En medio de extrañas víctimas,
editada a finales de 2013 por Sexto Piso, es la primera novela del poeta y escritor mexicano Daniel Saldaña París. El título de la obra proviene de unos versos del poeta Arthur Cravan, cuya figura tendrá importancia dentro de la historia, que sirven de epígrafe de la novela. Su estructura juega constantemente con la gravitación entre dos órdenes, entre figuras contrapuestas y dobles. Esta alternancia se da entre los dos personajes principales: Rodrigo, un oficinista veinteañero que trabaja en un museo como “administrador del conocimiento”, y Marcelo, un escritor y profesor universitario español que se toma un año sabático en México para investigar la vida de un desaparecido escritor francés del principios del siglo XX, Richard Foret. La gravitación se encuentra también entre los dos espacios donde transcurre la historia: la mega urbe del DF y el pueblito rural y universitario ficticio de Los Girasoles; como a su vez con la alternancia entre las voces del narrador, una primera persona encarnada por la voz de Rodrigo y un narrador omnisciente para la historia de Marcelo y Richard. Esta estructura doble, que a pesar de no ser original está muy bien ejecutada por Saldaña París, que demuestra un preciso conocimiento del lenguaje, infla la novela de una manera excesiva haciendo que la presentación de los personajes, ya de por sí poco interesantes, ocupe casi dos tercios de la novela.

Cubierta final En Medio de Extranas Victimas

Su estructura juega constantemente con la gravitación entre dos órdenes, entre figuras contrapuestas y dobles.

El autor recurre al humor en su intento de desmenuzar desde la mirada de Rodrigo las aristas de la civilización moderna, sea el matrimonio, el campo académico o la administración pública, y para generar el humor se agarra de la construcción de situaciones que se pretenden de los más absurdas y que por su nivel de arbitrariedad sólo consiguen generar antes que la risa una leve irritación. Esto es evidente en la construcción misma de Rodrigo en la primera parte, el cual, muy feliz con su aburrimiento rutinario dedica sus días a coleccionar bolsitas de té usadas y vigilar desde su ventana a una gallina que vive en el terreno baldío junto a su edificio, se casa con una compañera de trabajo a la cual un bromista desconocido le ha propuesto matrimonio en su nombre. La segunda parte, donde cambia la voz del narrador para contar, de manera alternada, la historia de Marcelo y del poeta/boxeador Richard Foret, tampoco logra despegar. La vida de Richard es una glosa casi sin variaciones de la vida del propio Cravan y la historia de Marcelo es una narración gris de la vida de un universitario engreído y pretencioso. Si el efecto buscado por el autor era una crítica hiriente a la vida académica por medio del rechazo a la figura de Marcelo, sin duda lo consigue, lo único que se puede decir es que lo podría haber hecho de manera menos extensa y agónica para el lector.

Si el efecto buscado por el autor era una crítica hiriente a la vida académica por medio del rechazo a la figura de Marcelo, sin duda lo consigue.

Finalmente, cuando los caminos de los personajes confluyen en las últimas dos partes de la novela la historia se estabiliza y la narración toma vuelo. La alternancia de voces continua pero el contraste entre ambas se pierde un poco ya que en la última parte, en la que el narrador vuelve a ser omnisciente, se centra en narrar todo desde la perspectiva de Rodrigo. Las situaciones absurdas siguen siendo forzadas y arbitrarias, como el gringo que busca ver el futuro del arte por medio de hipnosis generada por beber la orina de una postadolescente, pero el manejo certero que hace del lenguaje Saldaña París le dan un buen ritmo a la historia que logra que las páginas fluyan. Al final queda la pregunta de si las extrañas víctimas no seremos nosotros, los lectores, que junto a los excéntricos personajes de la novela tenemos que atenernos a situaciones inverosímiles y tiradas de los pelos que el autor nos impone en la novela//////PACO