bosque de victorias: pese a sus estilos y objetivos distintos, ambas ya ganaron.

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Son las abanderadas de la Argentina del cambio y le ponen la cara al único pacto social que atraviesa el espectro ideológico: tolerancia cero a la corrupción.

Hoy son socialmente aceptadas por el filomacrismo, tal vez a raíz de su lejano origen radical. Durante los 90, Margarita y Lilita estuvieron enroladas en la Corriente de Opinión Nacional (CON), ala interna de la UCR liderada por Federico Storani y continuadora de la Coordinadora. Su buena relación continuaba en 2007, cuando Stolbizer fundó el GEN y se presentó por segunda vez como candidata a gobernadora bonaerense en la boleta presidencial de Carrió, despegándose de los radicales que apoyaban a Roberto Lavagna. El espacio que compartían tuvo un buen desempeño en los comicios, pero el vínculo entre ellas comenzó un deterioro que desencadenó en ruptura cuando el ex ministro del Interior Florencio Randazzo convocó a los espacios opositores para consensuar la ley de reforma política. Stolbizer aceptó el diálogo, Carrió se rehusó por completo. Desde entonces, Margarita optó por realizar alianzas con los socialistas y juntar firmas para el FAP. La chaqueña contrajo un breve matrimonio político con Pino Solanas, a quien dejó plantado en el escenario. “No estoy enojada, sólo me fui con mi carterita a comer pizza”, dijo despechada y marcó la ruptura de UNEN para iniciar lo que se convertiría en el frente Cambiemos. Crítica de Macri, entendió que apoyarlo era el precio a pagar para lograr su objetivo declarado: salvar la República.

zzzznacp2NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES, SEPTIEMBRE 13: La candidata a presidente Margarita Stolbizer durante la entrevista que mantuvo con esta agencia. Foto NA: DANIEL VIDESzzzz

“La corrupción ha llegado a niveles escandalosos”, lanza Margarita con expresión seria y la gorra puesta, esperando que sus mechas absorban la tintura rubia.

“La corrupción ha llegado a niveles escandalosos”, lanza Margarita con expresión seria y la gorra puesta, esperando que sus mechas absorban la tintura rubia. “La gente en la calle dice que me quisieron matar. Ahora Cristina va a caer presa, la gente lo sabe, lo siente así”, acota una Lilita de sonrisa triunfal, rodeada de señoras que se hacen los rulos. Aunque sería difícil que la diputada de la Coalición Cívica -que vive en Recoleta- y su par del GEN -cuya casa está en Morón- compartan una charla de peluquería, resulta verosímil visualizar la indignación de estas mujeres criticando entre revistas del corazón al sistema político del que ellas mismas forman parte. Una se dedica a reproducirlo y luego dañarlo; la otra vive de él. Se muestran incómodas con algunas situaciones propias del macrismo, pero el foco de ambas está puesto en impulsar causas penales contra la ex Presidenta y algunos de sus funcionarios o empresarios afines. Tienen una fijación con el kirchnerismo. Margarita les aseguró a sus simpatizantes que ellos ganarían. Ahora muchos la acusan de colectora macrista mientras ella recibe ofertas –hasta el momento sólo mediáticas- de ser candidata a la Corte o titular de la Oficina Anticorrupción. Lilita colaboró en la llegada al poder del experimento macrista y actualmente hace berrinches por las “maniobras” poco transparentes de Daniel Angelici, alimentando la amenaza latente de que pronto se cortará sola. Las tutoras de la libertad republicana comparten el mérito del denuncismo y son emblemas de dirigentes a las que les cuesta asumir los costos de tener responsabilidades políticas como las que implica una gobernación.

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Stolbizer y Carrió son la cara y ceca de una moneda, pero mediante sus distintas estrategias le sacan ventaja al azar y ambas caen bien paradas. Aterrizan con la moral intacta.

Stolbizer es una insider de la política. Su honestidad y formación le resultan suficientes para renovar crónicamente su banca. Vive como exponente de la clase media, pero buena parte de su electorado representa a una izquierda caviar intelectualmente activa y moderna, que privilegia los valores por encima del acceso al poder. Su campaña contra el voto útil la catapultó como el perfecto anti catch-all de la política argentina. Carrió es una outsider del sistema, que se dedica a herirlo. Tiene un gran mérito: la capacidad de lograr mucho –muchísimo- con muy poco. Como su figura no es la de una líder popular que construye mayorías, asumió que ella no sería la conductora del poder alternativo que derrotaría al kirchnerismo en las últimas elecciones y jugó igual en la construcción de un espacio que ahora condiciona a través de declaraciones apocalípticas. Sale fortalecida de las situaciones desfavorables y tiene ambición de poder. Sin Stolbizer, los resultados electorales no cambiaban. Estas rubias queridas por las señoras –el bronceado Miami de una y el look otoñal de la otra no les generan envidia- funcionan como antítesis. Lo que tienen en común, además de su capacidad denunciatoria, es que ninguna de las dos podría (ni elegiría) gobernar. Para eso saben que deberían embarrarse. Stolbizer y Carrió son la cara y ceca de una moneda, pero mediante sus distintas estrategias le sacan ventaja al azar y ambas caen bien paradas. Aterrizan con la moral intacta. De ese modo, ambas ganan. Los premios consuelo son sus bancas, su lugar mediático, el poder de erguirse como la parte blanca de un sistema al que denuncian. Ganar una elección para ellas sería perder la posibilidad de ser lo que son///////PACO