Medios


Jim, Andy y el periodismo


«Muchos dudaron de la veracidad del fallecimiento,
preguntándose si no se trataría en realidad
del último chiste de Andy Kaufman»


Jim and Andy, the great beyond
, documental que muestra la filmación de Man on the moon, biopic de la vida del comediante Andy Kaufman, significó algo más que sentarse a mirar una película cualquiera. Fue una experiencia movilizante en cuanto al fin del sentido: comprender que el camino hacia el significante vacío es indeclinable, que la distopía que Black Mirror suele mostrarnos ya está entre nosotros. 
Ya hace una década, podemos decir, que las redes sociales dejaron de ser una novedad ajena para convertirse en un medio ambiente en el que la vida se desarrolla con «normalidad», ni buena, ni mala. Las plataformas digitales se convirtieron irremediablemente en lugares donde las cosas «ocurren», como quemarte con el agua caliente.

Jim y Andy es la urgencia de Carrey por mostrar a un Kaufman vivo, de mostrar su humor libre de cualquier contrato de lectura; que su disrupción en el mundo del espectáculo tenía un sentido poderoso, uno que iba más allá de lo que todos esperaban: Andy se había convertído en la crisis existencial de Jim y su confortable éxito en Hollywood.

¿No vivimos acaso una Era Truman de las redes sociales y el periodismo, donde cada uno interpreta un rol teatral?

En El mito de Sísifo, Camus desarrolló la Filosofía del Absurdo para explicar la crisis existencialista de advertir que el mundo no tenía demasiado sentido. Asimismo, el pensador argelino/francés -que murió atropellado por un auto a los cuarenta y pico- señalaba que el único escape al «suicidio lógico» que provocaba la crisis existencial era la «Esperanza», un acting de la vida: The Truman Show.

Periodismo Truman

¿No vivimos acaso una Era Truman de las redes sociales y el periodismo, donde cada uno interpreta un rol teatral? No importan las vicisitudes de la «realidad», el papel que te tocó en la obra hay que interpretarlo hasta el final, o al menos hasta que termine la función. De alguna manera es lo que viene ocurriendo desde el inicio de la denominada «Batalla Cultural».

«Periodismo militante», «periodismo independiente», «periodismo real», «periodismo amarillo», «periodismo estatal», «periodismo pauta»

«Periodismo militante», «periodismo independiente», «periodismo real», «periodismo amarillo», «periodismo estatal», «periodismo pauta», etc. Existen infinidad de denominaciones y cada uno intenta ubicarse en la que más le gusta, le conviene o puede. O simplemente en ninguna, aunque es probable que, si no querés auto-encasillarse, otro lo haga por vos. De todos modos, hoy el mercado periodístico tiene premios y castigos de acuerdo al casillero que ocupás, y eso en muchos casos es aprovechado y explotado lo máximo posible. Ocurre con periodistas cuyo leit motiv sigue siendo el antikirchnerismo furioso; no importa lo que ocurre con la administración Macri, su temática siempre gira en torno de CFK y los funcionarios de su gobierno. También existen otros periodistas que se posicionaron como «la voz opositora», y logran sobrevivir en los medios mainstream como filo kirchneristas en un mar de periodistas que están 99,9% alineados con el oficialismo. Finalmente, está el «periodismo ecuánime» que se permite criticar a todas las partes por igual, que su marca en el mercado periodístico es mostrar todas las perspectivas de las noticias.

Carrey y el periodismo

El problema de Truman es cuando se hace cartesiano, cuando empieza a dudar de todo. Después de treinta y pico de años de vivir en un reality sin saberlo, empieza a develarse que todo el mundo está actuando, que todo es falso, que los edificios son decorados vacíos, que su trabajo no existe, que su familia salió de un casting de televisión, que todo lo que lo rodea forma parte de un set gigante. La sensación es que el periodismo mainstream es Ed Harris aumentándole el poder de la tormenta a Truman para que se ahogue, para que muera en el barco, que no llegue al absurdo del mundo, el absurdo de los periodistas que representan un rol en la obra de teatro, donde hay «buenos» y «malos». Nos encontramos otra vez en la metáfora de la vieja embarazada, donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer.

El periodismo necesita más Andy Kaufman; más imprevisibilidad para los lectores.

En Jim y Andy, Jim se propone llevar adelante lo que Andy quería: liberar a Truman del domo, pero ya no como un acto de revelación. No se trata de «sacarle el velo» a nadie (Zizek lo explicó bien en el ya clásico «El sublime objeto de la ideología» con la frase «Lo saben, pero lo hacen»), se trata de darle la posibilidad de la crítica, que Truman deje de ser un musulmán de AgambenNo tengo una conclusión, eso es lo bueno de escribir en #Paco. Lo único que pienso para cerrar la nota es que el periodismo necesita más Andy Kaufman; más imprevisibilidad para los lectores, que se rompan las burbujas de filtro, que los periodistas dejen de decirle a las personas lo que quieren escuchar, y las personas dejen de escuchar lo que esperan que digan los periodistas/////PACO