A poco más de un mes de la fiesta Time Warp donde cinco personas perdieron la vida a causa del consumo de drogas sintéticas,  la investigación a cargo del juez Casanello y del fiscal Delgado avanza, ya con  71 imputados, cuatro detenidos, tres procesados y tres prófugos, en un amplio abanico de responsabilidades, entre empresariales y estatales. La tragedia volvió a abrir el debate sobre varias cuestiones que venían latentes en la sociedad y que particularmente se abrieron desde la tragedia de Cromañon: el consumo de drogas, la legalización y el control de calidad de las mismas, las fiestas de la juventud, los controles del gobierno para las habilitaciones y las condiciones que los empresarios someten a los usuarios en sus fiestas, desde el poco suministro de agua hasta la sobreventa de entradas.

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Como saqueadores de tumbas de discursos olvidados, el PRO acudió a esgrimir un posicionamiento similar al que utilizó Aníbal Ibarra en Cromañon.

La investigación judicial está centrada en tres ejes: los organizadores de la fiesta, Dell Producciones, por la cual están detenidos su presidente Adrián Conci, y los apoderados de la firma Maximiliano Ávila y Carlos Garat, como a su vez el abogado y empresario Victor Stinfale, supuesto organizador “invisible” de la rave; en segundo lugar se encuentra la responsabilidad de la Prefectura Naval, de los 71 imputados 54 eran de esta fuerza, de los 54 hubo 35 detectives dentro de la fiesta esa noche que no impidieron la venta de drogas y de los 35 efectivos 25 eran detectives de civil del Departamento Investigaciones del Narcotráfico de Prefectura; por último entre los imputados hay cuatro empleados del gobierno porteño: el gerente de Eventos Masivos de la Dirección General de Fiscalización y Control de la Ciudad, Claudio Iacobaccio, y de los inspectores Fernán García Vazquez, Gustavo Herms, Néstor Cella y Pablo Fontanellas. Pero un lado curioso que afloró de la tragedia es el lineamiento discursivo que adoptó el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para defenderse de posibles responsabilidades. Como si se trataran de unos saqueadores de tumbas de discursos olvidados y sepultados el PRO acudió a esgrimir un posicionamiento similar al que utilizó el ex Jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra en lo referente a la tragedia de Cromañon. Este interesante ejercicio de doblepensar político -utilizando el efectivo término creado por Orwell para 1984– o de, sencillamente, hipocresía demuestra otra vez como en la política argentina los discursos no responden a lineamientos ideológicos si no a cuestiones meramente pragmáticas y ligadas a las situaciones comunicativas.

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Horacio Rodriguez Larreta intentó desviar las responsabilidades hacia la cultura joven y a lo que él llama “un problema más profundo”.

El PRO, al igual que Ibarra, insisten en la paradoja que se genera entre lo que ellos dicen que sucedió esa noche (el GCBA insiste que el predio de Costa Salguero estaba totalmente habilitado y en regla y que se hicieron las inspecciones pertinentes antes y durante la fiesta y que la capacidad siempre estuvo por debajo del máximo permitido) y lo que sabemos por los testimonios de las víctimas y los concurrentes (venta irrestricta de drogas, hacinamiento, sobreventa de tickets, calor excesivo, poco acceso al agua y a los baños). Por otro lado, al igual que Ibarra antes de su juicio político con lo referente a la “cultura del aguante”, el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, intentó desviar las responsabilidades hacia la cultura joven y a lo que él llama “un problema más profundo”, es decir, el de las adicciones.

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La salida de Ibarra allanó de una vez por todas el camino para el desembarco en 2007 del PRO en el GCBA.

Pero lo que genera el relieve hipócrita de la actitud tomada por el PRO ante lo sucedido en la Time Warp es justamente su desempeño en los años de la tragedia de Cromañon y el juicio político a Aníbal Ibarra. Vale recordar que el lobby del PRO y del propio Mauricio Macri fueron esenciales para lograr el juicio político y que los votos de los legisladores PRO junto con los del ARI fueron decisivos para conseguir en marzo del 2006 la destitución de Ibarra como Jefe de Gobierno. La salida de Ibarra, que no olvidemos que derrotó en las elecciones porteñas de 2003 a la fórmula Macri-Larreta, allanó definitivamente y de una vez por todas el camino para el desembarco en 2007 del PRO en el GCBA. Desde luego las condiciones son muy distintas en 2016 a las que había a mediados de la década pasada y eso puede explicar cómo el mismo aparato discursivo haya llevado a Ibarra a la muerte política y a la vez le permita, hoy en día, al gobierno porteño sortear molestias sin ninguna dificultad. Recordemos que en 2005 y 2006 Ibarra llegaba como el último eslabón que quedaba del desintegrado y fallido FREPASO que había  desaparecido con la explosión de la Alianza y de De la Rúa en el 2001 mientras que el escenario actual para el PRO es mucho más prometedor y sólido al haber logrado, en las últimas elecciones, la trinidad de la política argentina: Nación, CABA y Provincia de Buenos Aires. Por lo pronto las investigaciones continúan///////PACO