Zona peligrosa fue el primer thriller publicado hace exactamente 20 años por el inglés James D. Grant (1954) con el mismo pseudónimo con el que iba a convertirse en un best-seller internacional: Lee Child, un autor que hoy intercambia halagos con Stephen King o aparece con Tom Cruise en las películas basadas en las novelas que él mismo escribe. Antes de eso, sin embargo, la vida de James D. Grant había sido la de uno entre tantos anónimos productores de televisión, con una carrera relativamente cómoda en los medios ingleses. Hasta que en 1995 la cadena en la que trabajaba fue “reestructurada” y terminó en la calle. De esa conjunción entre la necesidad de ganar dinero y la oportunidad de escribir ‒y un inevitable hambre de revancha, como reconocería Child‒ nació Jack Reacher, el protagonista de una saga policial que lleva ya casi dos decenas de novelas y cuentos, media docena de reconocimientos ‒incluido uno al “mejor debut literario” para Zona peligrosa‒, millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y dos películas, la última de las cuales, Jack Reacher: Never Go Back, se estrenó el año pasado.

Un recordatorio de lo que un hombre libre y fuerte es capaz de hacer cuando no se resigna a dejar de ser hombre, libre, ni fuerte.

Por su parte, Zona peligrosa y Lee Child resultan a la distancia interesantes no solo para el ecosistema literario inglés sino para el gran pentagrama cultural de Occidente. Sobre todo porque si la “alta literatura británica” parecía dominada por el canon viviente de los grandes escritores de los años ochenta, con Ian McEwan, Martin Amis y Julian Barnes en primer lugar, y si, al mismo tiempo, la posibilidad de un “éxito comercial” se agotaba en las historias para adolescentes de J. K. Rowling y Harry Potter, la inesperada aparición de Jack Reacher redefinió el terreno. A partir de Zona peligrosa, al fin un personaje viril, violento y sintonizado con el gusto popular ‒un expolicía militar estadounidense de 36 años educado bajo la regla de que “hay que golpear primero y golpear con fuerza”‒ iba a poder desplegar un mundo propio con un estilo depurado, entretener a los lectores sin menoscabar las exigencias de la adultez e interesar a editores de distintos continentes. De hecho, ambientada en lo profundo de los Estados Unidos, Zona peligrosa no tarda en representar con severo realismo una sociedad en la que la desocupación, el recorte del gasto público, la corrupción policial y la frustración política le proveen a Reacher las decepciones suficientes para elegir vagar “sin papeles que indiquen por dónde he pasado” y entender también que salir de la cárcel ‒sobre todo cuando lo acusan de un asesinato que no cometió, como al principio de esta historia‒ “es una de las mejores experiencias que hay en la vida, como no saber qué va a pasar mañana o ir en un coche en silencio por una carretera soleada con una mujer guapa al volante”.

La desocupación, el recorte del gasto público, la corrupción policial y la frustración política le proveen a Reacher las decepciones suficientes para elegir vagar “sin papeles que indiquen por dónde he pasado”.

Bajo ese marco, esta primera cruzada de Jack Reacher muestra que la muerte, la conspiración, la violencia, el sexo y un férreo sentido de la justicia ‒en los términos personales de Reacher, al menos‒ pueden distribuirse a lo largo de una trama eficiente de manera tal que la podredumbre general del sistema, siguiendo ya los pasos más clásicos del policial negro, pueda ennoblecer hasta las actitudes más íntimas de su protagonista. De ahí que, en el interior del mundo feroz imaginado por Lee Child, pensar los problemas que le dan forma al suspenso, enfrentar a quienes sea necesario recurriendo a una terrible contundencia física y no desaprovechar en el camino ni la más ligera insinuación femenina resulte menos un despliegue de grandes virtudes heroicas que un recordatorio de lo que un hombre libre y fuerte es capaz de hacer cuando no se resigna a dejar de ser hombre, libre, ni fuerte. Esa, probablemente, es la máxima premisa estética y ética de la literatura de Child, un best-seller de vital importancia cuyos libros, por otro lado, aún circulan entre los lectores argentinos de manera discontinua y azarosa, aunque este año ‒el mismo que en noviembre espera la publicación de la vigésimo segunda novela de Jack Reacher‒ llegó el inesperado Noche caliente, dos historias de Jack Reacher, traducido y publicado por la editorial argentina Blatt & Ríos, al que Zona peligrosa le añade ahora una pieza fundamental//////PACO