En el apuro por inaugurar lo que el propio gobierno nacional dio a llamar “el segundo semestre”, Presidencia de la Nación emitió un documento llamado El estado del Estado, un ocurrente juego de palabras cuyo objetivo declarado fue realizar algún tipo de radiografía de la situación administrativa que dejó Cristina Fernández de Kirchner en diciembre de 2015. Sin embargo, el informe de 228 páginas apenas revela algunas opiniones sustentadas con muy pocos datos, donde el único funcionario que aparece nombrado es el presidente Mauricio Macri. ¿Podemos decir entonces que El estado del Estado es el diagnóstico del primer mandatario sobre la situación del gobierno del que tomó el mando? Luego de una primera lectura, queda claro que la intención está lejos de informar a los argentinos sobre la situación de la administración estatal y mucho más cerca de querer calmar a los linchadores que necesitan cada día letra fresca para las hogueras mediáticas de los comentaristas en sitios webs.

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¿Era necesario adjudicar al presidente de los argentinos un informe de tan mala calidad, que apenas sostendría los estándares de una consultora privada del montón?

A una semana de su salida, no podemos decir que El estado del Estado es un éxito de repercusión. El título arroja los siguientes resultados en la primera página de Google: dos reproducciones favorables de Infobae y Clarín, dos similares de medios estatales (Télam y Radio Nacional), una fuerte crítica de La Nación y dos reproducciones de medios menores, junto con otros links sin relación. La búsqueda en Twitter exhibe toda clase de críticas y links al artículo crítico de La Nación. El único funcionario de gobierno que reproduce el informe en su cuenta personal de Twitter es Hernán Iglesias, publicista gubernamental y responsable de la Comunicación Estratégica de la Jefatura de Gabinete, que también defendió el informe en algunos programas de televisión. El ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, lo mencionó ayer en una conferencia de prensa. ¿Es suficiente para la radiografía definitiva de tres gobiernos del mismo signo y, como asegura la introducción al documento, que “muestra frustraciones argentinas de larga data, a veces incluso de décadas”? Considerando los vientos antikirchneristas que parecen soplar todavía a seis meses del nuevo gobierno, la campaña de visibilización de la corrupción en la última administración y la ansiedad por conocer a ciencia cierta qué pasó en los últimos años con el apagón feroz de las estadísticas, El estado del Estado no despertó el interés que podría esperarse. Entonces, ¿qué falla en el documento? ¿Por qué los argentinos no se apropiaron de la información que contiene?

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Entonces, ¿qué falla en el documento? ¿Por qué los argentinos no se apropiaron de la información que contiene?

En principio, el documento carece de gráficos e infografías y se minimiza la información estadística. Es notable la diferencia en la calidad informativa que proviene de cada ministerio: mientras que en el apartado dedicado al Ministerio de Desarrollo Social brillan las opiniones de los redactores, las adjetivaciones y las anécdotas de ocasión, en el segmento dedicado a vivienda hay prácticamente un dato por cada oración. La disparidad entre los informes convierte al documento en una oscilación cuasi esquizofrénica entre opinión y datos, convirtiendo al conjunto en una masa confusa donde no hay diferencia entre apreciaciones netamente periodísticas –y de baja calidad inclusive para los estándares periodísticos– y la información “dura” que debería ser irrefutable, sobre todo firmada por el presidente de la Nación. Las lecturas y relecturas arrojan la misma sensación: lejos de ser una verdadera radiografía producto de auditorías e informaciones incontrastables, se reduce a una colección de “perlitas” propias de un antikirchnerismo furioso, en la que se cuida de no criticar los primeros dos años del kirchnerismo que recibió un país en las ruinas, y que intensifica sus dardos a medida que el macrismo comienza a crecer como fuerza nacional.

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Las lecturas y relecturas arrojan la misma sensación: lejos de ser una verdadera radiografía producto de auditorías e informaciones incontrastables, se reduce a una colección de “perlitas” propias de un antikirchnerismo furioso.

Lo que más llama la atención en el texto es la cantidad de imprecisiones. “Durante muchos años”, “en los últimos años”, “graves problemas”, “severos retrasos”, “situación alarmante”, y una gran mayoría de cifras redondeadas: “250 millones”, “más de 2000 millones”, “4000 personas”, y la palabra “unas” generalmente precediendo estas cifras. Esa retórica, más propia de la editorialización que de un informe gubernamental, provoca un vértigo adictivo en la lectura, generando una sensación muy parecida a la de ver una emisión más trabajada de Los Leuco. Cada apartado cuenta casi exclusivamente con información crítica y prácticamente no relata ningún acierto de ningún gobierno argentino en los últimos 30 años, lo que torna al menos sospechosa la calidad e intenciones del informe. De esa manera, El estado del Estado propone un lector que no es el ciudadano argentino en busca de información veraz sino el consumidor promedio de medios de comunicación. Del mismo modo en que funcionarios como el ministro de Energía Juan José Aranguren despliegan una batería lingüística propia de un CEO, proponiendo el trocamiento de “ciudadanos” por “usuarios”, el lenguaje de El estado del Estado realiza la misma operación pero convirtiendo a los ciudadanos en lectores de diarios y redes sociales. Los tramos del informe, lejos de servir como material educativo o información para la toma de decisiones, componen una colección ideal para la reproducción en columnas y artículos noticiosos amarillistas. Recordando esa figura emblemática del periodista Bernardo Neustadt, el lector que busca el informe es Doña Rosa (y Don Roso), más interesados en conocer las ruinas de la oprobiosa era kirchnerista que un verdadero análisis a conciencia de la situación estatal hasta la primera quincena del siglo XXI.

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Si Juan José Aranguren despliega una batería lingüística propia de un CEO, trocando a “ciudadanos” por “usuarios”, El estado del Estado realiza la misma operación convirtiendo a los ciudadanos en lectores de diarios y redes sociales.

Esta tendencia queda clara cuando la mayoría de los datos sobre la situación provienen de informes de Transparencia Internacional y organizaciones que periódicamente brindan sus informes a diarios, revistas y periodistas televisivos y pueden encontrarse infinitamente reproducidos en internet. De hecho, su presencia en el informe lleva a una sospecha al menos picaresca: ante la falta de datos ciertos (por desidia o desinterés de quienes tenían la obligación de aportarlos o recopilarlos), los redactores fantasma del informe debieron recurrir a intensos googleos para poder completar en el tiempo requerido el documento, a las puertas del mediático “segundo semestre”. Tal vez la sección donde más queda en evidencia sea la que analiza la situación económica, que apenas ocupa 7 páginas sobre 228. Una porción mínima considerando que es el área más sensible. En estas siete carillas apenas se exhiben 20 datos, de los cuales ninguno tiene como fuente el ministerio de Economía (de hecho, el origen de los datos es casi desconocido en todo el segmento). En esta sección tampoco hay cuadros, gráficos ni infografías, no hay escalas de comparación ni de avances ni retrocesos, no se detallan períodos económicos ni apertura o cierre de balances, no hay un sólo análisis del impacto (positivo o negativo) que las políticas públicas tuvieron sobre los indicadores sociales o económicos.

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No existen datos sobre la confección del informe, información que se brinda inclusive en una encuesta telefónica de cualquier empresa de provincias.

Analizar en este artículo cada área del documento sería un trabajo tedioso e improductivo, sobre todo porque encontramos más o menos lo mismo. Basta con leer los resaltados del informe para darse cuenta de las intencionalidades, totalmente opuestas a las que declara en su introducción. En el inicio también se dice que El estado del Estado es “incompleto”. ¿Realmente la Casa Rosada lanza un informe realizado a medias? ¿Qué valor tiene un documento a medio camino entre un editorial y un artículo periodístico firmado por el presidente de la Nación? Sabiendo que no fue el propio Mauricio Macri el redactor, es imperioso preguntarse ¿quién lo hizo? ¿Bajo qué criterios de selección de información y redacción? No existen datos sobre la confección del informe, información que se brinda inclusive en una encuesta telefónica de cualquier empresa de provincias. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿era necesario adjudicar al presidente de los argentinos un informe de tan mala calidad, que apenas sostendría los estándares de una consultora privada del montón?

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Inexistencia de fuentes contrastables, presencia minúscula de citas autorizadas, imprecisión generalizada en las cifras, afirmaciones sin ningún respaldo…

¿Cuál es, en definitiva, el estado del estado del Estado? La inexistencia de fuentes contrastables, la presencia minúscula de citas autorizadas, la imprecisión generalizada en las cifras, las afirmaciones sin ningún respaldo (“La publicación de datos, en sus diferentes formatos, mermó drásticamente en los últimos años y toda información era sometida a censura previa por parte de las autoridades”), la repetición obsesiva de ideas propias del periodismo masivo, los llamativos silencios en términos estadísticos, la falta de análisis de los propios ministerios (que es precisamente lo contrario a lo que se esperaba de este documento) convierten a El estado del Estado en otra olvidable pieza de ese género que parece no tener fin: el relato antikirchnerista puro y duro, la colección interminable de anécdotas de ocasión y aseveraciones sin anclaje. Si esperábamos que este documento revelara algo sobre la gobernabilidad de la Argentina, sobre lo hecho en el pasado y los desafíos del futuro, la espera continuará. Doña Rosa, eso sí, tuvo lo que quería. Y ya puede dar vuelta la página, o apagar la tele, y seguir con lo que estaba haciendo, sin sobresaltos ni novedades//////PACO