Negocios


Ocaso del “Chapo” Guzmán en Manhattan

 

Una breve historia del narcotráfico en México

La región de Badiraguato, en el Estado de Sinaloa, México, es una zona prácticamente inaccesible. Antes de la conquista pertenecía a la nación tebaca, un grupo apenas sedentario de la familia de los cahítas que tenía la autonomía del territorio. Tras la llegada de los jesuitas en el siglo XVI, los miembros de esta y otras naciones de la región fueron asesinados por los ejércitos indígenas aliados con España y sometidos a toda clase de abusos. Se los obligó a realizar trabajos forzados en minas de las que finalmente no se pudieron realizar extracciones significativas y se les impuso el pago de tributos donde apenas había qué comer. Los tebacas lucharon valientemente y muchas veces consiguieron resistir. La dificultad de vivir en ese territorio jugaba también en contra de los españoles. Durante el paso de los siglos se construyeron misiones, caminos, plazas y edificios institucionales frente a las plazas de algunas poblaciones, pero hasta la fecha -y estando tan sólo a unos sesenta kilómetros de la actual capital del Estado de Sinaloa- este territorio de áridas serranías sostiene su fama impenetrable.

Acompañando a los conquistadores vinieron también numerosos productos de cultivo y el cáñamo fue uno de ellos. En Las Indias de la Nueva España se había encontrado un suelo excepcional, y a lo largo del siglo XIX la producción y distribución de cáñamo aumentó significativamente debido a que los países europeos atravesaban una crisis en la importación algodonera tras la declaración de independencia de los EE.UU. La historia de la producción de cáñamo en México ha estado desde entonces rodeada de contradicciones, ya que el consumo de marihuana fue prohibido en 1880 pero el cultivo siguió siendo legal hasta 1920 y la exportación fue reglamentada recién en 1927. Fueron los chinos exiliados tras las Guerras del Opio quienes importaron, sembraron y enseñaron el oficio del cultivo de las flores de amapola a los pobladores de estas tierras. Utilizaban el producto mayormente para el consumo personal, aunque hacia los albores del siglo XX los occidentales ya habían adoptado este hábito y el opio era utilizado como moneda corriente por el Imperio Británico. Fue durante el mandato de Roosevelt que EE.UU. y México reestablecieron relaciones y negociaron por abajo del agua la promoción de la siembra de amapola en territorio nacional para la fabricación de la morfina (y el opio) que el Ejército Norteamericano necesitaba para librar la Guerra del Pacífico.

Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”

Esta breve e intrincada historia sirve para contextualizar los orígenes de los famosos cárteles mexicanos, nada más y nada menos que enormes empresas de logística que se ocupan de la producción, fabricación y distribución de narcóticos ilegales desde aquel entonces. Cuando, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, las condiciones de legalidad internacional cambian por completo hacia todas las direcciones, fueron los líderes de algunas familias de productores, comerciantes y terratenientes quienes empezaron a organizarse para poder continuar con el comercio y la exportación de estas sustancias en un nuevo mundo. Por supuesto que los presidentes de este nuevo orden mundial, los capos de la mafia gringa y muchos de los dirigentes de los principales cárteles de Latinoamérica como el famoso Pablo Escobar, crecieron en el imaginario colectivo siempre rodeados de los beneficios de la fama, el dinero y la impunidad. Y es esto último quizá lo que transforma a Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, en un ícono bastante disidente dentro de la cultura pop de nuestros días.

El Chapo creció en la sierra sinaloense vendiendo naranjas al costado de la ruta, el pan que amasaba su madre y ayudando a su viejo en la producción de la goma de amapola que se raspa de los bulbos de la planta para extraer el opio crudo. Se dice que el trabajo de estos campesinos de la clandestinidad, ya en algún punto de la década de los sesentas, estaba bien pagado, lo que no disipa el hecho de que la mayoría de las personas involucradas en estas faenas son, desde entonces, víctimas de procedimientos de manipulación y maltratos conocidos y penados hoy en día como crímenes de trata de personas. Pero en el lapso de muy pocos años, los productores en este negocio pasaron del oficio de cultivar plantas al de vender drogas. “El Chapo” supo apañárselas para alejarse de los trabajos casi forzados que formaban parte de la cultura de sus antepasados del campo y escalar en los estatutos de esta macroempresa nacional a través de su disposición y su determinación.

Se dice que durante toda su carrera ha estado directamente vinculado a los asesinatos de más de 2000 personas ya que, en sus años de juventud, ejerció como cobrador y gatillero para el entonces líder del Cártel de Guadalajara, Miguel Ángel Félix Gallardo, un policía federal que llegó a ser el único director de las operaciones de tráfico ilegal de drogas en México durante estas décadas. Después del encarcelamiento de Félix Gallardo, en 1989, la historia se vuelve bastante shakespearana, ya que los principales colaboradores del Cártel de Guadalajara se pelean entre sí y toman diferentes rumbos, fundando respectivamente el Cártel del Golfo, el Cártel de Tijuana y el Cártel de Sinaloa. Pero “El Chapo”, a diferencia de sus colegas, fue un hombre de perfil bastante bajo, a quien la prensa y las fuerzas de seguridad siempre se vieron en problemas para localizar (los rumores hablaban de que tenía decenas de dobles, algo que se supone común entre los líderes de estas organizaciones). Se casó y tuvo numerosos hijos con diferentes parejas. Muchos de los miembros de su familia murieron a causa de los violentos fuegos cruzados que se gestaron entre los cárteles.

Cárceles, Sean Penn y Manhattan

En el año 1993, Guzmán fue detenido por primera vez en la frontera con Guatemala y llevado a la cárcel de Almoloya de Juárez, donde permaneció cinco años, para luego ser trasladado al penal de máxima seguridad de Puerta Grande, Jalisco. En el año 2001 escapó de esta prisión a bordo de una camioneta de lavandería. Durante los siguientes trece años -y en el curso de la “Guerra contra el narcotráfico” declarada irónicamente por el mismo Estado mexicano-, desde algún lugar incierto, Guzmán siguió manteniendo su organización a la cabeza, con tales resultados que llegó a aparecer en la revista Forbes como una de las personas más acaudaladas del mundo. En 2014, un operativo conjunto entre las fuerzas de seguridad de México y EE.UU consigue atraparlo de vuelta, y no se les ocurre mejor idea que llevarlo a la prisión que fuera su primer hogar tras las rejas, el penal de Almoloya. Para este momento, la noticia en redes sociales explotaba los rankings de visitas de los portales y el presidente Enrique Peña Nieto se hacía de un trapito para limpiar su mala reputación ante los picos de violencia y terrorismo que se presentaban a lo ancho del país. Sólo así los medios y los departamentos de comunicación del Estado mexicano lograron popularizar a nivel masivo la figura de este hombre del que hasta entonces no se sabía ni cuál era su verdadera apariencia.

La sorpresa llegó cuando, en julio del 2015, las cámaras de seguridad de la cárcel de Almoloya “perdieron” al “Chapo”, quien supuestamente se fugó por un túnel kilométrico que nacía en las duchas de Almoloya. Se dice que las fuerzas federales no sólo lo siguieron sino que casi lo alcanzaron y hasta lo hirieron, pero no pudieron agarrarlo hasta seis meses después. Entre este escape fantástico y la última captura de Guzmán hay un episodio inexplicable que parece la clave de su perdición: una entrevista que celebró con Kate del Castillo y Sean Penn para la revista Rolling Stone. Al poco tiempo de esta extraña eventualidad, “El Chapo” fue detenido en Los Mochis, Sinaloa, y vuelto a la cárcel del altiplano, de la que fue extraditado hacia el penal federal de Manhattan en enero de 2017. Desde entonces, se espera el juicio que habrá de iniciarse por estos días y para el que se tienen preparadas medidas de seguridad increíblemente extraordinarias. En los puestos callejeros cercanos al tribunal y en todo México se venden remeras y gorras con su imagen, como si fuera la de un santo o el ganador de un premio Grammy. Cuando en una entrevista de YouTube le preguntan a Joaquín “El Chapo” Guzmán cómo llegó a ser quién es, responde: “En donde yo nací, era la única salida que había”/////PACO