¿Qué dice Peter Handke?

 

¿Por qué leer los artículos críticos y los discursos que Peter Handke escribió y pronunció entre 1966 y 2006? ¿Qué puede decirnos hoy un novelista, guionista y dramaturgo austriaco de 75 años que es, también, el autor de una obra tan vasta como disgregada en las librerías argentinas? De hecho, aún si el talento y los reconocimientos alrededor de su figura son tan nítidos como lejanos, incluso esa distante imagen de refinado intelectual, una efigie cargada con “el precoz desarrollo como una de las principales mentes activas y creativas de Europa”, como dice la traductora Cecilia Dreymüller, puede lograr que Contra el sueño profundo (Nórdica Libros) provoque inevitables precauciones. Sin embargo, es precisamente a esos lectores precavidos, “los lectores rectos”, como los llama en un texto sobre el Premio Heinrich Heine ‒al que renunció acusado de “apoyar” al criminal de guerra serbio Slobodan Milošević‒, a los que Handke apunta con este libro.


¿Qué puede decirnos hoy un novelista, guionista y dramaturgo austriaco de 75 años que es, también, el autor de una obra tan vasta como disgregada en las librerías argentinas?

Ese “lector recto” nunca es el lector incapaz de padecer los efectos de su propia desaprensión y de sus propios prejuicios, sino aquel lector que todavía se anima a leer para enfrentar sus limitaciones con inteligencia. Desde el plano literal, por lo tanto, las dos docenas de textos recopilados en Contra el sueño profundo tratan sobre literatura (Franz Kafka y Patricia Highsmith, entre otros) y sobre pintura, política (austriaca) y hasta cine; sin embargo, hace falta también un plano más sutil de lectura para entender que el conjunto trata sobre algo más. Hacia la mitad del libro, que por razones cronológicas coincide con la mitad de la vida intelectual y estética de Handke, él mismo se acerca al núcleo de ese suplemento: “Arriesguémonos a decirlo: yo aspiro, esforzándome con la forma para mi verdad, a la belleza; la belleza sobrecogedora, aspiro a la conmoción mediante la belleza. Sí, a lo clásico, lo universal, a aquello que, según la doctrina práctica de los grandes pintores, sólo adquiere forma en la constante contemplación de la Naturaleza”.


¿Cómo abordar la literatura del yo? Handke habla con sorna acerca de esa “nueva subjetividad” o ese “nuevo intimismo” que “los muy adictos a los sentimientos denominan el más reciente sentimiento en Occidente”.

Desde ya, es innecesario conocer la obra completa de Handke para entender que esa “Naturaleza” no se remite nada más que a la belleza estática de los campos y las montañas sino ‒sobre todo‒ a las muchas tragicomedias de la especie humana. ¿Por qué otro motivo, si no, escribir, guionar y teatralizar el mundo? “A menudo pienso en los bosques de abetos blancos y en todas estas existencias enterradas vivas en este país, que no han tenido como yo la suerte de cavarse una salida medianamente viable”, escribe desde Francia a propósito de Austria. “Yo me he hecho escritor, y tengo más que nunca la sensación de deber a los demás escribir para ellos. No puede ser de otra manera”. Grave, lírico y mesiánico, condiciones inevitables para uno de los escritores más exitosos de un país por el que no duda en confesar su “rechazo cabal”, Handke también sabe que así como hay “lectores rectos”, hay “escritores independientes”. El “lector recto”, en todo caso, sabrá descifrar entrelineas cuándo lo que Peter Handke escribe acerca de Hermann Lenz ‒“escritor independiente de agresiva dignidad”‒ trata sobre Hermann Lenz y cuándo, a pesar de las apariencias, trata sobre Peter Handke. El mecanismo, a veces, es tan transparente que buena parte de Contra el sueño profundo consiste en discutirlo. “A decir verdad, es una tontería que esté explicando cómo es [el pintor] Peter Pongratz”, escribe Handke en 1966. “Al hacerlo ‒acabo de darme cuenta de ello‒, sólo explico lo que puedo afirmar sobre mí mismo, todo lo demás me es ajeno”. Diez años después, escribiendo sobre el novelista Nicolas Born, el asunto reaparece con otro tono. Si todo lo que escribimos afirma de una u otra manera aquello que nos resulta ajeno, ¿cómo abordar con seriedad una literatura del yo? Handke habla ya entonces con sorna acerca de esa “nueva subjetividad” o ese “nuevo intimismo” que “los muy adictos a los sentimientos denominan el más reciente sentimiento en Occidente”, y señala que si esa distancia deseada queda establecida, ¿dónde quedan los supervivientes?


Handke explora su margen de maniobra personal para involucrarse en política. Y acerca de lo que significa la política en Austria, basta recordar lo que todos saben: es el país donde nació Adolf Hitler.

Merodeando durante cuatro décadas una preocupación convencional sobre lo que significa ser un personaje público ‒“se te acosa como a una figura del mundo del espectáculo, no importa qué tipo de trabajo hayas lanzado a este entorno de titiriteros en el que te sientes extraño”‒, Handke también explora su margen de maniobra personal para involucrarse en política. Acerca de lo que significa la política en Austria, por otro lado, basta recordar lo que todos saben: es el país donde nació Adolf Hitler. Y ese, hasta hoy, es el hecho más latente en la psiquis política austriaca. Sin esfuerzo, Handke lo demuestra cuando, en 1986, escribe contra el ex nazi Kurt Waldheim, secretario general de las Naciones Unidas entre 1972 y 1981 y presidente de Austria entre 1986 y 1992 (si bien su frase más célebre es de 1971: “Tengo que rechazar tajantemente la imputación de que yo sea nacionalsocialista o incluso judío”) y también cuando, en 2006, Handke se defiende de quienes lo acusan de haber dado un discurso durante el entierro de Slobodan Milošević (“Y no toleremos a los malos seres o espíritus que en nombre del trágico problema de Yugoslavia siguen pegando tiros con proyectiles verbales como «revisionismo», «apartheid», «Hitler», «dictadura sangrienta», etc”). Entonces, ¿por qué leer los artículos críticos y los discursos que Peter Handke escribió y pronunció entre 1966 y 2006? En pocas palabras, porque enseñan a leer y escribir/////PACO