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 Entrevista con Javier Daulte: “Todo lo vivido es materia para la ficción”

 

Desde  Criminal, en  1996, sus obras se reponen regularmente en muchos teatros del mundo, y por eso Javier Daulte es director y dramaturgo. Aunque salió del circuito independiente, su nombre se puede ver en el circuito más alternativo del Abasto y en la calle Corrientes. También escribió para televisión los guiones de éxitos como Para vestir santos y Silencios de familia. Javier Daulte también es empresario teatral, dueño del teatro Espacio Callejón, y cuida cada detalle de las obras que se ponen ahí. El mes pasado estrenó ahí su última obra. Clarividentes, escrita y dirigida por él, cuenta la historia de un engaño. O por lo menos, del intento de un engaño. La idea de “salvarse” como punto de partida para la narración (algo afín a su generación, pensemos en muchas de las obras de Rafael Spregelburd) y la elección de un “mecanismo escénico” para llevarla a cabo recuerdan su texto “Juego y compromiso”, un manifiesto donde hablaba de la necesidad del teatro de sacudirse la solemnidad ante los “grandes temas” y refundar el compromiso con lo que llamaba el “procedimiento”. En cuanto aceptamos la convención, el juego que nos propone (vemos una cámara gessell donde no hay más que un cuadrado marcado en el piso), entramos en el terreno de la ficción y es ahí donde Daulte nos lleva a donde quiere y juega con nosotros. Pero Javier Daulte también escribió una novela, El circuito escalera, que publicó Alfaguara. Ahí construye nuevamente un mecanismo, un “procedimiento” que le permite jugar con lo real y lo verosimil otra vez. ¿Novela coral? ¿Novela en clave? Un narrador, dramaturgo y guionista, con muchos rasgos autobiográficos, alterna entre una serie de personajes, algunos nombres conocidos como Adrián Suar o Gloria Carrá, otros escondidos tras máscaras, otros tan solo eso, personajes de una novela en una trama que enciende y apaga (como el circuito escalera de los electricistas) una y otra historia. Daulte suele pensar cada palabra antes de hablar, sus silencios suelen ser densos. Todo aquel que lo haya tratado podría reconocer fácilmente esa distancia inteligente, sensible pero imperturbable a la que nos expone previamente a emitir cada frase.  

¿Por qué escribir una novela y no una obra de teatro? ¿Qué te llevó a cambiar de género?

Las razones iniciales (como siempre) son bastardas. En realidad empecé a escribir para desintoxicarme, Venía de trabajar demasiado duro en España y necesitaba sacarme el teatro como práctica de la cabeza. Tenía miedo de sentirme empachado y no querer hacer más teatro. Me fui de vacaciones y un día me compré un cuaderno y empecé a escribir a mano, con la loca idea de comenzar una novela. Me parecía (siempre me pareció) una empresa titánica, y quizá fue justamente lo que me atrajo del desafío. Además, como una novela era algo que nadie esperaba de mí, sentía recuperar la escritura como un acto solitario (el teatro siempre, desde el comienzo, involucra otra gente, porque uno ya sabe que algún día la montará lo que implícitamente suma personas al proyecto). También se daba la circunstancia de que la novela siempre ha sido para mí la lectura preferida.

En El circuito escalera encontramos algunos juegos con lo real/verosímil, algunos nombres propios, algunos “cameos” de personas conocidas y también algunos pasajes en clave, ¿es que el género novela habilita a incluir ciertas alusiones autobiográficas? ¿Te permitiste hablar de ciertos temas que no hubieras puesto en teatro?

Una novela que transcurre en la actualidad y en lugares que uno conoce o conoció se vuelve hiperrealista por defecto (en eso es como el cine) y si uno alude a la calle Sánchez de Bustamente, ¿por qué no mencionar a personas reales que habitan este mundo donde la ficción se desarrolla? Además es algo que he encontrado en muchas ficciones extranjeras y siempre me ha parecido bien. Respecto de los aspectos autobiográficos, creo que todo lo vivido es materia prima para la ficción. Siempre se trata de algo autobiográfico pero camuflado de diversas más maneras; y también siempre es algo inventado donde pueden rastrearse aspectos biográficos del autor. Pero claramente no se trata en este caso de una novela autobiográfica. Todos los personajes son inventados. Aunque muchos pueden tener rasgos de personas reales. A quienes me conocen más íntimamente les ha divertido por momentos buscar en la novela a personas de mi entorno que podrían aparecer allí, pero a la mayoría de los lectores eso les es completamente indiferente. Y respecto de los “temas”, sí, una novela me permite hablar de cosas que no me interesa hablar en teatro o en la tele. Creo que cada lenguaje es tan específico que ya el hecho de indagar en sus mecanismos y procedimientos narrativos hace emerger un sentido singular que sólo puede ser leído a través de ese lenguaje.

En la novela se despliegan distintas formas del amor filial, ¿qué cifrás en la idea de paternidad? Y en la idea de futuro?

El paso del tiempo es clave en la novela, según creo. Y cómo la red vincular de los personajes va cambiando al estar atravesados por ese paso de tiempo, es uno de los aspectos más relevantes respecto de lo que emocionalmente me propuse que la historia transmitiera. Todos los vínculos van mutando a lo largo de la historia. Quizá el título de la novela intenta dar cuenta de eso; del misterio de los vínculos y sus mutaciones. El tema de la paternidad está inevitablemente presente todo el tiempo. La paternidad como algo imposible, una función fallada estructuralmente, que hace que todos los esfuerzos por desplegarla adecuadamente naufraguen, para llegar, en el mejor de los casos, al callejón sin salida del amor como salvación.

¿Te gustó la experiencia con la narrativa? ¿Vas a escribir otra novela?

Fue un proceso que disfruté mucho. Tengo algunos relatos que escribí antes y después de El Circuito. Una idea es armar un libro con esos relatos. También tengo en mente una nueva novela.

¿Qué te llevó a dirigir el Espacio Callejón? ¿Qué es lo que más te gusta de eso?

No sé qué fue. Cuándo me lo preguntaban apenas lo compré, yo respondía: “ya lo voy a descubrir”. Creo que en eso estoy. Por supuesto que es fascinante tener un espacio propio para hacer lo que uno quiera. También me interesa programar el trabajo de personas cuyo trabajo vengo siguiendo. Creo que en el Callejón pongo más que nunca en práctica algo que pienso del teatro y de su función fundamental, que es crear lazo social. El Callejón es eso: un espacio de encuentro. No sólo importa la obra que uno va a ver. Importa también el antes y el después. Me gusta estar. Recibir a los espectadores, a los elencos.

¿Qué es lo más difícil de dirigir el Espacio Callejón?

Que el vértigo habitual de esta tarea de hacer teatro (un elenco estrenando, la inminencia de la función, etc) no nos neurotice a los que estamos allí.

Sos un autor consagrado, un director respetado, dirigiste teatro comercial sin que te atrapara, hiciste en TV algunos de sus mejores momentos, tus obras han recorrido el mundo, escribiste una novela que da que hablar, tenés en cartel una obra escrita y dirigida por vos, gestionás un teatro alternativo con un criterio superlativo, ¿qué te queda por hacer? ¿Con qué nos vas a sorprender ahora?

Uh, espero que me falte mucho por hacer. Todo siempre parece ser un ensayo para poder hacer por fin ESE trabajo que uno cree que va a ser EL trabajo. Sé que ESE gran trabajo nunca llegará y siempre estará pendiente. Pero sigo ensayando para concretarlo.////PACO