¿Cómo continúa una carrera después de la muerte del artista en un medioambiente digital donde los restos virtuales de una obra pasan a ser parte del flujo continúo de datos entre usuarios y plataformas? ¿Qué sucede con esa biografía real y palpable, digamos analógica, que deja amigos y viudas reales, cuando la digitalización tras la muerte biológica de su referente la socializa a todo el mundo? Estas preguntas pueden servir para ingresar a la vida y obra del músico japonés Ryo Fukui. Los datos que podemos recolectar sobre Fukui en internet son dispersos, pero concretos: fue pianista de jazz durante la mayor parte de su vida, nació un 1 de enero de 1948 en Biratori, Japón, y murió un 15 de marzo, como ayer, hace cuatro años en Sapporo, la única ciudad importante de la remota Hokkaido, tierra de cerveza y hielo, donde vivía con su esposa Yasuko y era dueño de un pequeño club de jazz llamado “Slow Boat”. En definitiva, un hombre que, como tantos otros, nació, vivió, amó y murió en la misma tierra y se dedicó a lo largo de su vida a una misma tarea. Hoy, a pocos años de su muerte, Ryo Fukui es uno de los músicos de jazz japonés más escuchados del mundo, debido principalmente a la difusión mundial que YouTube le dió a su corta pero potente discografía. Scenery, su primer disco de 1976, ya tiene casi diez millones de reproducciones y es una de las sugerencias fijas para aquellos que buscan escuchar jazz en la plataforma.  

Pero la carrera de Ryo comenzó mucho antes, a finales de los sesenta, cuando la mayoría de las leyendas del jazz americano se estaban retirando o muriendo, en el momento en que decidió, a pesar de las negativas de su padre de seguir sus pasos como músico, a tocar el acordeón para ayudar en su casa, luego de mudarse a Sapporo. Según cuentan, uno de sus primeros trabajos fue en una pequeña banda de tango perdida en el norte de Japón. Pero el punto de quiebre fue cuando, con apenas veintidós años, aprendió a tocar por su propia cuenta el piano, instrumento que nunca más abandonaría. La escena es seductora y analógica: un joven japonés en un pequeña ciudad del norte, entre el frío del invierno, con disciplina se obliga, sin muchas más armas que su obstinación y la admiración por los grandes maestros del jazz, a tocar el piano. Es fácil imaginar, como si se tratara de un relato de Murakami, la luz filtrándose por las cortinas, la nieve como fondo blanco, latas de cerveza y tazas de café amontonándose en los rincones, mientras el joven Ryo toca una y otra vez las mismas escalas y en el fondo suenan en un tocadiscos las viejas canciones que Bill Evans y Dave Brubeck habían compuesto del otro lado del Pacífico. 

Su obsesión y disciplina lo llevaron a mudarse a Tokio, donde entró en contacto con la escena del jazz de la capital, particularmente con el saxofonista Hidehiko “Sleepy” Matsumoto, al cual consideró siempre como uno de sus primeros maestros y aquel que siempre trataba de devolverle la confianza en sus múltiples episodios de frustración. En uno de esos episodios, contaba el propio Fukui, mientras estaba encerrado en su cuarto, ya sin confianza por sus pobres avances con el piano, y mientras decidía qué hacer con su vida, empezó a sonar en la radio “C Jam Blues” en la versión de Ella Fitzgerald y todo cambió. Fukui recuerda que fue como un nuevo respiro en él, la voz alegre del canto de Fitzgerald se asemejó al cantar de las musas en Hesíodo, y fue el inicio de su resurrección. Decidió volver a Sapporo, su tierra, y armar un trío con su hermano, su sangre. Un año después, en 1976, publicaron Scenery, su legendario primer disco.   

Scenery, 1976

Se podría decir que Scenery es una carta de Fukui a sus ídolos, una condensación de la tradición del jazz tamizado por la impronta japonesa. En una época donde los músicos de jazz estaban volcándose a géneros más experimentales como el funk o fusionándose con el rock, Ryo, devorado por la inspiración, vuelve a mirar hacia atrás, a reversionar estándares del jazz con la pasión y la libertad que su lugar periférico en el mundo podían brindarle. Scenery está compuesto por reversiones de canciones de Jimmy Van Heusen y Billy Eckstine más una composición original, la que da el título homónimo. Es una obra sensible y pasional, en la que el piano de Fukui, lírico y emotivo, recuerda la era del Village Vanguard de Bill Evans, pero sin tanta atención a la complejidad. 

El éxito de su primer disco le permitió al trío grabar casi inmediatamente su segunda obra, Mellow Dream, una obra un poco más melosa y de fuertes referencias, esta vez más directas, a Bill Evans. De hecho, la segunda canción es “My foolish dream”, canción que el propio Evans versionó en su disco Waltz for Debby en sus sesiones en el Village Vanguard. Sin embargo, el mayor número de composiciones originales es una demostración del aumento de confianza de Ryo en sus habilidades como pianista. El resultado es un disco en el que el tempo va aumentando a medida que el virtuosismo del grupo se va desenvolviendo hasta estallar en “Horizon”, una demostración de 9 minuto del talento modal de Fukui a la hora de componer. La canción fluye con vértigo entre los tres miembros, buscando superarse en cada momento. Mellow Dream es la última vez que Ryo Fukui entró a un estudio a grabar hace más de cuarenta años, pero sigue sonando y trayendo al presente el amor al jazz que Ryo profesaba. 

Mellow Dream, 1977

A partir de este punto la historia de Fukui se ralentiza, abandona el vértigo y la obsesión por ser un músico, para ser realmente un músico, para dedicarse al escenario. Empezó a tocar en los clubes de jazz más tradicionales de Japón, como el clásico Shinjuku Pit Inn de Tokyo o el Jazz Inn Lovely de Nagoya, para luego viajar por el mundo y tocar en Francia y Estados Unidos, donde conocería a Barry Harris, su maestro de toda la vida y quien le ayudaría a pulir su estilo bebop. En estos años aparece un disco no autorizado con grabaciones en vivo de Ryo llamado Live at Nika, con su amigo «Sleepy» Matmusoto en el saxo. De este disco se sabe muy poco, apenas que fue grabado unas semanas después del lanzamiento de Scenery y que circula hace años en YouTube. Tal vez este sea el disco que explique, como primer vistazo al talento de Ryo en vivo,  por qué su trio sólo grabó dos discos: el lugar de Ryo era el escenario. 

La historia continúa en 1995 cuando vuelve a Sapporo y funda, en la ciudad que lo vió crecer, su propio club de jazz: The Slow Boat. Los significantes empiezan a agruparse: en la ciudad donde grabó encuentra su propio escenario, luego de casi cincuenta años de avanzar como un barco lento por el mundo de la música y el jazz. En su club, Fukui empieza a tocar y a dar clases de piano a la nueva generación de músicos japoneses, pero también vuelve a grabar sus actuaciones en vivo. Ese mismo año lanza My favourite tune, la obra perdida de Fukui. Sin ninguna copia física o digital disponible, solo el viejo rumor de que había existido, se la creía irrecuperable. En 1999 graba otro disco en vivo, el único que grabó fuera de su país, Ryo Fukui in New York, con el que terminó de establecer su reputación como pianista del otro lado del Pacífico. Otra vez, la vida de Ryo vuelve a transcurrir lentamente, tocando y enseñando en su club hasta que en 2015 lanza el que sería su último disco, A letter from a slow boat, su carta de despedida. Un año después Ryo Fukui muere de un linfoma, dejando el Slow Boat a cargo de su esposa Yasuko, quien lo maneja hasta nuestros días.   

Live at Nika, 1976

Estos apuntes sobre la vida de Ryo Fukui son posibles gracias a que la difusión de la obra de Fukui tras su muerte, principalmente en YouTube, ha llevado a muchas personas a revisitar su obra y ha generado un nuevo caudal de oyentes. A partir de la subsistencia digital de su obra se habilitó el ordenamiento de su vida analógica, como una especie de existencia artificial. Decir que Fukui ahora está más vivo que nunca sería una exageración, pero al menos sí está más presente alrededor del mundo. El nuevo interés por su obra ha llevado a un gran número de coleccionistas a buscar  sus discos de vinilo por todo el mundo, mientras salen nuevas reediciones. Pero durante más de dos décadas, todos los oyentes, tanto digitales como analógicos, estuvieron buscando una sola cosa: My Favorite Tune, el disco perdido de Ryo, grabado en 1994 cuando abrió Slow Boat, el llamado “santo grial” del jazz japonés. 

El 24 de noviembre de 2017, la cuenta de YouTube Marcel The Drunkard, uno de los canales de difusión de jazz más importantes de la plataforma, subió My Favorite Tune, luego de veinte años de creerlo perdido. Según cuenta el propio usuario en la descripción del video, estuvo varios años buscando y hurgando por todos los rincones de la internet hasta que un día, cuando estaba por perder la esperanza, le llegó un mensaje privado de facebook: “lo encontré”. Alguien había conseguido el disco por medio de la esposa de Ryo, Yakuso. Marcel no da muchas más precisiones sobre cómo fue encontrado el álbum, simplemente se limita a dar algunos datos, tan exactos y vagos como todo lo que sabemos de Ryo: fue grabado entre el 4 y el 5 de junio de 1994 en el Lutheran Hall de Sapporo, y se trata de una pieza maestra que mezcla covers clásicos con algunas composiciones propias, en un tono minimalista que presenta a Ryo Fukui solo con su piano. Nada más y nada menos. 

My Favorite Tune, 1995

En apariencia podría decirse que la vida de Ryo Fukui y el reconocimiento posterior a su muerte es otro ejemplo más de la obra de un artista que se revaloriza luego de su partida, pero sería un error de lectura. El éxito póstumo de los discos de Fukui, en términos de alcance cuantitativo, no responde a una precisa operación mercadotécnica de los comerciantes del arte, siempre ávidos por revalorizar sus piezas con aura. La popularización de la obra de Fukui fue solo posible por el contexto digital donde circula y por la comunidad -cualquier revisión de los comentarios de los videos subraya esa palabra- de oyentes que se organizan para difundir y digitalizar sus discos sin ambiciones de lucro. Es el protocolo del propio YouTube, en el que los usuarios pueden socializar sus contenidos y el de los otros, lo que habilita la nueva difusión de Ryo. Incluso ante el hype de la búsqueda del disco perdido se podría haber hecho un redituable negocio de reedición pero fue la propia esposa del pianista la que lo cedió para que sea subido gratis y disfrutado por la comunidad de seguidores. La digitalización de la vida de Fukui es el paso final de su proceso creativo y de grabación, del estudio al vivo, del disco en vivo a los discos digitales difundidos en entradas de YouTube para todo el mundo, de Sapporo, de su club de jazz, marchando como un barco lento por la red al mundo/////PACO

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