“No había nadie en el mundo a quien yo quisiera más que a mi hermana y no había ninguna otra persona que despertara en mí sentimientos tan bajos”. Este juego de claroscuros se materializa en la relación de dos hermanas en “Survivor”, el primer cuento de Seres queridos, y es uno de los rasgos que caracteriza al nuevo libro de Vera Giaconi (Montevideo, 1974). ¿Cómo se juegan las tensiones entre posibilidades contrapuestas en un vínculo fraternal? ¿Y qué queda para el resto de los vínculos en el seno familiar? “No huele nada. Abre los ojos y entonces nota, además de la tela gastada, que hay otra cosa ahí, en la entrepierna de su madre. Adrián vuelve a mirar a su madre y piensa en lo que implicaría que esté teniendo problemas de incontinencia”. Con esta forma las tensiones que genera la contradicción se mantienen agazapadas y casi imperceptibles en “Tasador”, donde Adrián traduce la relación con su madre en una operación potencial, cual casa de empeño. Otra vez gracias a este recurso, Seres queridos es un viento fresco frente a la horda de novelas románticas y lineales del positivismo sentimentalista que mina la actualidad (ejemplo de ello fue el éxito de ventas de 50 sombras de Grey).

Como parte de esta camada de escritoras de los “claroscuros del realismo fantástico”, Giaconi nuevamente pone en práctica el mismo recurso de exaltar las contradicciones.

Si bien los últimos años han sido testigos de “historias rositas” en el campo literario, hacia el 1500 las artes plásticas supieron dar artistas como Caravaggio para ilustrar el juego entre luz y sombras en sus pinturas. Por ello no es de extrañar que, en la actualidad, donde la imagen prima sobre la palabra, surjan escritoras como Samanta Schweblin desde el campo de lo audiovisual para crear historias visuales y llenas de luces y sombras como Pájaros en la boca. Schweblin, al igual que Giaconi, no solo le brinda un nuevo espacio de protagonismo al cuento (que ha perdido territorio frente al auge de la novela) sino que también trabaja sus relatos entre contradicciones posibles como imposibles. Como parte de esta camada de escritoras de los “claroscuros del realismo fantástico”, Giaconi nuevamente pone en práctica el mismo recurso de exaltar las contradicciones en “Los restos”, donde las hermanas Marta y Graciela cuentan la muerte de su hermana Nora desde el punto de vista de quienes viven del deseo de poseer lo que no tienen. Nora ya no está, y las hermanas solo pueden pensar en todo lo que la difunta deja tras su muerte y que ellas desean: un marido, un vestido de novia, una casa. Aún con el lecho tibio, las hermanas van por todo. “Marta se acercó a Graciela y a la gran caja blanca y vio que lo que había dentro. Era el vestido de bodas de Nora. Graciela sacó el vestido de la caja, lo apoyó contra su pecho y dijo: A que me entra”. Así, duelo y envidia es un imposible que la autora materializa en cuento.

Al final de cada historia queda la pregunta sobre lo que es y lo que parece ser, y una atmósfera de eventos inacabados.

Y para lograrlo, rítmicamente Giaconi teje historias entre situaciones cotidianas, íntimas, y al mismo tiempo crueles, despiadadas. Y algunas hasta inimaginables. Porque más allá del realismo característico de cada escena de Seres queridos, hay un borde fantástico que se entrevé en “A oscuras”, con el misterio de un padre que se ha ido y cuyo presente es fantasmagórico ante sus hijos. En “Pirañas” un chico pierde dos dedos de la mano izquierda, un acontecimiento que pone sobre la superficie carencias de otra índole, y en el último cuento, “Reunión”, una pareja busca desesperadamente tener una hija, y en esa búsqueda se valen de lo que sea, hasta de la magia negra. Así, entre el realismo y lo fantástico, se juegan silencios y exacerbaciones en las relaciones de los personajes, lo cual casi siempre ocurre en espacios diarios y triviales que refuerzan el contraste entre el “debe ser” social de la familia, la amistad y la pareja, y lo que pasa en la realidad. “Reunión” es otra vez un gran ejemplo de esto. “Había algo en la luz en la forma en que caía sobre las caras de los tres que me hizo dejar a un lado el espanto, el asco, y me provocó cierta emoción”. Una magia imperceptible había logrado unir a Clara, a Javier y a su hija ¿adoptada? Mali, dejando de lado definitivamente a la que había sido la tercera parte de esa familia en “Reunión”. Giaconi nos recuerda así que la realidad muchas veces supera a la ficción, y al final de cada historia queda la pregunta sobre lo que es y lo que parece ser, y una atmósfera de eventos inacabados que apenas pudimos vislumbrar/////PACO