Estética del abandono

 

I
Urbex (o Urban Exploration) es la exploración de estructuras humanas, preferentemente en ruinas o abandonadas, con el propósito de descubrir la belleza oculta la descomposición y el olvida a través de la mirada común del transeúnte. Se cree que la práctica tiene sus orígenes en Japón, particularmente en las décadas del 60 o 70, donde la rápida industrialización y la guerra habían dejado muchos lugares en ruinas -como la Isla de Hashima-, y la identificación es tal que la palabra japonesa Haikyo (廃虚), que literalmente significa ‘ruinas del castillo’, llegó a ser sinónimo de la exploración urbana. El método más común para documentar estas experiencias es la fotografía con pretensiones artísticas, agrupándose en el género comúnmente denominado abandoned, de abundante popularidad en las redes. Cuentas como @itsabandoned o @abandon cuentan con 1.3m y 599k de seguidores en Instagram, aunque la lista es larga. Las descripciones de estas cuentas –Beautiful Abandoned Places. Sharing the most beautiful abandoned places in the world– son sintomáticas de una propuesta estética concreta: la decadencia y el vacío humano como belleza y la nostalgia como gesto de observación. Ahora bien, ¿es el género de lo abandonado, las ruinas y, en un sentido más amplio, la mirada hacia el pasado una estética propia y original de la era -llámenla a gusto postcapitalismo, realismo capitalista, posmodernidad, era digital, sociedad de la transparencia, etc- en la que vivimos? Y en ese sentido, ¿cómo se inscribe esta estética particular en la corriente de las prácticas cotidianas?

¿Es el género de lo abandonado el de la era en la que vivimos? Y en ese sentido, ¿cómo se inscribe esta estética particular en la corriente de las prácticas cotidianas?

II
Tal vez valga la pena resaltar el carácter anti-vanguardista del género de lo Abandoned para señalar un primer punto de diferenciación entre esta estética particular del siglo XXI y lo que pasaba apenas un siglo atrás. Si las vanguardias históricas -cualquiera de ellas- perseguían -en mayor o menor medida- un ruptura brutal con lo viejo, con el arte clásico y burgués, mientras problematizaban la relación entre el arte y la vida y estaban en pie de guerra contra los museos (“Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias variadas” decía Marinetti) y buscaban el arte del futuro, la estética de lo abandonado persigue un propósito inverso. Es justamente la ausencia de la vida humana la que persigue y habilita esos paisajes, la ausencia que los exploradores urbanos que insisten en cuidar a través de insólito hermetismo sobre las ubicaciones exactas de los escenarios que componen sus fotografías, inspirados en una vaga idea snob de que, ante la popularidad del género, se llenaría de curiosos que romperían el aura del lugar. En definitiva, la Urban Exploration es una práctica urbana y estética que busca sustraer del flujo material de las cosas a estos espacios por medio de su continúo aislamiento del hombre, es decir, una práctica conservadora en el sentido más literal.

Una mirada hacia el pasado en el fondo dice poco sobre ese pasado y mucho más sobre el presente de la mirada.

III
Esta conservación, esta mirada hacia el pasado, en contraste con el optimismo por el futuro del pasaje del siglo XIX al XX, es lo que Robles señalaba en su debate con Terranova respecto a los viajes en el tiempo: “Ya no interesan los viajes al futuro sino al pasado, a lo que ya está muerto. A Wells, en cambio, ni se le ocurre viajar al pasado. Lo que a él le interesa es el futuro de la humanidad  ¿Qué sentido tiene un viaje al pasado? Si ya sabemos lo que pasó. Exploremos lo nuevo, lo diferente”. Como todos bien sabemos, una mirada hacia el pasado en el fondo dice poco sobre ese pasado y mucho más sobre el presente de la mirada y es, justamente, ese viaje hacia lo muerto que menciona Robles lo que caracteriza a una época, esta época, incapaz de explorar o, inclusive, generar lo nuevo. Según Fredric Jameson, el fracaso del futuro es constitutivo de la escena cultural posmoderna que, como correctamente señala, se llenó de pastiches y revivals. Pensemos en la multipremiada La La Land, con su “idealización de un pasado supuesto al que convierte en la única vara abstracta para medir una estética concreta”, como señala Mavrakis, y en la sucesión agobiante de películas Rápidos y Furiosos que este mes llega con su octava entrega, el inminente estreno de Baywatch o en la esperada Trainspotting 2 y sus personajes encerrados en un presente circular reviviendo los mismos conflictos una y otra vez como “turistas en su propia pasado”, como le dice Sick Boy a Renton en las montañas de Escocia.

La decadencia y el vacío humano como belleza y la nostalgia como gesto de observación.

IV
Tanto el filósofo Boris Groys como Jameson coinciden que en nuestro tiempo el cambio es el status quo cifrado principalmente en el cambio tecnológico y del mundo de la moda. Pero esta aceleración del cambio solo lleva a la configuración de un presente continuo que parece inalterable llevando a la sensación -señalada por Jameson como una antinomia temporal- de que, de ahora en adelante, cuando todo se somete al perpetuo cambio nada puede cambiar ya nunca más. En su ensayo Realismo capitalista el crítico Mark Fisher relaciona esto con la inestabilidad política y económica que se instaló en el mundo desde que el capitalismo se volvió como única alternativa tras la desintegración del bloque soviético. Para Fisher esta inestabilidad solo puede devenir en un deseo de volver a las formas culturales familiares, desembocando, así, en un cultura excesivamente nostálgica, proclive a la retrospectiva e incapaz de generar novedades auténticas. La exploración urbana y la estética de lo abandonado parecieran ser, en última instancia, la literalización y la estética propia de “un mundo”, como bien señala Eric Hobsbawn, “en el que no sólo no sabemos adonde nos dirigimos, sino tampoco a dónde deberíamos dirigirnos”////PACO