Jack Reacher y Lee Child

 

Hay diversos méritos por los cuales un buen lector debería conocer a Jack Reacher, en especial cuando sus historias han comenzado a traducirse sin demoras al idioma español. El más instantáneo de esos méritos es que Jack Reacher cumple sus promesas. Al comenzar por las contratapas de sus libros, por ejemplo, no es difícil descubrir que ahí donde suelen encontrarse frases genéricas como que “Jack Reacher es una poderosa muestra del talento de Lee Child para narrar historias que atrapan desde la primera página”, basta examinar cualquiera de esas primeras páginas para comprobar que, efectivamente, la contratapa no miente. Este primer impacto, este golpe directo provocado por una promesa inesperadamente cumplida (evento que, por otro lado, nos recuerda lo mucho que suelen defraudar las contratapas), suele ser el primer pacto ofrecido por Jack Reacher a sus lectores. Ante los escépticos, así comienza Morir en el intento (1998): “Nathan Rubin murió porque adoptó una actitud desafiante. Pero no como cuando haces algo en una guerra que te vale una medalla, sino por la típica explosión de rabia que hace que te maten en mitad de la calle”.


“Nathan Rubin murió porque adoptó una actitud desafiante. Pero no como cuando haces algo en una guerra que te vale una medalla, sino por la típica explosión de rabia que hace que te maten en mitad de la calle”.

Más allá de las contraportadas, también críticos y escritores como el argentino Elvio Gandolfo ‒que compara las descripciones de Lee Child con “un desfile de cuadros de Hopper en clave minimalista”‒, el estadounidense Michael Connelly ‒“Lee Child da un nuevo significado al concepto de lectura adictiva”‒, el británico Ken Follett ‒“Reacher te agarra en la primera página y ya no te suelta”‒ y hasta uno de los más talentosos best sellers del siglo XX, Stephen King ‒“todas las novelas de Jack Reacher son historias estupendas”‒, han halagado con inusitada elocuencia las historias de un personaje que, por si fuera poco, lleva más de 100 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Pero, ¿no es necesario preguntarse por qué lo hacen? En otras palabras, ¿por qué contribuir con tanto énfasis a un proyecto narrativo que, por otro lado, ya ha encontrado entre los lectores el apoyo más necesario para persistir? Esta pregunta es clave. Sin embargo, antes de avanzar hacia otro de los grandes méritos de Jack Reacher, resta un detalle importante. ¿Por qué no hay una línea cristalina de separación entre el personaje literario Jack Reacher y el escritor de carne y hueso Lee Child? ¿Por qué entre las alabanzas que hacen estas enormes celebridades literarias la identidad del personaje está “mezclada” con la identidad del autor?


¿Por qué no hay una línea cristalina de separación entre el personaje literario Jack Reacher y el escritor de carne y hueso Lee Child?

La historia personal de Lee Child, el escritor inglés de 63 años que inventó a Reacher, merece en este punto un párrafo aparte. Todo comenzó en 1995, cuando Child se llamaba James Grant y aún trabajaba como productor de TV. Después de 18 años de intachable servicio en Granada Television, en la ciudad de Manchester, y con una carrera durante la que había llegado a dirigir exitosos clásicos británicos como Sherlock Holmes, la compañía fue “reestructurada” y Grant se encontró repentinamente sin trabajo. Hasta ese momento, en el lapso de apenas unos pocos meses muchos de sus compañeros habían sido despedidos, el sindicato televisivo desarmado y varios de sus programas cancelados. Enojado, con una familia a cuestas y por primera vez en su vida desempleado, a los 40 años Grant se propuso reinventarse y escribir thrillers al mejor estilo estadounidense: rápidos, violentos, simples y eficientes. “Estaba furioso con esta destrucción gratuita de lo que era una industria magnífica”, recuerda Child sobre su paso por la TV en una entrevista. Esa, en buena parte, es la furia creativa desde la que brotaría el pseudónimo Lee Child ‒con el que ha publicado ya 22 libros‒ y también el punto de ignición de Jack Reacher, el famoso policía militar estadounidense criado en distintas bases de los Marines. Si existe en Reacher un espíritu de revancha alimentado por el pasado de su creador, su tono aún puede leerse con nitidez en Zona peligrosa (1997), el debut novelístico de Child: “Salir de la cárcel es una de las mejores experiencias que hay en la vida. Como lo es no saber qué va a pasar mañana”. A partir de ahí, nacido “al comienzo de la presidencia de Kennedy” y “con su metro noventa de altura y sus cien kilos de puro músculo para vérselas con militares que infringen las leyes, soldados de cuerpos de élite, boinas verdes, marines, hombres no ya muy capaces de matar, sino adiestrados para matar”, Reacher iniciaría un largo recorrido por los Estados Unidos y Europa, al mismo tiempo que Child comenzaría a obtener numerosos reconocimientos (y lectores) en su nueva carrera como escritor. Aún así, restaría la aparición del célebre Tom Cruise en esta historia para que Reacher lograra darse a conocer a lo grande.


Lee Child suele decir que si bien Dwayne habría logrado representar el 100% del físico de Reacher, sin duda Tom Cruise ha representado el 100% de su personalidad.

Este primer encuentro fue en 2007, cuando el veterano protagonista de Top Gun logró sacarle el papel de Reacher a la futura estrella de la saga Rápido y Furioso, Dwayne “The Rock” Johnson, a pesar de que este cumplía con un “physique du rôle” más adecuado al personaje (entre otras características que al principio irritaron a los fanáticos, Cruise mide apenas un metro setenta). Con diplomacia inglesa, Lee Child suele decir que si bien Dwayne habría logrado fácilmente representar el 100% del físico de Reacher en la gran pantalla, sin duda Tom ha representado el 100% de su personalidad. ¿Y cuál es esa personalidad? La respuesta a esta pregunta es sobre todo literaria, y se remonta a un linaje de personajes de ficción que también ilumina el motivo por el que autores tan diferentes como Stephen King o Ken Follett insisten en “dejarse atrapar” por el universo de Jack Reacher. Como Philip Marlowe, el detective privado creado por Raymond Chandler, Reacher es un hombre sencillo, hecho y derecho, y sin embargo poco común. Alguien que vive en soledad y a la vez compromete su honor para que la gente tenga en cuenta su orgullo, y mientras lo hace está tan plenamente despierto que casi da miedo. De hecho, la frase que Peter Handke ha sabido dedicar a Marlowe es la que cualquier lector de Child podría dedicarle a Reacher. “Si hubiera más hombres como él, no sería peligroso vivir en este mundo, y al mismo tiempo el mundo no sería tan aburrido como para que uno no quisiera vivir en él”. Esa es la personalidad que trasluce Jack Reacher a través de historias en las que nunca faltan el sexo, el humor, la justicia y la violencia, y también la personalidad que Cruise trasladó con éxito a la pantalla en las películas Jack Reacher (2012), basada en la novela Un disparo (2005), y Jack Reacher: Never Go Back (2016), basada en la novela homónima de 2013.


La historia personal de Lee Child, el escritor inglés de 63 años que inventó a Reacher, merece en este punto un párrafo aparte.

Gracias a estos “westerns posmodernos”, como los ha descripto Child, la parte más admirable del cine de acción ‒la que no teme trabajar con la salvaje ira masculina, como lo hizo Homero con los héroes de La Ilíada‒ no solo ha reanimado la carrera de una estrella de Hollywood en el preciso momento en que esta deambulaba apenas por la monótona saga de Misión Imposible, entre otros roles huecos, sino que las aventuras literarias de Reacher lograron dar el gran salto que faltaba al español. Luego de mantenerse dispersa y apenas accesible para iniciados, este año la obra de Lee Child inició su verdadero desembarco al mundo hispano, primero de la mano del sello argentino Blatt & Ríos con Noche caliente. Dos historias de Jack Reacher (dos nouvelles publicadas en inglés en 2013 y 2015) y luego con Zona peligrosa, Morir en el intento y Trampa mortal, tres novelas traducidas por la editorial española RBA que vieron la luz en idioma original en 1997, 1998 y 1999. Por supuesto, desde hace ya dos décadas Lee Child añade cada año a este rompecabezas una pieza más (de al menos 400 páginas). Pero eso solo significa que el camino es largo y prometedor. Desde ahora, como dice Reacher, solo es necesario permanecer atentos: “No hay papeles que indiquen por dónde he pasado, ni transacciones con tarjeta de crédito ni listados de pasajeros. Nadie podría seguirme la pista. Nunca digo mi nombre a nadie. Si me quedo en un hotel, pago en efectivo y les doy un nombre falso”//////PACO