“La violencia es, sin duda, un rasgo de nuestro peor orden, una manera por la cual se expone la vulnerabilidad humana hacia otros humanos de la forma mas terrorífica, una manera por la cual somos entregados, sin control, a la voluntad de otro, la manera por la cual la vida misma puede ser borrada por la voluntad de otro. En la medida en que cometemos actos de violencia, estamos actuando unos sobre otros, arriesgando a otros, causando daño a otros. En cierta manera, todos vivimos con esta vulnerabilidad particular, una vulnerabilidad hacia el otro que es parte de la vida del cuerpo, pero esta vulnerabilidad se exacerba muchísimo bajo ciertas condiciones sociales y políticas”.
Deshacer el género, Judith Butler.

El trato preferencial hacia una minoría cuyo pasado estuvo marcado por la inequidad es lo que constituye la discriminación positiva. Esto implica que ese rasgo de inclinación por un grupo juegue en detrimento de otro y la balanza vuelva a inclinarse sin pasar un segundo por el estadio del equilibrio. Si tacháramos la palabra que sobra podríamos empezar el debate desde cero y tal vez de manera más acertada. En una sociedad que a los gritos y con virulencia exige igualdad, cabe preguntarse qué discriminación es verdaderamente positiva. Borrando a papá es un documental realizado por Gabriel Balanovski, Ginger Gentile y Sandra Fernández Ferreira. Tras denuncias de ONGs que promueven la igualdad, la película nunca llegó al parto de su estreno. Fue censura previa lo que sufrió, dado que las denuncias se realizaron sobre las bases de un trailer que dura poco más de 3 minutos.

En este brevísimo resumen, vemos el retrato de padres que no tienen acceso ni posibilidades de ver a sus hijos luego de divorcios más o menos complicados sino turbulentos. En primera persona con la voz teñida de frustración, impotencia y amor arrancado, estos hombres nos cuentan las peripecias personales y judiciales con las que tienen que lidiar para poder ver a sus hijos aunque sea por diez minutos a la semana. Sí, aunque sea diez minutos. Estamos ante un poder judicial arcaico y desprovisto de la estructura necesaria para trabajar correctamente, que confluye en discriminación positiva por defecto. La simple portación de género pone en inferioridad de condiciones a los padres para estar presentes en la crianza de sus hijos. Al parecer a la justicia se le volaron las vendas y, de forma conveniente, ni se menciona el maltrato de un género sobre el otro. Esta vez son los hombres reclamando igualdad. Padres víctimas de un sistema incapaz y de la estigmatización demoníaca, no solo a nivel familiar sino a nivel social. ¿Quién no ha oído de padres que no pagan su cuota alimentaria? ¿Quién no ha sabido de padres que ‘se fueron con otra’? ¿Quién no conoce algún padre abandónico? Cansados estamos de escuchar esos casos pero no sirve de excusa ni alcanza para generalizar o convertir al padre en un estereotipo satánico y desaprensivo.

En el auge de la pluralidad, el progresismo y la inclusión, resultado de años de continuidad democrática, nos encontramos con un caso de censura previa no visto desde las oscuras épocas del Proceso de Reorganización Nacional. Violando la ley, el artículo 13 que establece reglas sobre el Libre Pensamiento y Expresión celebrado en el Pacto de San José, las organizaciones Salud Activa y Comunicar Igualdad trabaron el estreno del documental y posteriormente recibieron el apodo de las funcionarias del PRO Gladys González y Guadalupe Tagliaferri, No es casualidad que Borrando a papá haya sido censurada. Nunca cae simpático mostrar la otra cara de la moneda, la papa caliente de la que nadie pretende hacerse cargo. ¿Qué madre va a declarar que no deja que sus hijos vean a su padre simplemente porque no quiere o porque su matrimonio fracasó? ¿Qué madre va a declarar que ha levantado una falsa denuncia para perjudicar a su ex?

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Mater semper certa, uno de las vigas del derecho romano ha quedado en esta época de los saltos científicos y la diversificación de los géneros, como mínimo, caduca. ¿Qué se puede esperar de una legislación y un sistema judicial ineficiente donde no hay posibilidad de contar con psicopedagogos, psiquiatras, peritajes confiables o jueces dignos? En los litigios de divorcio la mater está en desigualdad de condiciones por sobre el padre; desigualdad en el sentido de la ventaja. Con el argumento del SAP (Síndrome de Alienación Parental, desorden que los niños desarrollan al ser alienados y manipulados por uno de sus progenitores en detrimento del otro) los denunciantes se olvidan que perjudican lo que defienden. Usan a los niños como botín de guerra en este litigio-atentado, tal como los progenitores lo hacen cuando se divorcian no pacíficamente. Y también corrompen el artículo 3 de la Convención sobre los Derechos del Niño. ¿Están defendiendo a los niños o tan solo los propios intereses sexistas? ¿Quién está alienando a quién? Estos actos autoritarios y de patoterismo rechazan  la libre expresión sin reconocer que se están comiendo su propia cola. Otro triste caso de un feminismo caníbal.

¿Por qué ante estas leyes y ante esta sociedad cada vez más violenta el padre es menos progenitor que la madre? ¿Por qué una serie de denuncias es más fuerte que el derecho a la libre expresión? Estas respuestas son un penoso ejemplo de la discriminación positiva.  Por eso, repregunto, ¿qué discriminación es positiva? Este documental es cívicamente necesario porque es parte de una realidad que nos constituye como sociedad y porque permitir su exhibición da sentido a nuestra democracia. Prohibir y ocultar es volverse cómplice del absolutismo y la violencia. Censurar es antidemocrático. Es desaparecer opiniones/////PACO

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