1- Masa

Es muy difícil estar o pronunciarse en contra de la consigna de la marcha. Ni Una Menos opera sobre un mínimo denominador común que, sin arrugas discursivas ni riesgos ideológicos, la posiciona como un espacio sano y salvo para la conciencia del buen pensar germinado, con abono estatal, en los últimos diez años. Propone igualar en un único sentido la sensibilidad de la clase media y, gracias a la necesidad de cumplir con el mandato de pertenencia de la corrección política, esgrime lemas en contra de todas las formas de violencia ejercidas contra la mujer. Del aborto ilegal a la discriminación laboral. Del femicidio a la cosificación televisiva. La masa que se moviliza bajo el motivo de Ni Una Menos interviene desde una posición moral profiláctica: “a favor de todo lo bueno y en contra de todo lo malo”. La toma de posición es de rigor, obligatoria incluso para aquellos que no son partícipes. Por supuesto que matar está mal. Por supuesto que violar está mal. Por supuesto: no queremos que eso le pase a nadie más. En ese sentido, Ni Una Menos funciona y las pruebas son concluyentes. Están en el centenar de fotos que, previo a la movilización multitudinaria de junio de 2015, las figuras mediáticas más diversas y los personajes políticos más influyentes se encargaron de divulgar. De La Mona Jiménez a Gabriela Michetti. De Aníbal Fernández a Flor de la V. De Cecilia Pando a Julia Mengolini. De CFK a Macri. Hay lugar para todos bajo el paraguas de la buena voluntad.

maxresdefault

Es difícil estar o pronunciarse en contra de la consigna de la marcha. Ni Una Menos opera sobre un mínimo denominador común que, sin arrugas discursivas ni riesgos, la posiciona como un espacio sano y salvo para la conciencia del buen pensar germinado en los últimos diez años.

2- Omisión

Ni Una Menos es toda la retórica anterior y mucho más: también es lo que calla. Es, ante todo, la discusión sobre clase que no se tiene. Sobre trabajo. Sobre emancipación. Sobre dinero. Sobre la distribución material de los recursos. Sobre poder. Hay un silencio que, si se observa con atención, se revela tímidamente: no se anima a exponer las dificultades que presenta el “mercado patriarcal” más allá de la violencia y la fatalidad. La congregación, contemplada como un hecho expiatorio, se muestra efectiva en tanto no problematice la otra agenda oculta tras la disputa de género. ¿Quiénes se prestarían a organizar con el mismo entusiasmo un debate serio que en primer lugar cuestionara la distribución y demandara la redistribución de los recursos, y recién después se ocupara de lo cultural y lo simbólico? La conciencia de género se impone sobre la conciencia de clase porque mientras la primera tiende a la (sensación de) igualdad, la segunda se apoya en la diferencia. Y en este marco el idilio de comunión de Ni Una Menos dejaría de funcionar. Se fisuraría, como sucedió dentro del mismo grupo organizador, la receta infalible del Je suis.

8-de-marzo

¿Quiénes se prestarían a organizar con el mismo entusiasmo un debate serio que en primer lugar cuestionara la distribución y demandara la redistribución de los recursos, y recién después se ocupara de lo cultural y lo simbólico?

3- Red

Lo que primero se suscitó a través de lecturas en un reducido ámbito cultural, se popularizó después a través de las redes sociales. En manos de mujeres influyentes con una marcada capacidad de tracción, y gracias al poder de efervescencia virtual, Ni Una Menos fue transformado, por momentos, en un objeto de consumo. Twitter sirvió como una gran herramienta para la viralización en lo inmediato. Facebook se utilizó para divulgar un contenido más propagandístico. Las redes sociales se convirtieron en la palestra para la práctica del contagio, la convocatoria y la exhibición de militancia. No vale la pena perder el tiempo en indagar si Ni Una Menos hubiera sido posible sin la ofrenda de este nuevo “espacio público”. Lo que sí tal vez sea digno de mención son las reflexiones que emergieron tras la aparición, ocho kilómetros al sur de Bahía Blanca, del cuerpo de Micaela, asesinada a los 12 años por Jonathan Luna. Es culpa de Facebook, del Estado, del servicio penitenciario, del machismo, incluso de sus padres. La creencia latente de los últimos años dictamina que todos somos culpables junto al culpable, todos somos víctimas junto a la víctima. Pero a pesar de los sentimientos de culpa y el bozal que impone la corrección política, todos sabemos que no es así. Pero esta es la noción que se propaga a través de las mismas redes sociales que tecnopolitizan y fomentan la conciencia de género.

ni_una_menos.jpg_2127846270

La creencia latente de los últimos años dictamina que todos somos culpables junto al culpable, todos somos víctimas junto a la víctima. Pero a pesar de los sentimientos de culpa y el bozal que impone la corrección política, todos sabemos que no es así.

4- Grieta

La ley de protección integral a las mujeres (Nº26.485) se sancionó el 11 de marzo de 2009, días después del discurso de apertura de sesiones legislativas en el que Cristina Fernández de Kirchner hizo alusión a lo difícil que era ser mujer y estar sentada en su lugar –y aclaró “no quiero victimizarme porque no es mi costumbre”. Los años posteriores a esa sanción y a ese discurso, sin resultados efectivos sobre las urgencias de género y como acto reflejo a la aparición del cadáver de Chiara Páez, dieron paso a la creación del movimiento Ni Una Menos. En un panorama político, económico y social totalmente opuesto al de la década ganada, y en una fase de “transición” –y que espera con ansiedad un segundo semestre–, la marcha de hoy puede suscitar una primera gran pregunta: ¿le interesa al gobierno de Mauricio Macri apropiarse de esos espacios simbólicos donde se atrinchera el kirchnerismo residual? Algunas hipótesis. Si lo que pretende el PRO es hacer extensivo el modelo ideológico de gobierno de los últimos ochos años en la Ciudad de Buenos Aires al resto del país, entonces es momento de cincelar el epitafio del Estado de derecho que venía articulándose durante la década que lo precedió. Si, por el contrario, prefiere capitalizar el oportunismo para dar el batacazo, el paisaje de las mujeres posterior a la edición 2016 de Ni Una Menos podría cambiar. La tercera hipótesis, temida y posible, es que el correlato de dos fuerzas ideológicas y políticas opuestas, la kirchnerista y la macrista, puedan coincidir en los temas que más interpelan y convocan a la sensibilidad del siglo XXI. Ese es el peor escenario: la agenda de género naufraga en la falta de interés y de voluntad política de las aguas no partidarias.

ni-una-menos

El periodismo feminista del oficialismo debería dejar de escribir nimiedades intimistas y tomar, en cambio, posturas políticas sobre temas de género centrales.

5- Canibalismo

Ahora algunas salvedades individuales en torno a los participantes de Ni Una Menos y los lugares comunes de la militancia. Es muy posible percibir grandes surcos entre el discurso y la praxis. Estas distancias, evidenciadas también a nivel Estado, se filtran por las napas para alcanzar inevitablemente posturas, sin dudas, canibalizantes. Hoy el grito de Ni Una Menos toma el espacio público. Pero, ¿qué ocurriría si se honraran al menos un tercio de todas esas demandas en lo cotidiano y en lo personal? Marta Dillon escribiría la tapa de Las 12 que en su momento le negó a la gobernadora María Eugenia Vidal. Barcelona, dirigida por Ingrid Beck (organizadora de NUM), reflexionaría sobre la cosificación “sarcástica” que hizo sobre la indefendible Cecilia Pando y no sólo sobre la vulneración de la libertad de expresión. Los varones que van a la marcha dejarían de usar el título de feministas para levantar minas. Las redes sociales dejarían de funcionar como juzgado y tribunal. Las mujeres disconformes con la desigualdad salarial se plantarían en la oficina de RRHH. Otras, en vez de bajar la cabeza, se animarían a mandar a la mierda a sus superiores machistas. El tamaño del culo de Wanda Nada dejaría de ser noticia. Las chicas con el prefijo #NiUnaMenos en sus cuentas de Twitter dejarían de mirar Showmatch. Dante Palma y los que son como él no encontrarían novia tan fácilmente. El periodismo feminista del oficialismo dejaría de escribir nimiedades intimistas y tomaría, en cambio, posturas políticas sobre temas de género centrales. En tanto la militancia no se atreva a alinear con coherencia las exigencias y los pregones ideológicos junto a la praxis individual, quedará atrapada en túneles discursivos. Eso significa que seguirá siendo funcional a todo lo que no tiene interés en modificar la realidad///////PACO