Libros


Tedio chino con Federico Jeanmaire

 

El talento no se puede discutir. Pero el aburrimiento sí. Y tal vez es la crítica más justificada que pueda hacerse a Tacos altos, la última novela de Federico Jeanmaire (Baradero, 1957). Lo más curioso de la novela -por lo demás impecable- es que el tedio que produce su lectura es producto de cómo el autor decide trabajar una idea en principio original. La novela se centra sobre un tema poco y nada transitado por la literatura argentina: los inmigrantes chinos y la identidad de sus hijos. Tacos altos cuenta la historia, en formato “diario” y en clave novela de iniciación, de Su Nuam -o Sonia, como la llaman sus amigos y vecinos en Argentina-, una adolescente hija de chinos que tras vivir una década en Glew, y luego de una tarde de violencia implacable, vuelve a Suzhou, China, a vivir con sus abuelos paternos. Pero una inesperada propuesta de trabajo le permitirá volver pronto a Buenos Aires para encontrarse a sí misma y tal vez justicia y venganza.

Tacos-Altos

El talento no se puede discutir. Pero el aburrimiento sí. Y tal vez es la crítica más justificada que pueda hacerse a Tacos altos.

Todos hemos escuchado o leído la frase de Voloshinov que dice que el signo es la arena de la lucha de clases, y desde este punto cabe preguntarse, entonces: ¿qué batallas deben librarse en la literatura? O inclusive -y este es un debate muy antiguo- si la literatura debe mantenerse neutral a estas luchas. En este contexto, tratando de dar una batalla, Tacos altos parece ser un intento tímido -y fallido- de dar voz y visibilidad a un sector innegable de la sociedad, un sector que apenas ha tenido su literatura en el país. Pero a pesar de una ejecución prolija -se nota que Jeanmaire es un narrador de experiencia-, algo que se puede apreciar, paradójicamente, en los errores gramaticales de Su Nuam en su cuaderno al confundir los tiempos verbales, a pesar, digamos, de estas virtudes formales la desilusión, lo que se impone es el tedio. Algo que surge del uso de Jeanmaire de todos los lugares comunes del imaginario argentino sobre la cultura china y sobre la vida de los chinos en Argentina para la construcción de la novela. La familia, entonces, se instala en el conurbano, tiene un supermercado, trabaja duro y padece la inseguridad, mientras en China vive un abuelito sabio -símbolo inocuo del respeto a los mayores que atribuimos a las culturas orientales- con una opinión sobre todo. En el medio, Su Nuam descubre que ser inmigrante no es fácil y tiene problema para dilucidar si es china o argentina, y todo eso mientras los chinos prefieren ser pacientes y disciplinados mientras que los argentinos son ventajeros, etc.

Suzhou.original.4201

La desilusión se genera en el tedio de la utilización de todos los lugares comunes sobre la cultura china.

En definitiva, todos los prejuicios que tenemos antes de leer Tacos altos resultan confirmados por Tacos altos, y esto no puede generar otro sentimiento -al menos para un lector no xenófobo- que no sea el aburrimiento o la indiferencia.  De esta manera -y dejando de lado la posibilidad de un compromiso social, que importa poco-, Jeanmaire, lamentablemente, se queda corto en su propuesta. Lo que presenta es un libro sobre una cultura de la que sabemos poco, y quien tenga la paciencia para terminarlo apenas va a saber un poco más. Jeanmaire, por su lado, dijo en una entrevista reciente en Revista Polvo que “leí muchas cosas sobre la cultura china, pero la verdad es que no investigo para escribir mis libros”. Tacos altos no hace más que afirmar sus palabras///////PACO