Política


Los amigos de tus amigos

 

La sigla ONG aún es vista por muchas personas como sinónimo de acción civil coordinada en torno a objetivos que buscan el bien común por fuera de las estructuras usualmente asociadas al poder político, económico o militar. Las fuentes de financiación parecen ser algo secundario frente a los objetivos filantrópicos que muchas de estas organizaciones declaman. Sin embargo, seguir el rastro del dinero es fundamental, porque cuando alguien paga la cuenta, aunque sea por debajo de la mesa, lo más probable es que termine decidiendo cuál va ser el menú. Actualmente, la mesa parece ser de vidrio, y casi no se oculta la información que permite comprobar como miles de agrupaciones que se presentan al mundo con discursos aparentemente pacíficos, humanitarios, ecológicos, apolíticos y en defensa de las minorías, son digitadas por gobiernos como el de Inglaterra, Holanda o Estados Unidos, grupos de poder como el Foro Davos, agencias de seguridad como la CIA, incontables multinacionales y las mentadas fundaciones de los grandes millonarios globales, como la Open Society de George Soros o la Fundación Rockefeller, entre otras. Con estos patrocinadores, ¿cabe creerse lo de la filantropía, la paz mundial, el bien común y, sobre todo, la independencia?

La mentira del testigo imparcial

En países que actualmente se encuentran bajo el control militar de Estados Unidos, como Afganistán, las ONGs sólo pueden operar bajo la autorización de la CIA y la OTAN, echando por la borda cualquier idea de neutralidad frente al conflicto. En un panorama como el actual, donde la información circula a una velocidad nunca vista antes, no es un dato oculto, ni siquiera curioso, que muchas de estas organizaciones actúan al servicio de élites políticas internacionales, bajo lemas presuntamente humanitarios, aunque sí resulta sorprendente que tantas personas sigan confiando e incluso participando ad honorem en ellas. En los casos de los conflictos recientes de Siria y Libia, las ONGs intervinientes utilizaron una dinámica rigurosa que consistió en apelar, en primera instancia, a la denuncia de la “vulneración de derechos humanos”, para enfatizar luego la “necesidad de una intervención militar humanitaria”, con una lógica que sigue hasta en sus menores detalles la política de intervencionismo militar directo de la OTAN y Estados Unidos. Alcanza con recordar a Bush Jr. y las supuestas armas ocultas que justificaron la invasión a Irak.

Aliadas de las grandes empresas y las agencias de seguridad

Ya a comienzos del milenio, los grandes grupos de poder publicitaban, a través de comunicados de prensa, su relación con diversas ONGs: “Creemos que el Foro Económico Mundial ofrece a la comunidad de negocios el marco ideal para realizar actividades de colaboración con los demás actores principales como las ONG de la economía mundial para “mejorar el estado del mundo”, que es la misión del Foro. (…) Las ONG reproducen una gran variedad de papeles en asociación con el Foro para mejorar el estado del mundo, incluyendo servir como un puente entre las empresas, el gobierno y la sociedad civil, la conexión de los políticos responsables a la base y aportando soluciones prácticas …” (Foro Económico Mundial, 5 de enero 2001). A su vez, a través de boletines similares nos enterábamos de cuestiones aún más escalofriantes: “La CIA utiliza fundaciones filantrópicas como el conducto más efectivo para canalizar grandes sumas de dinero a proyectos de la Agencia sin alertar a los destinatarios sobre su origen.” (James Petras, la Fundación Ford y la CIA, 18 de septiembre de 2002). Según la periodista inglesa Frances Stonor Saunders, autora de “La CIA y la Guerra Fría Cultural”: “La CIA considera que fundaciones como la Ford son el mejor y más plausible tipo de financiación encubierta que existe. Ex agentes cuentan cómo la Agencia ha financiado una gama aparentemente ilimitada de programas de acción encubierta que afectan a grupos juveniles, sindicatos, universidades, editoriales y otras instituciones privadas”. De todo esto se desprende que, más allá de lo bonito que sea el discurso que una ONG presenta, saber quién está detrás, es una de las vías para conocer sus verdaderos fines. Un buen ejemplo para esta zona del mundo es el de Urgent Action Fund Latin America, (Fondo de Acción Urgente para Latinoamérica) que habla de “soñar con un continente que transforme pacíficamente los conflictos; que sea seguro, justo, sostenible y que garantice los Derechos Humanos con principios feministas”. Sin embargo, entre sus donantes están la Open Society Foundation de Soros y la agrupación sionista American Jewish World Serviceantes. Los objetivos finales de estos actores internacionales corren a cuenta del lector, pero es por lo menos ingenuo creer que son los que se verbalizan.

Así como en las redes sociales solemos stalkear a alguien que nos sigue o nos pide amistad, y tomamos como cierta garantía que sea “amigo de un amigo”, en el mundo de las acciones sociales, esta precaución nos puede amparar de comernos más de un buzón. Aunque venga revestido en un amigable discurso, que hasta puede parecer libertario o revolucionario, el poder político y financiero suele estar presente de manera más o menos encubierta en muchas ONGs. Sólo hay que buscarlo un poco.