Política


Las nuevas fórmulas para la victoria

El sábado 18 de mayo fue uno de esos días en los que la República entera se tornó monotemática. Cómo cuando nevó en Buenos Aires aquel 9 de julio de 2007, o cómo el día después del gas pimienta en la bombonera. Tras meses de incertidumbre, rumores y gestos, Cristina Fernández de Kirchner anunció que sería candidata a vicepresidenta en una fórmula con Alberto Fernández, otrora Jefe de Gabinete de Néstor Carlos Kirchner durante toda su presidencia. La noticia fue tan disruptiva y sorprendente, que todos los actores de la sociedad civil quedaron paralizados. Mientras CFK anunciaba por instagram al -posiblemente- futuro Presidente de la Nación, el actual subía un video de Nike y su estrategia de branding con el fútbol femenino en Narnia, Melmac o el planeta de fantasía que a ustedes mas les guste.

El primer problema que tenía Marcos Peña es que los encuestadores no laburan los sábados. El segundo es que todo consultor sabe muy bien que no tiene ningún sentido mandar a hacer una encuesta en plena ebullición. Sería algo así como medir el aceite del auto con el motor en marcha. La sociedad civil no reacciona a la misma velocidad que los políticos (que viven de la rosca) y los periodistas (que viven de los sobres).

La deshidratación oficial puede explicarse, tal vez, por las tres “C”, como las llama Asís, que mudaron a Antonia a Olivos en 2015: Córdoba, Carrió y Clarín. El gobierno viene de perder Córdoba por más de 30 puntos, en un bukake protagonizado por Schiaretti, Mestre y Negri. Las últimas declaraciones públicas de Carrió permiten inferir que su demencia acelerada ya se consumió al personaje, anteriormente pintoresco (recordar las gafas de cotillón con las que Carrió fue a votar en 2015). La fórmula Fernandez-Fernandez demuele el último pilar de la estructura que posibilitó la llegada de Cambiemos al ejecutivo: Clarín. Es de público conocimiento que Alberto Fernández fue un hábil interlocutor entre el gobierno y el multimedio, al punto tal que en los pasillos se lo nombraba como “el hombre de Clarín”, quien aceitó y bendijo la fusión Cablevisión-Multicanal.

Más patética aún fue la reacción de la prensa opositora, la cual no tuvo mejor idea que transmitir en loop viejos videos de Alberto Fernández criticando a CFK, un canapé espectacular para convocar a aquel que odia a Cristina, pero le vinieron 7 lucas de gas. En tres cuotas. Con interés. Otros escribas intentaron una metáfora con el famoso “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. Pólvora vieja y descalibrada que ya vivimos durante el efímero sciolizaninismo. Pensar qué Alberto Fernández puede ser un títere de CFK es equivalente a confundir al carnicero con el ojo de bife. El anuncio de la fórmula Fernandez-Fernandez nos aturdió tanto que prácticamente nadie habló de los 12 minutos restantes del video. Por primera vez en los últimos años, Cristina logró anteponer LA Patria al INSTITUTO Patria, a sabiendas de que la futura coalición de gobierno no se sostendrá sin transversalidad.

En la búsqueda de la amplitud, Cristina no solo convoca a los “más amplios sectores sociales y políticos”, cosa que hizo siempre, si no que también incluye en la lista de los convocados a los sectores económicos. CFK le habla al empresariado nacional. A esa parte del círculo rojo que no llega a fin de mes. A los que pagan sueldos pero tienen sus empresas envenenadas con tasas de interés impagables. Por otro lado, y más importante aún: la cuestión internacional. Sin arrepentirse de los 12 años de su política externa, reconoce que no hay que volver atrás, que el mundo cambió y que ella también. Si en su libro Sinceramente intenta despegarse del Memorándum con Irán. Con este reconocimiento prepara el terreno para abrirse del régimen venezolano, ya indefendible hasta para el delirante cerrutismo progreporteño.

La propuesta de Cristina no pretende vender espejitos de colores. Reconoce la complejidad de la crisis económica actual y la escasez que el futuro nos depara a los argentinos, mientras la soja cotiza por debajo de los 300 dólares en Chicago. Daría la sensación de que tiene muy claro que ni siquiera utilizando toda la fantasía que el Banco Central tiene para ofrecer será posible recomponer rápidamente los indicadores de pseudo-bienestar logrados durante su gobierno. También parece entender que su historial geopolítico, asociado internacionalmente al llamado populismo latinoamericano, se convertiría en un lastre ante la urgente necesidad de un pragmatismo superador. Seamos sinceros: en los años venideros la Argentina tendrá que aceptar cuanta chirola haya dando vuelta para refinanciar su deuda, sin importar si la moneda viene de los rusos, los yankees, los chinos o el imperio bizantino. Los elogios a la política económica de Trump van también en esa dirección. Lo que no quedó claro en el video, es si CFK comprendió que hay que sacar a los pibes de la liberación del Patio de las Palmeras para intentar insertarlos en el mercado de trabajo. Está por verse cuál será el verdadero rol de la Cámpora en un eventual gobierno de Alberto Fernández, un acérrimo crítico de dicha agrupación, mucho más cercano al peronismo papal que encarna Eduardo Valdez que a la Ley de Medios que impulsó Sabatella.

Resta por ver cuál será la reacción del gobierno una vez abandonado el estado de shock. Todo el aparato de Cambiemos fue diseñado para polarizar con Cristina y este renunciamiento de la doctora diluye dicha estrategia. Ante el exterminio de las tres “C”, daría la sensación de que el gobierno apuesta por las tres “V”: Venezuela, Vialidad y Vidal. Siendo tan compleja la situación local, la discusión del “vamos rumbo a Venezuela” se torna inocua. Es útil mencionar, que la Argentina se encuentra mucho más expuesta a una hiperinflación caribeña hoy que en 2015. La V de Vialidad hace referencia a la supuesta revolución en la obra pública e infraestructura que encaró Cambiemos. A priori también sería un poco ingenuo pensar que 200 mil inodoros y un par de paneles solares pesarán más que los miles de puestos de trabajo que se perdieron gracias a la recesión y la apertura de la economía. Queda la tercera V: Maria Eugenia Vidal. A esta altura del partido ya es vox populi que facciones mayoritarias de la Alianza Cambiemos piden a gritos que la candidata sea Maria Eugenia. Dentro de ese grupo se ubican ciertos dirigentes de la UCR, los gobernadores radicales, el FMI, los inversores, Wall Street y el círculo rojo, entre otros.

El recurso Vidal Presidenta podría hasta ser contraproducente para el gobierno. No solo perderían a la única persona capaz de retener la Provincia de Buenos Aires si no que tambièn reconocería la debilidad y el fracaso de su propio Presidente, el mismísimo fundador del partido político por el que ella sería candidata. Pero no solo eso, fue tal el manoseo alrededor del “Plan V”, que su puesta en marcha no sorprendería a nadie ni generaría un efecto disruptivo como la candidatura de Alberto Fernández.

Hay otro detalle relevante: en 2016 se sancionó la Ley 27.337 la cual modifica el código electoral y convierte en obligatorio al debate presidencial. Recordemos que el último debate televisado entre Macri y Scioli midió 50 puntos de rating, casi lo mismo que la final del mundial entre Argentina y Alemania. Recordemos también que Alberto Fernández es un político sofista, formado en la trinchera de la discusión política y con una oratoria impecable, pulida durante todas las horas que TN le cedió para debatir por cable, mientras que Macri debió contratar una fonoaudióloga para limar su acento de zona norte, tonada imposible de digerir para la tercera sección electoral. ///PACO