Diario de México / 1


LUNES

Ya llevo tres semanas en la ciudad de México. Nadie me dijo que la piel se te reseca como si estuvieses en el desierto. Mi constitución particularmente adiposa me había alejado de cualquier hidratante, pero en estos días no pude soportar el picor y la resequedad que escamosea mi tradicionalmente suave tejido epitelial. Me explican que CDMX está ubicada en lo profundo de un valle, y la humedad “se va para arriba”. Así que uso el día para comprarme una crema hidratante. Resulta que las venden prácticamente por kilo. UN tarro gigante de crema hidratante de coco me salió $20. Por supuesto que hay marcas mejores, que hay tecnologías superadoras, envases que diferencian hombres y mujeres, personas activas de las sedentarias, el hombre de hoy y la mujer de ayer. Envases, miles de envases es lo que sobran en los supermercados de México. Compro mi crema hidratante en Wall Mart. Las cadenas norteamericanas están a pleno en México, hay decenas de Wall Marts en toda la ciudad, todos hermosos y muy bien provistos. Su política de devoluciones es una cosa increíble. Compré una licuadora a 500 pesos, lo que me pareció un excelente precio. Pero cuando la armé omití una arandela que, al parecer, era la base de toda la estructura. Cuando la encendí toda el agua se desparramó en la cocina. La apagué muy rápido, leí las instrucciones, coloqué la arandela y la enchufé. Automáticamente la licuadora se encendió y sólo se apagó cuando la desenchufé. Claramente mi torpeza la había roto a la primera usada. Metí todo de vuelta en la caja y volví a Wall Mart, donde me daban “7 días de garantía de la tienda”. Fui a la mesa de devoluciones y les dije que “estaba rota”. Ni siquiera la probaron. Me preguntaron si quería otra licuadora o el efectivo. Opté, por supuesto, por el efectivo. Cuando salí comí en una fonda que estaba enfrente. En las fondas de México hay comida “de 3 tiempos”. Primero te traen una sopa (generalmente de verduras), después un plato de arroz o fideos y recién después el plato principal. Pedí algo llamado “Chamorro” porque era el nombre de un amigo de la secundaria. Me trajeron una pierna de cerdo con hueso y todo. Parecía el hueso de 2001 Odisea del Espacio. Sólo en alguna visita al campo había comido algo tan rico y bien preparado. Con un flan de postre y propina la cuenta no llegó a $100. Gracias Wall Mart, alabada sea tu política de devoluciones.

Ya llevo tres semanas en la ciudad de México. Nadie me dijo que la piel se te reseca como si estuvieses en el desierto.

MARTES
Los quesos mexicanos son un verdadero misterio. No es un país caracterizado por una tradición láctea mundial. En los últimos años empezó a escalar posiciones por la gran inversión de capital -producto de una economía estable y ser un foco de inversiones norteamericana- pero sobre todo porque los quesos regionales se convirtieron en la estrella. Para que se den una idea, el 60% de la producción de lácteos se distribuye en 10 provincias, mientras que en Argentina esa cifra se reparte sólo en 3 provincias. Entonces lograron una oferta quesera muy variada, la mayoría de las recetas tienen origen español pero se adaptaron a las posibilidades d eproducción de cada provincia, y por eso la mayoría se denominan como la zona de origen. El más importante -y probablemente el más consumido- es el queso oaxaca. Se usa para todo, desde tacos y quesadillas a pizzas. Se encuentra en todas las tiendas de abarrotes -que son nuestros almacenes- y es muy económico, un cuarto kilo sale unos $35 promedio. Tiene la textura y el color del mozzarella pero se deshace fácilmente en hebras, producto de un incremento en el PH durante su fabricación. Es muy recomendable comerlo caliente, y si es bueno es verdaderamente exquisito. También tienen una versión del clásico queso Tybo que es el chihuaua y se usa para comer en fetas en los sandwiches y las tradicionales tortas (que son sandwiches pero muy cargados, hechos con un pan que se llama bolillo y es característico de la CDMX. Después tienen su queso cottage que es el queso blanco, su propia ricotta que es el requesón. Este también lo usan para todo, es probablemente el más barato. Para los estándares mexicanos el queso es algo caro y difícil de hacer, por eso si bien la mayoría de los platos llevan queso en muchos te cobran un extra por ponerle queso, lo cual no es nada común, los extras pagos casi no existen en la comida mexicana. El espíritu amable de los mexicanos se traduce en cierta generosidad en los bares y fondas. Por ejemplo, las salsas (picantes y no) y los aderezos se dan a granel y están en las mesas cuando uno se sienta, y aún cuando uno se tome sólo un café te traen tortillas si las pedís. Las tortillas son la estrella de la cocina mexicana, es lo que hace al taco un verdadero taco. Están hechas con maíz y medio kilo sale en promedio $14. Del mismo modo que las fondas y pequeñísimos comedores al paso (comida corrida, le dicen) están en todos lados -obviamente las leyes de autorización municipal son muy flexibles- las tortillerías se extienden por la ciudad, y cualquier con un espacio y una máquina de hacer tortillas (unos monstruos gigantes de cinta fordista) puede convertirse en un emprendedor. Como San Martín.

Para que se den una idea, el 60% de la producción de lácteos se distribuye en 10 provincias, mientras que en Argentina esa cifra se reparte sólo en 3 provincias.

MIÉRCOLES
Todavía no fui a librerías de usado, me reservo ese momento para un sábado. Pero sí estuve en librerías de línea como decimos en el rubro, o de libros nuevos como dice la gente común. Durante un paseo por la Colonia La Condesa (acá los barrios se llaman colonias y las comunas se llaman delegaciones) entré a la librería de Fondo de Cultura Económica, una de ellas, probablemente la más grande y conocida. Se trata de lo que calculo serán 200 metros cuadrados de libros. Cualquiera puede pensar “bueno, pero en Buenos Aires también hay librerías grandes”. Lo que diferencian a ésta de los Ateneos Grand Splendid es que la librería del Fondo tiene casi exclusivamente buena literatura. Las secciones son literatura universal, hispanoramericana, periodismo e investigación, historiografía, novela histórica, las comunes, pero desde las vidrieras y los libros de adelante podemos notar que son librerías diferentes, Por ejemplo, cerca de la puerta pude encontrar Antología Personal de Ricardo Piglia a $150. Lo agarré y me senté en unos cómodos sillones a inspeccionarlo. En los sillones de al lado había dos hombres cada uno leyendo libros de filosofía. En las mesas de saldo estaba prácticamente todo el catálogo de Random House, libros de Palanhiuk y Coetzee a 100 pesos cada uno. También estaba rebajado en un 40% todo el catálogo de Anagrama. Fui a ver qué había de literatura argentina. Los únicos autores de los que encontré la biliografía completa son Borges y Cortázar. Me explican mis amigos mexicanos que son ídolos en este país, la gente lee a Cortázar a los 40 años y flashea con Borges a los 50. Entre los autores “contemporáneos” al único que encontré fue a Marcelo Cohen con un libro que no le conocía. Pero de todos mis amigos intelectuales a los que le pregunté, ninguno conoce a Marcelo Cohen. Después de comprar el libro de Piglia me senté a disfrutar un rico café. Salía $35 pesos, que es el precio promedio de todos los cafés chetos de la CDMX. Al pagar la cuenta, una vez más, sentí algo parecido a la felicidad. La sensación de estar ahorrando dinero por pasar esta temporada en México no parece terminar ni siquiera varias semanas después de haber aterrizado.

JUEVES
Tengo que renovar mi dotación de pastillas para la presión. Mi doctor me recetó tomar losartán y amlodipina. Me traje una dotación de losartán que me alcanza para varias semanas más, pero la amlodipina se me acabó. Hablé con Poncho, un aliado mexicano que en su juventud trabajó en laboratorios. Luego de explicarme la cadena de los medicamentos, me habló con mucho entusiasmo del Dr. Simi. Deduje rápidamente que el Dr. Simi es el mismo que en Argentina conocemos como Dr. Ahorro. Se llama así porque sus tiendas se denominan Farmacias Similares porque venden productos similares a los de los grandes laboratorios pero mucho más baratos. También están las Farmacias Genéricas, que es como un nivel intermedio, y las farmacias a secas que venden lo que todos deberíamos tomar en un mundo más justo. A Poncho le recetaron los mismos medicamentos que a mí, así que me informó que la amlodipina es muy barata. Tengo un Dr. Simi a dos cuadras así que fui y pregunté. Me dijeron que 3 cajas (que me alcanzan para 3 semanas) salen unos $130. Me llamó la atención que la caja decía “Amlodipino”, así con O. Esa letra O retumbaba como en una caverna. Decidí irme y seguir probando suerte. La Colonia Escandón es muy hermosa, sobre todo por la gran cantidad de comercios que hay. Comercios de todo tipo. Me hizo acordar mucho a Parque Patricios, porque al igual que en el tradicional barrio del sur de Buenos Aires, podemos encontrar una heladería al lado de un taller mecánico al lado de una mercería al lado de un puesto de tacos al lado de una venta de celulares. No hay ningún sentido de la urbanización, no hay “la calle de los repuestos” o “la zona de las hamacas”. Todo está pegado como en un mosaiquismo infernal y alucinante. Entonces salí a caminar y vi algo que no pude ignorar. El cartel decía “Supermercado y Farmacia de Dios”. La tienda se veía muy desmejorada desde afuera, y si me acercaba se veía aún peor. Al frente no tenía un supermercado sino una tienda de abarrotes pero muy devaluada, con muy pocos productos espaciados entre sí y exhibidos en anaqueles sucios. Muy atrás, en la trastienda, había una reja con un hueco y podían verse algunos medicamentos en estantes. Una señora muy bajita con un guardapolvo blanco me preguntó sin mucho interés qué buscaba. Le dije “amlodipina”, fue hasta los anaqueles (donde había un máximo de 30 cajas exagerando) y me dijo “sí, acá está”. Analicé rápidamente la caja. La fecha de vencimiento era en un futuro suficientemente lejano. La marca, dirección y razón social del laboratorio estaba impresa. En la tapa decía “amlodipino”. Con O. Concluí que el remedio se llamaba así en México. Le pregunté el precio y saqué un billete de 50 pesos. Mi corazón latió con felicidad cuando escuché “16 pesos”. Pagué con unas monedas que llevaba en el bolsillo chiquito del jean y me fui silbando. Leyendo más detenidamente la caja decía “precio máximo sugerido $107,45” y al lado había una etiqueta amarilla que decía “Farmacias de Dios $16”. Dios existe, vive en México y tiene un laboratorio clandestino. Gracias diosito, mi sangre argentina e intensa te brinda alabanzas.

Es verano y llueve todos los días. Es muy complicado vivir así. Generalmente son chaparrones muy cortos, de treinta minutos o poco más.

VIERNES
Es verano y llueve todos los días. Es muy complicado vivir así. Generalmente son chaparrones muy cortos, de treinta minutos o poco más. Pero estos días llovió durante horas. El día amaneció precioso y pude limpiar los desastres de la lluvia de ayer, pero a la tarde volvió a llover y eso me rompe las bolas. De todos modos, el clima es muy bueno, es como una primavera permanente. A veces, muy pocas veces, a la noche hay que ponerse una camperita. A la tarde fuimos a la Colonia del Valle que es muy grande y hermosa. No tiene mucho sentido narrar lo que pasó, es lo que hacen los novios cuando están solos, al pedo y en lugares públicos. Almorzamos, conversamos, fuimos a un parque, tomamos un café por ahí. Un detalle: el cafpe es exquisito, no importa donde lo tomes, siempre es rico, siempre es gourmet, siempre está bien tirado. Salvo en los lugares donde te dan refill -donde es muy aguachento- en general es de primera calidad y su precio es igual en todos lados. En las fondas un café con pan (que es café con una factura grande, porque a las facturas le dicen pan y al pan le dicen mil nombres diferentes) sale $25, un café en un lugar fancy de 25 a 35. Y su pedís capuccino o alguna especialidad no pasa de $40. No existe el sobreprecio tal y como estamos acostumbrados en Argentina. Algunos mexicanos se sorprenden cuando les hablo de su economía estable, de su curiosa política de precios, esbozan una explicación no muy convincente, de que en este país hay demasiada gente como para castigarla, pero nosotros, antiguos argentinos, sabemos que siempre se puede sufrir un poco más en cuestiones de guita. Siempre. Espero averiguar algo más sobre esto la semana próxima/////PACO