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El miércoles se publicó en esta misma revista una especie de reseña, más bien una columna de opinión, sobre la película Suicide Squad, estrenada hace poco. Gus Casals, el autor, utiliza la película para sobrevolar algunos tópicos conocidos del cine y la crítica de cine. Así escribe: “Suicide Squad reabrió el debate sobre el rol de la crítica, su impacto sobre los resultados económicos de los “tanques de Hollywood” y también una vieja guerra más entre opinólogos y fans.” Y más adelante: “Lo que esos críticos que atacaron con una supuesta “saña inducida” a Suicide Squad están expresando es, en realidad, su hartazgo con el género y con la estrategia del estudio.”

También habla de la “guerra sucia” de Hollywood, de Batman vs Superman, de Deadpool, y recomienda una película de los Coen para entender “cómo se manejaban algunos de estos asuntos hace 70 años.” (La primera vez que leí la nota estaba escrito como “Cohen”, y luego, se ve, algún editor se dio cuenta del error y lo corrigió.)

No me interesa entrar en esos debates. Sí señalar que a Casals la película no le gustó. El crítico expone sus argumentos de esta manera: “Suicide Squad es una película con una estructura narrativa rota, por no decir inexistente, y que abunda en recursos de alto impacto y poco contenido bajo la forma de clichés visuales y auditivos que se remontan a la MTV de mediados de los noventa, y a un tratamiento de los personajes, especialmente el de la ascendente Harley Quinn (Margot Robbie), por lo menos discutible.”

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Primera cuestión: la estructura narrativa de Suicide Squad es la clásica trama de reclutamiento de malos marginales que finalmente no son tan malos ni tan marginales. Es una historia muy conocida y por lo general eficiente. The Wire la usó en un momento y es fácil remontarla hasta Los siete magníficos y más allá. De hecho, la historia está contenida en el título de la película. Desde luego, la estructura narrativa de Suicide Squad dista mucho de ser un ensamblado perfecto pero eso también es parte del género y del subgénero. La narración va hacia adelante, si en el camino quedan algunos cabos sueltos, el espectador entenderá que esto no es una pieza de relojería artística. Por poner solo un ejemplo muy conocido, hoy sabemos que Michael Curtiz era consciente de todos los errores de Casablanca y decía “lo hago ir tan rápido que nadie se va a dar cuenta.” Se equivocaba: nos damos cuenta. Pero acertaba si pensaba que eso no dañaba nuestro interés por la película. De la misma manera que aceptamos que en el Martín Fierro los gauchos hablen en verso, aceptamos esas convenciones sin las cuales no podríamos ver ninguna película.

Segunda cuestión: la queja contra los efectos especiales, contra el “alto impacto y el poco contenido” y la edición vertiginosa no tienen mucho sustento y resultan críticas sosas y anacrónicas. Todo esto es ya parte del cine y resulta tradicional que algunos críticos vetustos cuando van a ver una película de superhéroes o de robots gigantes o de cowboys versus aliens, o de aliens versus el resto del mundo, avisen que no se trata de una obra maestra del séptimo arte. No, es verdad, Suicide Squad no tiene la hondura metafísica de Igmar Bergman, el “contenido” de las películas de Edgar Reitz y es verdad que recurre a efectos visuales y de sonido para conmovernos y despertar nuestro interés. ¿Por qué? Justamente porque eso es lo que ofrece como película de género. Véase, de paso, el excelente trabajo de edición del trailer, que no logra, obviamente, mantenerse en la película.

Me parece que estos recursos melifluos de cierta crítica deberían ya darse por superados. ¿Siguen ahí? Hay que resignarse y soportarlos. Sin embargo, mucho más me interesa cómo lee Casals el personaje de Harley Quinn. La describe como “nueva heroína” y luego como “infantilizada a través de su sobre-libidinización” y agrega que existe una “industria que insiste en infantilizarlos y en des-libidinizar su objeto de estudio.” ¿Habla de los personajes? Esto es un poco contradictorio. Pero sigamos.

La chica punk es más vieja que el punk. Hay una larga tradición de Harleys Quinns en el cine y en toda la cultura popular. De hecho la película trabaja bien lo femenino con varios guiños a estas cuestiones. Harley Quinn es la bruja impertinente, irónica, blanca, vital. Y la mala es una bruja negra, oscura, dañina. Ambas son peligrosas pero de maneras diferentes y entre ellas se dirimirá el final. Pero en otro pliegue más de la película queda claro que la verdadera mala no es ni la bruja oscura ni la bruja brillante sino una funcionaria sin moral que nos recuerda demasiado a Condoleezza Rice. Harley le pregunta en su momento a esta mujer si es el diablo y ella le responde “tal vez.” Hay mucho más para decir del rol de las mujeres en la película pero Casals prefiere ignorar estas lecturas. Y agregaría que ignorar es una de las constantes de su nota. Ahora bien, cuando dice que Harley Quinn es la nueva Amélie ya ahí pierdo el hilo de la argumentación. No se trata de una hipótesis menor, más bien al contrario. Está en el título de la nota y el centro de la opinión de Casals.

Para Casals, Harley Quinn está “sobre-libidiniza” y, pensando rápido, ¿qué hay menos libidinal que Amélie? Hagamos una simple reconstrucción. Amélie es la chica tímida, que no coge o que coge poco, que está siempre impecable, que usa vestiditos y ama París. Harley Quinn es la chica sucia que cae presa, que se cuelga de una jaula y que anda con un palo peleando al lado de hombres armados. Recato contra locura. Lo predecible contra lo impredecible. Recuerdo la escena de la verdulería en la que Amélie lamenta no tener amigos escondidos a lo largo de la ciudad para que, frente al maltrato de un verdulero grosero, le susurren la réplica adecuada. La reacción de Harley Quinn sería más bien de una poco premeditada violencia lúdica y cruel. En el medio entre estos dos extremos hay muchos matices y los conocemos. En YouTube se puede ver un famoso estudio sobre el tema que no por idealizante y abstracto deja de ser herramienta útil. Todos hemos salido en diferentes momentos de nuestras vidas con chicas que copian algo de Amélies y con chicas que copian algo de Harley Quinn. Y, lo sabemos, son bien diferentes.

Pero, ¿por qué generar esa asociación? ¿Es una especie de Kant con Sade lo que quiere hacer Casals? Si es eso, no le sale. Lo cito: “Harley, por supuesto, es un fenómeno. Pero no uno necesariamente nuevo. Lo vimos en 2001 y durante años a partir de entonces. Chicas de “espíritu libre”, con el cortecito de pelo de interna de cotolengo y un comportamiento aniñado que bordeaba el estancamiento madurativo, clones de la protagonista de Amélie: miles de mujeres, en todo el mundo, que habían tomado como ‘role model’ a la pixie girl francesa por excelencia. Hoy, sin embargo, el flequillo, los cachetes y la sonrisita de bocca chiusa mutaron al pelo blanco con puntas de colores, el maquillaje blanco clown y la risa maníaca. Así es, Harley Quinn es la nueva Amélie.”

Que Amélie era insufrible y uno está esperando todo el tiempo al ver la película que algún rezagado oficial de las SS entre en París y le pegue un tiro en la cabeza estamos de acuerdo. Nada más irritante que el boom de la natalidad de los años 50, esa alegría de vivir y la chanson francesa. Véase para mayor clarificación “Jacques Prévert est un con” de Michel Houellebecq. Y agrego que los clones vernáculos de Amélie también eran o son insoportables. Véase Rosario Bléfari o Nora Lezano. Pero Casals insiste: “(…) mucho más atractiva para el público masculino, claro, pero eso es porque las medias de red y las credenciales de chica cool funcionan con ella o con cualquier otra. Sin embargo, lo que en verdad es importante ahora es esto: el “fenómeno Harley” no es masculino sino femenino.”

Y luego condena la identificación de las mujeres actuales con Harley Quinn. Así las cosas, identificarse con la Harley que mata, que pelea, que se ríe y se divierte es un gesto “histérico.” Si a Casals lo que le molesta es que las mujeres se identifiquen con otras mujeres que ven en el cine, temo que esa molestia persistirá. Y si el malestar es que se imite a una loca que anda armada, y no, por ejemplo, a Marie Curie, me gustaría decirle que pasar de imitar a Amélie a Harley Quinn es un gran avance.

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Pero para no perderme pregunto, ¿está sobre-libidiniza o no? ¿Es un fenómeno femenino o masculino? ¿Está mal que las mujeres se identifiquen con ella? ¿Por qué tanta tirria contra la hermosa y sensual Harley Quinn a la que Margot Robbie le da tan buen cuerpo y humor y que, sobra decirlo, se roba la película? ¿Por qué esa necesidad de asociarla a la insípida Amélie, de rebajarla, reducirla, casi de esterilizarla? Es como si Casals dijera: “chicas, si copian a Harley van a terminar copiando a Amélie”, lo cual desde luego es falso.

Sigo preguntando por qué el encono y entonces es cuando alguien me sopla que Casals es homosexual y está a punto de celebrar su matrimonio. “No, no puede ser” pienso. ¿Qué tiene que ver eso con la lectura que hace de la película? Pero, para el caso, la pregunta también podría plantearse así: ¿qué tienen que ver Harley Quinn y Amélie?  Como dije, son más bien, arquetipos opuestos. No voy a decir que los gays odian a las mujeres hermosas porque es falso, ni que los gays odian a las mujeres libres, lo cual ya es menos falso, pero hay algo en el personaje de Harley Quinn que irrita a Casals. Y ahí entonces recuerdo que ella es muy trash y muy punk pero ama al carismático Guasón que hace Jared Leto. Lo ama de forma completa, incondicional. Creo que es acertado que aparezca poco ese Guasón y que se lo guarden para otra película. Me gusta que coloree la historia, que aparezca y desaparezca, que la torture, la socorra y la ame en esa hermosa subtrama de amor. Harley y el Guasón, juntos, separados, buscándose y haciendo cualquiera. Dárgelos supo resumirlo con un verso: “Soy muy puta y no trabajo para vos.”

La Harley Quinn de Margot Robbie, entonces, no es promiscua, ama y es amada, es violenta y sabe odiar. Capitán Bumerang se lo dice clarito: “Sos linda por fuera pero fea por dentro” y eso hoy es todo un elogio. Significa que es atractiva pero implacable, magnética pero cruel. Aunque enseguida nos damos cuenta de que en realidad Harley es mucho más. ¿O no sentimos como un triunfo propio el final de la película? 

Los psicologismos, y no de buena calidad, están diseminados por toda la columna de Casals. Incluso él se da cuenta y pide disculpas primero por citar a Lacan y luego por citar a Freud. Pero yo no diría que acá el tema es el resentimiento sexual o la poligamia reprimida que surge como una tradición frustrada. Lo que sí haría es pedir que no se nos subestime, que no se lea de forma tendenciosa, diciendo que son parecidas cosas que son opuestas, y también que no se intente opacar nuestras fantasías que a veces tienen la forma de una película berreta donde los malos al final son buenos pero nunca, jamás, son ingenuos o sumisos.///PACO