Esteban Ierardo: “Yuval Noah Harari se propone asumir el aumento de la complejidad de este mundo”

Esteban Ierardo es filósofo, docente y escritor. A partir de este martes 2 de octubre, además, dictará el curso “Prisioneros del dataísmo, la posverdad y los poshumanos. Perspectivas del mundo global desde el nuevo libro de Yuval Noah Harari 21 lecciones para el siglo XXI” en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino de la ciudad de Buenos Aires (los interesados pueden conocer los detalles en esta dirección).

¿Quién es Yuval Noah Harari y por qué se convirtió en un best-seller?

Harari es un historiador israelí que de forma sorpresiva produjo un gran impacto con su libro De animales a dioses y luego Homo Deus. Es un best-seller por la claridad de su estilo divulgatorio, por cierta actitud provocadora y por la relevancia de los temas que aborda y que involucran la historia universal: desde los cazadores recolectores del paleolítico hasta el complejo siglo XXI signado por algoritmos e inteligencia artificial.
¿Su discurso de autoconciencia ciudadana enfrenta a la lógica del neoliberalismo o la abraza en todo su esplendor?

Este autor insiste en la erosión actual de las bases filosóficas del liberalismo clásico y sus derivados. El individuo y su capacidad real de autodeterminación y libertad están cada vez más condicionadas por el mejor dominio de la información personal y los gustos por un capitalismo computarizado, y por la biología contemporánea que postula la acción de algoritmos bioquímicos detrás de nuestras supuestamente decisiones personales. Todo esto es cuestionable.

¿A qué se refiere en términos políticos cuando dice que los futuros gobiernos deberían hacer “funcionar el mundo como un todo”?

Los gobiernos del futuro se verán enfrentados a un mundo homogeneizado de hecho por el internet de las cosas, el dataísmo y la inteligencia artificial. Dentro de la única civilización global todo estará aun más plenamente interrelacionado y nada podrá escapar a los algoritmos y el intercambio de información sobre todos los aspectos de la vida.

Alguien que asegura vivir con su marido en una “granja” y sin internet en Jerusalén, ¿no plantea un cuadro de opresión parecido a un capítulo de Black Mirror?

Tal vez. Pero aún no hemos llegado a la situación de un encierro total en una cárcel tecnodigital, como es más propio de la tendencia distópica de Black Mirror. De hecho, su última obra difunde la conveniencia estratégica del cultivo de la conciencia y la auto-observación cómo cierta gimnasia defensiva ante la hiperconexión continua.

¿Cuál es la lógica de ese relativismo con el que define lo que ofrecen el nacionalismo, la tecnología o el feminismo y según el cual “la automatización destruirá algunos trabajos, pero también creará otros nuevos” o “por la mañana podrás ser un hombre heterosexual y por la tarde convertirte en un transexual bisexual”, como dijo en una entrevista?

Esa sensación de relativismo es quizá, en realidad, la necesidad de abordar la diversidad contradictoria de este mundo múltiple: por un lado la globalización y, por otro, la tendencia de los nacionalismos a preservar las particularidades locales; por otro lado el feminismo como necesaria alternativa ante la continuidad de un conservadurismo patriarcal; y por otro lado, los algoritmos que regulan los programas y sistemas que obligarán a una incierta transformación del empleo. Más que apertura al relativismo, lo que se propone es, quizá, asumir el aumento de la complejidad de este mundo en el que la contradicción y la información no dejan de crecer/////////PACO