Política Internacional


Venezuela: la diplomacia macrista entre EE.UU., Rusia y China

 

El miércoles pasado, Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de Venezuela con el apoyo de la Asamblea Nacional y gran parte de la comunidad internacional, entre ellos Donald Trump, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Grupo de Lima, integrado por catorce países de la región, entre los que se destacan Brasil y Argentina. Más allá de los problemas internos de la política venezolana,  el conflicto resulta genuinamente interesante: cristaliza casi toda la tensión actual que vive hoy la política internacional. Mientras EE.UU. apoya a Guaidó, Rusia y China todavía reconocen a Nicolás Maduro, refuerzan su alianza con el chavismo y brindan apoyo militar. En el ínterin, Trump no descarta una intervención militar, la cual, a priori, sería más compleja de lo que se cree. En Venezuela puede no haber papel higiénico ni derechos civiles elementales, pero lo que sí hay es uno de los sistemas de defensa área más sofisticados del mundo, conocido como S-300VM«Фаворит», el cual resulta prácticamente impenetrable para los cazas F-15 Eagle americanos. ¿Quiénes son los proveedores de dicho armamento? Rusia, a través de la empresa para estatal Almaz-Antey, y China.

En medio del caos informativo que generan este tipo de eventos, proliferan rumores de todo tipo: que el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) armó un operativo en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, en Caracas; que el avión presidencial despegó rumbo a Cuba; que China le ofreció asilo político a Maduro pero que el avión presidencial no tiene suficiente autonomía como para volar sin escalas a Pekín, por lo que podría ser interceptado en algún aeropuerto europeo. La cuestión de fondo, sin embargo, es que el mundo unipolar que emergió tras la caída del muro de Berlín, y que fue abrazado por Carlos Saul Menem, ya no existe. Tras veinte años de crecimiento económico ininterrumpido a tasas del 10%, China se encuentra disputando el liderazgo de la economía global. Y según las proyecciones económicas del Banco Mundial, el PBI del gigante asiático va a superar al de EE.UU. por primera vez en 2019. Qué hermosas las paradojas del capitalismo contemporáneo: las riendas de la economía más dinámica de las últimas dos décadas las tiene el Partido Comunista.

Mientras tanto, en Argentina se habla sobre la mala praxis del gobierno en materia económica, lo que a esta altura -100% de devaluación mediante- es una obviedad. Tortitas negras, diría Jorge Asís. Pero poco se habla sobre las impericias gubernamentales en materia diplomática y de política internacional. Para enumerar algunos de los desaciertos de Mauricio Macri en el área: la MVP del mejor equipo de los últimos 50 años era la excanciller Susana Malcorra, quien durante su año y medio de gestión fracasó intentando reemplazar a Ban Ki-Moon en la ONU, desperdiciando un valioso año en la construcción de vínculos multilaterales. El 3 de abril de 2017, Martín Lousteau renunció como embajador argentino ante EE.UU. y el día 11 de enero de 2018 fue nombrado el limonero Fernando Oris de Roa, es decir que durante 283 días Argentina careció de representación diplomática. La lista continúa: Macri apoyó explícitamente a Hillary Clinton, derrotada por el magnate americano Donald Trump, y entonces tuvo que felicitar a Trump por Twitter. En una suerte de pedido de disculpas imperial, nombró al panelista de TN Nicolas Dujovne como Ministro de Hacienda, alguien cuyo padre es socio de Trump en el desarrollo de la Trump Tower en Punta del Este. Puedo seguir todo el día: el hijo de Franco, que logró terminar con el populismo en Argentina, utilizó a Mariano Rajoy como pied-à-terre en Europa, destituido en mayo del año pasado por el Caso Gürtel, y una semana antes del ballotage entre Haddad y Bolsonaro también subió una foto junto al ex alcalde de Sao Pablo, luego pulverizado en las urnas por el exmilitar.

Más tarde, Macri tampoco decidió interrumpir sus 25 días de vacaciones en la Patagonia para asistir a la jura del nuevo presidente electo de Brasil, que resulta ser el principal socio comercial de la Argentina y el principal destino de nuestras exportaciones industriales. Duranbarbismo puro y duro, con pánico a que la figura del presidente quede “asociada” a una derecha grotesca y militarizada que agite viejos fantasmas del pasado. Distinta fue la reacción de Evo Morales, quien pese a estar vinculado a otra matriz ideológica, fue el primero en saludar afectuosamente a Bolsonaro, y por supuesto asistió a su asunción. Los motivos no son pocos: Brasil es el principal destino de las exportaciones de gas boliviano, que a la vez representan casi el 30% de las exportaciones totales. Buissnes son buissnes.

La sucesión de desaciertos genera un sinnúmero de incógnitas. ¿Tiene el gobierno algún plan en materia diplomática? Si escala tensión entre EE.UU., China y Rusia, ¿de qué lado se posiciona la Argentina? ¿Intentará Macri un equilibrio entre los nuevos tres polos, recreando de cierta forma la “tercera posición” que caracterizó al primer peronismo de la mano de Bramuglia? A priori, daría la sensación de que dicho equilibro pende de un hilo. Entonces, ¿qué pesará más a la hora de definir la inclinación del gobierno argentino: los 57.000 millones de dólares que Trump logró que el FMI le preste a la Argentina o los 20.000 millones de yuanes que actualmente representan el 30% de las Reservas del Banco Central? ¿Ya habrá encargado Marcos Peña el focus group para preguntarle a la clase media si prefiere deberle guita al fondo o a los chinos? Lejos de habernos convertido en el supermercado del mundo, la fragilidad de la Argentina indica que hoy somos el mendigo financiero del mundo, dispuestos a alinearnos con quien ofrezca una chirola para refinanciar nuestra impagable deuda externa y evitar el tercer default en 20 años. Mientras tanto, vale recordar que según el FMI el PBI de Venezuela se contraerá un 18% en 2019, una recesión económica gigantesca, solo comparable en la historia económica reciente con la crisis que afrontó Libia en 2011, cuando la OTAN intervino militarmente el país, operativo que terminó con la muerte de Muamar el Gadafi. En ese sentido, asoman tres grandes similitudes entre Libia y Venezuela: el calor agobiante, la escasez de valores democráticos y varios millones de barriles de petróleo bajo el suelo////////PACO