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Un bala en la cabeza del fiscal Alberto Nisman interrumpió el #veranodeemociones. El estallido de la pólvora detonó el diciembre que no fue, el demorado apocalipsis que los argentinos vivimos esperando y nunca llega. El dieciocho-efe la diputada Patricia sonrió y los paragüeros se enriquecieron. Para ciertos sectores de la república sojera, había nacido el mito de un héroe. “El fiscal que dio su vida por la patria, la democracia y la justicia”.

En términos mitológicos, la figura heroica es un culto al guerrero cuya representación más gráfica es Aquiles de Troya. Quienes son críticos del mito, sostienen que la figura del héroe fue creada para utilizarse con fines propagandísticos para incrementar el número de reclutas en los ejércitos [¿dieciocho-efe?] y por lo tanto, “el mito glorifica la muerte y la autoinmolación sin sentido”.

A los argentinos nos deslumbran los personalismos heroicos. Sobran los ejemplos en nuestra historia: Perón, Fangio, Maradona, y en un plano más universal Jesucristo. Sin embargo hay uno que personalmente considero nuestro mejor héroe: René Favaloro. ¿Por qué? En su libro “El viaje del escritor”, Christopher Vogler (guionista de Disney & Warner) nos da una posible respuesta: “la verdadera cualidad del héroe es el sacrificio, palabra que deriva de sacralizar, es decir elevar algo a la categoría de lo sagrado”. Vogler también afirma que no todas culturas son igual de permeables a la figura heroica, citando a Alemania como ejemplo de un país escéptico a dicha figura. “El nazismo y el militarismo alemán manipularon y distorsionaron los poderosos símbolos del mito del héroe, tras invocar sus pasiones para esclavizar, deshumanizar y causar destrucción. Como en cualquier sistema arquetípico, como en cualquier filosofía o credo, la figura heroica puede ser deformada y usada con perversas intenciones.»

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A medida que fueron pasando los días, la novela Nisman fue agregando capítulos: sucidio, homicidio, cerrajero, cumbias, test de pólvora, droopy, vacaciones. La causa se fue embarrando hasta que Aníbal Fernandez cortó con tanta dulzura y se barrió con los tapones de punta: «Se le dieron muchos fondos para que esclarezca el caso AMIA y ver quiénes eran los responsables del atentado a la AMIA y el los dedicaba para salir con minas (BIEN) y pagar ñoquis (MAL). Se mofó durante todo este tiempo de 85 víctimas y más de 300 heridos que provocó el atentado. Un sinvergüenza de los que pocas veces se ha visto en este país.» La retórica sofista del Jefe de Gabinete inauguró un nuevo capítulo del thriller Nisman: la faceta corrupta del puritano fiscal que encarnaba en vida el ideal de justicia. 

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Ahora bien, yo no soy Nisman por una simple razón: Alberto Nisman es Harvey Dent, el santificado fiscal de ciudad Gótica al que Batman apoya con el objetivo de finalizar con el crimen organizado y la corrupción y que tras su accidente queda totalmente corrompido y sediento de venganza. Dos caras, ni más ni menos. En la escena final de The Dark Night, Dent intenta asesinar al hijo del comisionado Gordon. Sin embargo, Batman lo intercepta y ambos caen del cuarto piso de un edificio produciendo la muerte instantánea de fiscal. Acto seguido, Batman le pide a Gordon que le asigne la responsabilidad de haber asesinado a Harvey Dent para limpiar su nombre y dar lugar al mito del Caballero Blanco, el ideal de héroe que Ciudad Gótica necesita para no perder la esperanza.

Batman: “Because it’s what needs to happen…. Because sometimes the truth isn’t good enough… Sometimes, people deserve more.”

Gordon: “He’s the hero Gotham deservers… but not the one it needs right now”.

La evidencia demuestra que la similitud entre Alberto y Harvey es abrumante, pero la convergencia no es plena. Como notaría hasta el más ingenuo lector, en la película Harvey Dent se desplaza en un Renault 18 del departamento de policía de ciudad Gótica, mientras que el fiscal Nisman manejaba una camioneta Audi valuada en USD 110.000 (casi 300 salarios mínimos) cuyo dueño es un ex-agente de la CIA. Turbio. Adicionalmente, debe $35.000 de patente y está patentada en Vaca Muerta. Turbio por dos.

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Un enfoque alternativo nos permite profundizar en la personalidad de cada uno de los fiscales. En una escena al comienzo de la película, cuando el fiscal Dent entra al juzgado para acusar al mafioso Rossi, y en medio del juicio este saca una pistola e intenta asesinar a Harvey, el cual lo desarma y golpea en la cara. Dent: “Ceramic 28 caliber. Made in China. If you want to kill a public servant, Mr. Maroni, I recommend you buy American”. En esas líneas, queda claro el intenso sentimiento nacionalista y de servidor público que encarna Harvey Dent al principio de la película. Lamentablemente no podemos decir lo mismo del Dr. Alberto Nisman, quién “interrumpió misteriosamente sus vacaciones en Europa para volver a la Argentina”. Cipayo. Gato. Cobani. Culisuelto. Fiestero. Comegatos. Fan de Arjona. Mersa. Devolvé a los nietos.

Queda abierto el interrogante que planteó Gordon: ¿Nisman es el héroe que necesitamos o el que merecemos? Ninguna de las dos. El héroe que necesitamos se llamó Taiichi Ohno y el que nos merecemos se llama Oscar Natalio Lefosse. El primero revolucionó los sistemas de organización industrial a nivel mundial y comenzó un proceso de desarrolló que insertó a Japón en el primer mundo en veinte años, reduciendo la pobreza y alcanzando una esperanza de vida de las más altas del mundo (83 años en 2012). El segundo es el Capitán Menganno, el superhéroe de Lanús que quedó imputado por portación ilegal de armas tras irse a los tiros con una Glock calibre .40.///PACO