Donald John Trump nació un 14 de junio de 1946 en Queens, Nueva York, en el marco de una familia descendiente de inmigrantes. Estudió negocios en la universidad de Pensilvania y desde 1971 controla la compañía Trump Organization. El 16 de junio pasado, en una de sus tantas torres de Nueva York, anunció su precandidatura a la presidencia de los Estados Unidos de América por el Partido Republicano. Para la sorpresa de todos, y la conmoción de no pocos de los republicanos, su nombre encabeza las encuestas para las primarias del partido y el próximo 6 de agosto enfrentará su primer gran desafío en la carrera presidencial, el debate de los 10 primeros precandidatos del Partido Republicano que transmitirá la cadena Fox desde Cleveland. ¿Cómo sucedió esto? La respuesta no es sencilla pero delimitar los rasgos de esta figura, en primer lugar, podría ayudarnos. Trump es un multimillonario de bienes raíces con emprendimientos inmobiliarios en todo el mundo, desde casinos y hoteles hasta edificios de apartamentos. Pero su fama mundial también está relacionada con el espectáculo. Durante la última década condujo el ciclo The Apprentice por la cadena NBC, en el cual empresarios compiten por un premio de 250.000 dólares y un contrato para dirigir una de las empresas de Donald. También durante los 90, luego de su peor crisis económica, que llevó a la bancarrota a su empresa, adquirió acciones del concurso Miss Universo y desde entonces los maneja. Como si fuera poco lleva publicados varios libros sobre consejos financieros y económicos basados, en parte, en cómo sorteó su dura crisis. La revista Forbes le estima una fortuna mayor a los 4.000 millones de dólares.

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Lleva publicados varios libros sobre consejos financieros y económicos basados, en parte, en cómo sorteó su dura crisis. La revista Forbes le estima una fortuna mayor a los 4.000 millones de dólares.

Durante muchos años se lo relacionó con la política y los rumores de una posible candidatura era comunes, sobre todo en las pasadas elecciones presidenciales de 2012, aunque en varios casos fueron interpretados como movimientos publicitarios para su programa televisivo. Ha sido orador en distintos eventos políticos, inclusive del Tea Party, y se ha rumoreado también una posible candidatura a la gobernación de Nueva York, la cual desestimó. La Presidencia es su primera gran apuesta política. Para su fortuna, los números lo ayudan. Según las encuestas de Fox News Trump le saca, con 26 puntos en la intención de los votantes primarios de partido, más de 10 al ex gobernador de Florida Jeb Bush, el primer candidato serio que tienen los republicanos. ¿Pero en qué base su campaña Trump más allá de su popularidad y carisma? Básicamente en un discurso incendiario que responde a los lugares más comunes de la derecha norteamericana. Apelando a los sectores más reaccionarios  y conservadores de la sociedad Trump fundamentó su campaña en las agresiones indiscriminadas contra sus competidores dentro del partido, en la xenofobia racial y el escepticismo científico. Respecto a lo último, se lo ha visto defender, a pesar del total desacuerdo de la comunidad científica, la relación entre las vacunas y el aumento del autismo, como a su vez negar la existencia del calentamiento global y alegar que es un invento de los chinos para que Estados Unidos pierda competitividad. Aunque lo que más despertó revuelo de su campaña fueron los dichos sobre los inmigrantes mexicanos. Según el multimillonario, México envía lo peor de su país a EE.UU., es decir, violadores, asesinos, ladrones y narcos. ¿La solución que propone? La construcción de un muro que recorra toda la frontera entre ambos países y que deberán costear y construir los mexicanos. La desaprobación de los sectores latinos y progresistas no se hizo esperar. Distintas figuras del ambiente artístico lo repudiaron en público, sean de origen latino o no, desde Shakira hasta Maná, pasando por Rob Shcneider y Angelina Jolie. Casi todas las cadenas que trabajaban con las transmisiones de Miss Universo y Miss América cortaron los vínculos comerciales con Trump como a su vez la mayoría de sus conductores de origen latino.

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Según el multimillonario, México envía lo peor de su país a EE.UU., es decir, violadores, asesinos, ladrones y narcos. ¿La solución que propone? La construcción de un muro.

¿Algo de esto mermó su candidatura? Todo lo contrario, desde que anunció sus intenciones presidenciales no para de subir en las encuestas y esto ha generado no pocos dolores de cabeza, tanto entre los demócratas como entre los propios republicanos. Para los primeros es un fenómeno que se les escapa de las manos mientras que la atención de los medios aumenta. Hilary Clinton, la principal candidata demócrata que está en un proceso de estancamiento en las encuestas, salió al cruce duro con el multimillonario. A su vez los periodistas del New York Times discuten el rol de los medios en el abultamiento de los índices de Trump y afirman con un optimismo desesperado que tarde o temprano el candidato va a caer. Aunque esta bomba de popularidad pueda estallar realmente en las manos de los republicanos que saben a ciencia exacta que el discurso de Trump es muy efectivo dentro del público interior del partido, que votará en las primarias, pero que tiene pocas chances de relevancia a nivel nacional. De esta forma, el progreso de Trump dentro de las internas puede llevar un fracaso en las generales. Por lo pronto el jueves Donald Trump se juega su primer gran encuentro en el debate de Fox y es donde todos sus detractores esperan verlo caer. El magnate tiene cero experiencia en esas cuestiones y no podrá soltar su lengua venenosa contra sus competidores, que a su vez, tendrán su primera oportunidad de responderle en un ámbito donde están cómodos.

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Ya veremos qué sucede con el destino de Donald en su carrera presidencial pero mientras tanto es imposible que todas estas cuestiones no nos lleven a preguntarnos sobre nuestra política, más en el marco inminente de las PASO. ¿Es posible un candidato como Donald en la escena política argentina? En el caso de que aparezca, ¿Gozaría de tanta popularidad? El multimillonario devenido en político no nos es ajeno y mucho menos la farandulización de la política. No son fenómenos propios. Si tuvieras que responder a la fuerza un primer paralelismo podría ser el jefe de gobierno porteño y precandidato presidencial por el Pro en el frente Cambiemos, Mauricio Macri. Pero en esta primera comparación notamos la primera gran diferencia que tenemos con la democracia norteamericana. Mauricio lleva 8 años de gestión e innumerables elecciones hasta alcanzar su primera gran oportunidad a nivel presidencial. El electorado argentino parecería ser mucho más pragmático a la hora de elegir a sus líderes, exige gobernabilidad y gestión. Mientras que eso no parecería suceder con los electores estadounidenses. La posibilidad de que un multimillonario aparezca y financie su propia campaña es un fenómeno que ya vieron los norteamericanos y es una de esas posibilidades las que se ocupa el largo proceso de primarias y debates que tienen, filtrar el delirio que el acceso irrestricto al dinero permite. En Argentina las PASO son jóvenes y su necesidad es discutida, los políticos argentinos con pretensiones serias y que desfilan por la punta de las encuestan llevan años de experiencia en la arena política.

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¿Es posible un candidato como Donald en la escena política argentina? En el caso de que aparezca, ¿Gozaría de tanta popularidad?

Pero esta no es la cuestión más interesante para explorar. Lo interesante para pensar es ¿podría un candidato con un discurso tan cargado de intolerancia y prejuicios hacer pie en la pantanosa política local? Me animaría a decir que no. La sociedad argentina, tan fanática del progresismo y la corrección política, casi hasta límites asfixiantes y dogmáticos, ya habría cubierto de oprobio al precandidato Trump. Ni siquiera los sectores más conservadores se animarían a asomar la cabeza detrás de un candidato así. A partir de este punto hay una comparación más precisa para hacer con el magnate norteamericano con uno de nuestros especímenes políticos, una comparación más precisa que la hecha con el dirigente del PRO. Estoy hablando de Lilita Carrió y no me refiero a la evidente similitud física, el mismo color de pelo artificial y brillante, la piel bronceada a la fuerza todo el año y la cantidad de tejido adiposo que cubre sus espantosos cuerpos. No. Estamos hablando de que Elisa, al igual que el multimillonario, no tiene real experiencia en gestión política y sustenta esa carencia con un discurso hiriente y lleno de malas intenciones contra todos los rivales que se construye. Pero sobre todo ambos acuden a un nacionalismo desteñido: Trump busca que Estados Unidos sea grande y domine el mundo otra vez, Lilita quiere proteger la pureza y la grandeza de la República. Aunque Lilita, eso sí, sabe en dónde está y adueñándose del discurso progresista, como si hubiera otra posibilidad, corre a todos sus rivales apropiándose de la voz de los pobres, que desde luego, no es la propia. El jueves veremos qué pasa con Trump y el domingo son nuestras primarias, las PASO,  y por suerte no tenemos ningún millonario con peluca con serias pretensiones, y aunque parezca raro, no es poca cosa/////PACO