Entrevistada por Jimmy Kimell, Kate Winslet declaró hace unos días que Leo Di Caprio podría haberse salvado de morir en el agua helada. Desde luego que no se refería literalmente al actor a quien los premios Oscar ya no esquivan, sino a su personaje en la película Titanic. En ella, la rica heredera Rose, se mantiene a salvo flotando sobre una puerta del barco en llamas mientras su amado Jack, cuelga de ella, apenas sostenido por sus proletarias manos. Luego de casi veinte años de su estreno, la revelación se debe a que la puerta, al parecer, era lo suficientemente amplia como para que entraran los dos. Kate Winslet dijo que eso era cierto. Y la pregunta que surge, entonces, es ¿Por qué ella decidió dejarlo abajo? El cine es el gran espectáculo de los arquetipos, palabra griega que podría definirse como formas originales. Platón acunó el término para referirse a ejemplares eternos y perfectos y Carl Jung retomó el concepto para adjudicárselo a formas antropomórficas que se encuentran en lo que denominó el “inconsciente colectivo” Estas formas previas se entretejen en las historias, mitos y leyendas conocidas por todos, aunque estas estructuras no existen únicamente en la esfera de los dioses, sino que, en gran medida, también se materializan en las historias que los comunes mortales representamos. Ficción o  realidad,  errores de producción, elecciones inconscientes o cruel voluntad, ¿Cuál es el verdadero motivo por el cuál uno elegiría dejar morir al amor?

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Entrevistada por Jimmy Kimell, Kate Winslet declaró hace unos días que Leo Di Caprio podría haberse salvado de morir en el agua helada.

Para la astrología los planetas no son otra cosa que actores. Por este motivo pueden entenderse como personajes de la carta natal. En sentido inverso, toda película es factible de ser analizada desde su estructura energética-astrológica. ¿Qué tiene para decir la astrología de Titanic? Una historia de amor trágica dentro del marco de un lujosísimo barco que se incendia es material lo suficientemente significativo como para analizarlo. Los signos del zodiaco y el amor fue el primer libro de astrología en la lista de best sellers del New York Times. El libro ofrece un amplio análisis sobre compatibilidades, tensiones y armonías perfectas de acuerdo a los signos zodiacales. Su autora, Linda Goodman (1925-1995), fue la astróloga del amor. Ofreció consuelo a corazones rotos durante más de cuarenta años. Linda Goodman se autodenominó «Linda» durante la Segunda Guerra Mundial, mientras se desarrollaba como astróloga en un popular programa de radio en donde tenía una columna llamada Cartas de amor de Linda . Linda leía cartas escritas entre soldados y sus seres queridos. En ella, intentaba explicar los padecimientos y dar esperanza a los más desesperados. En el libro, en cambio, indica potencialidades: el hombre Tauro con la mujer Leo parece mostrar incompatibilidad de caracteres pero ser muy fogosos en la cama, mientras que el hombre Sagitario y la mujer Libra indican unión espiritual y altruista aunque esto no necesariamente vaya unido por atracción sexual.

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Para la astrología los planetas no son otra cosa que actores. Por este motivo pueden entenderse como personajes de la carta natal.

Pese a estos parámetros, una combinación perfecta no siempre lo es en la práctica. Uno de los principales problemas es que, para la astrología, las afinidades eróticas no están dadas por los signos zodiacales sino por los planetas Marte y Venus. Marte, el dios de la guerra, es quien enciende el deseo a hombres y mujeres por igual. Sus tránsitos son considerados pura excitación y adrenalina. Mientras que Venus, la diosa de la belleza y el amor, indica el lugar en el que uno “recibe”. Para que una relación erótica funcione deberá disponer suficientes alineaciones positivas de estos principios. ¿Pero el amor está determinado por el erotismo o existen otros factores que determinan una relación? Es un tema antiguo. José Ingenieros (1877-1925), en Tratado del Amor, dice que la leyenda de Romeo y Julieta es una protesta contra las limitaciones sociales del amor, la moral patriarcal y la esclavitud de las mujeres en la que el amor es vencido. La leyenda es “moral” porque los principios tradicionales están a salvo: nadie puede casarse contra la voluntad de los padres. La decisión de Rose en Titanic podría entenderse como una actualización de esto. De todos modos, para la astrología no hay diferencias significativas entre las acciones voluntarias y el destino. Ambos son hechos y, como tales, pueden interpretarse de manera similar. Lo importante será, entonces, el tipo de información que aportan, no ya desde un punto de vista ético o moral, sino de compensación energética. El amor, en este sentido, viene a completarnos. Pero también a traernos lo negado.

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Marte, el dios de la guerra, es quien enciende el deseo a hombres y mujeres por igual. Sus tránsitos son considerados pura excitación y adrenalina.

En todo vínculo amoroso existe un statu quo u orden imperante que lo preceden. Es la ley dentro de la cual se establece el deseo amatorio. Astrológicamente estas energías están representadas por los amantes cósmicos Marte y Venus, pero también por los agentes que garantizan la estabilidad de lo dado: La Luna y Saturno. Cuatro actores que representan, respectivamente, al hombre, la mujer, la madre y el padre. En el mejor de los casos, estas energías resultan compatibles. En el peor, irreconciliables. ¿Qué pasa cuando Marte y Venus en una carta proponen algo y la Luna y Saturno otra? ¿Cuando Marte se encuentra unido a la Luna? ¿Es posible integrar estos principios o la persona vivirá escindida entre sus propias polaridades? Los puentes de Madison, del ambiguo geminiano duro-sensible de Clint Eastwood, no es lo que parece. La película cuenta la historia de una mujer casada que se enamora de un fotógrafo libre y desapegado. Juntos viven un apasionado romance que consiste tan solo de cuatro días y unas pocas cenizas desparramadas en el puente homónimo. La causa de esto, no es que el fotógrafo libre huye sino que  ella decide quedarse junto a su familia en vez de irse con él. No hace falta la carta natal de ambos para decir que sus Marte y Venus eran perfectamente compatibles. Sin embargo, el romance no prosperó. O al menos no se continuó materializando.

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¿Qué pasa cuando Marte y Venus en una carta proponen algo y la Luna y Saturno otra? ¿Cuando Marte se encuentra unido a la Luna? ¿Es posible integrar estos principios o la persona vivirá escindida entre sus propias polaridades?

Arthur Schopenhauer dice que el fin definitivo de toda empresa amorosa se trata, nada más ni nada menos, que de la combinación de la generación próxima. Algo así como el deseo que se convertirá en la castración misma del deseo. Porque, según lo demuestran las estadísticas, Marte y Venus sin la Luna y Saturno no son nada. Para que una pareja dure, debe tener un principio sostenible en el tiempo. Y la estabilidad en la astrología están dados por la Luna y Saturno. ¿Pero puede considerarse es el amor sólo como una cuestión de descendencia? Para la astrología esto no es necesariamente así. Existen tantas combinaciones energéticas posibles como posturas amatorias. Entre gustos no hay nada escrito. Al menos no en la Tierra. Para la astrología, atracción sexual no es equivalente a procreación. Es probable que Schopenhauer haya creído eso debido a su Sol conjunción Saturno y su Ascendente Cáncer, energía tribal volcada a la descendencia por antonomasia. Paradójicamente no tuvo hijos. Escrito en las estrellas o apenas punteado, el asunto del amor parece continuar dándonos los mismos placeres y problemas desde hace miles de años. ¿Qué lo convierte, entonces, en un asunto ocasionalmente, doloroso? Jung dice que nuestras formas de otorgar significado son categorías históricas que se pierden en una oscura antigüedad. Las interpretaciones utilizan ciertas matrices lingüísticas, que también provienen de imágenes arcaicas. Existe algo más complicado que el amor y se llama imposibilidad de cambio.¿Por qué la realidad vence al amor? ¿De dónde surge la idea de que hacer lo correcto es controlar el deseo? Para la astrología deber-deseo es la tensión energética entre Marte y Saturno. De la misma manera la tensión entre Venus, la meretriz y la Luna, la madre, oponen los dos principios elementales femenino: mientras que Venus sólo se pertenece a sí misma, la Luna necesita pertenecer a alguien o algo mas.

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Jung dice que no hay individuo que pueda dar cuenta de su singularidad sin una sociedad que lo acompañe.

Así, mientras lo que separa a los amantes en Titanic es la polaridad Marte-Saturno, en Los puentes de Madison es la escisión Venus-Luna. ¿Por qué en estos casos el amor está destinado a ser insatisfecho? ¿Y por qué esto se transforma en ideal del amor? Manteniendo su consabida predicción, la antigua ciencia de las estrellas parecería reforzar la máxima: “No sos vos, es el destino.” Para la astrología el otro y lo otro pertenecen al mismo paquete: lo que negamos de nosotros mismos. Sin embargo, esta negación no depende exclusivamente de un solo individuo, y por esto mismo no se revierte con voluntarismo. Jung dice que no hay individuo que pueda dar cuenta de su singularidad sin una sociedad que lo acompañe. Por más intentos que haga uno solo por romper con los condicionamientos adquiridos, el inconsciente colectivo se manifestará tarde o temprano forzando a determinadas estructuras a emerger de las amorfas aguas del inconsciente y su energía. Será por eso que, más de cien años del hundimiento del arque típico barco, y después de casi veinte años de estrenada su película, podemos decir que, en términos amorosos, no mucho ha cambiado. Los amantes continúan representando sus respectivos papeles en historias cuya verosimilitud se pone a a prueba a diario, en la que casi con seguridad la realidad superará a la ficción. Porque el amor se termina, interrumpe o muere, pero lo que nunca dejará de existir es la necesidad de hacer de eso una historia/////PACO