El miércoles 12 de agosto mediante el decreto 1625/2015 publicado en el boletín oficial María Delfina Rossi, hija del ministro de Defensa Agustín Rossi, fue nombrada directora del Banco Nación de la República Argentina. Con tan sólo 26 años será la miembro más joven del directorio. María Delfina nació en 1988 en Rosario y desde el 2002 vive en Barcelona. En su cuenta de Twitter se autodefine como “Nacida en Rosario, Argentina. Politizada en Barcelona”. Su militancia política comenzó con las protestas contra el apoyo español a la guerra de Irak para luego ingresar al partido Cataluña Verde, de tendencia ecologista y de izquierda, donde logró una exitosa carrera dentro de sus filas. El año pasado fue candidata a eurodiputado pero debido a su retrasada posición en la lista no logró conseguir su banca. Su carrera profesional también se ve teñida por su carrera política ya que durante sus últimos tres años fue asesora del eurodiputado Raúl Romeva y actualmente es investigadora en Estados Unidos.  Aunque su carrera política y laboral es la esperable para una joven militante lo que sorprende es su abultada formación académica. Estudió Economía en la Universidad de Barcelona, una maestría en su área en Florencia, Italia, un posgrado en Ciencias Políticas y Gobierno en la Universidad de Londres y continúa ahora su formación, como dijimos, en Estados Unidos con una Maestría en Asuntos Públicos en la Universidad de Austin, Texas. Como es esperable, en una sociedad tan predispuesta a la indignación, su nombramiento como miembro del directorio del BNA generó un amplio revuelo en los medios de comunicación y las redes sociales, comentarios ofensivos en las páginas de los diarios y facebook, inclusive una colecta de firmas en change.org para que renuncie. ¿Qué es lo que se critica a Delfina? Justamente todo lo que pusimos arriba. Que es joven, muy académica, e inclusive que su formación no es en finanzas ni bancaria (?), y su breve experiencia laboral. En cuestión, tenemos una joven prometedora, ultra preparada académicamente y con una carrera política correcta para la edad que tiene. ¿Cuál es tanto el problema? La cuestión es difícil de desenredar ya que se mezclan todas las variantes: preparación laboral, académica y portación de apellido, pero igual vamos a intentarlo, vayamos por partes.

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En su cuenta de Twitter se autodefine como “Nacida en Rosario, Argentina. Politizada en Barcelona”.

Primero vamos a puntualizar algunas cuestiones. ¿Está Delfina calificada para el trabajo? Sus credenciales académicas dirían que sí. ¿Es muy joven para el trabajo y le falta experiencia laboral? Probablemente. ¿Consiguió Delfina su puesto por ser la hija de Rossi? Absolutamente sí. ¿Debemos agarrarnos la cabeza de indignación por algo tan monstruoso? Puede ser, pero si así lo fuera deberíamos agarrarnos la cabeza constantemente ya que muchos de los vicios democráticos que se encuentran en el caso de Delfina son moneda común en el ámbito local. Lo interesante de este ejemplo no es analizar a fondo los méritos o no de esta chica, sino qué nos dice de la política local, qué refleja de nuestras prácticas como miembros democráticos. El nepotismo, la falta de preparación y la poca experiencia son algo muy común entre nuestra clase dirigente en constante proceso de degradación. A principios de 2010, Juan Carlos Fábrega fue nombrado presidente del Banco Nación tras cumplir 41 años trabajando para dicha institución. Durante su extensa trayectoria pasó por todos lados, desde gerente de la AFJP Nación hasta tener a su cargo la gerencia general del banco. El 18 de noviembre de 2013 fue nombrado presidente de Banco Central de la República Argentina sustituyendo a Mercedes Marcó del Pont, enroque festejado por los principales agentes del sistema financiero. El Senado aprobó por unanimidad su designación con 56 votos a favor, una abstención y cero votos en contra. El único detalle que se nos olvidó mencionar en este párrafo es que Juan Carlos Fábrega jamás fue a la universidad. Su máximo título académico alcanzado fue el de nivel secundario. De esto se desprende el primer interrogante ¿nadie se escandalizó por la designación de un funcionario sin credenciales académicas como responsable máximo de la institución que debe velar por respaldar el valor del peso argentino? De hecho, no. “Juan Carlos Fábrega: el fiel empleado llegó a la cima del sistema financiero” titulaba el diario La Nación el 19 de noviembre de 2013 bajando una línea de cierto heroísmo, trayectoria y culto al esfuerzo. Tan solo dos meses después, Fábrega devaluó el peso argentino un 16% en una semana generando que los bancos argentinos ganaran en enero $9.700 millones más tan solo por la revalorización de sus activo dolarizados.

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Juan Carlos Fábrega jamás fue a la universidad. Su máximo título académico alcanzado fue el de nivel secundario. ¿Nadie se escandalizó por la designación como responsable máximo de la institución que debe velar por respaldar el valor del peso argentino?

¿Es la educación académica un baluarte de nuestra clase política y dirigente, un requisito indispensable a la hora de ocupar cargos públicos? No pareciera ser así. Un breve repaso por los precandidatos de las pasadas PASO a presidente (sí, presidente) nos lo demuestra. Scioli recién ahora retomó sus estudios en la UADE para terminar su Licenciatura en Comercio. Massa terminó sus estudios de abogacía en la UB recién en el 2013 a los 41 años, luego de ya haber sido intendente y jefe de gabinete.  Macri es ingeniero civil por la UCA. Tal vez, la que tenía la formación más completa e interesante era la eterna perdedora Elisa Carrió que apenas sacó unos puntos y quedó eliminada de la carrera presidencial. La chica Rossi les gana a todos con sus estudios. ¿Qué pasa con la experiencia laboral? Es un tema más delicado pero casos de jóvenes que logran triunfar en el ámbito de la economía local existen, un buen ejemplo es Axel Kicillof que antes de ejercer sus cargos públicos contaba sólo con formación académica y trabajos de investigación universitaria y llegó a ser el actual Ministro de Economía. Y tampoco se escucharon voces disidentes gritando en el cielo cuando arrancó en la gestión pública. Además, como alguna vez dijo Bonavena: “La experiencia es un peine que te dan cuando te quedas pelado.”

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Los apellidos, la designación de parientes, las dinastías políticas, son algo común en Argentina, y no son sólo una estampa propia del kirchenerismo.

En el fondo lo que pareciera ser realmente urticante es el hecho del nepotismo, que llegue solamente siendo ‘la hija de…’. Pero otra vez esta cuestión se vuelve ilusoria y difusa. Los apellidos, la designación de parientes, las dinastías políticas, son algo común en Argentina, y no son sólo una estampa propia del kirchenerismo, que eso sí, abusa mucho de él. Si buscamos un ejemplo fuera del oficialismo es sencillo encontrarlo en el intendente de Vicente López, Jorge Macri. Que además no tiene estudios universitarios completos, abandonó la carrera de Arquitectura. Pero si pensamos un poco más hay más apellidos. Los Alfonsín, los Rodríguez Saá. Aunque en estos casos no son designados a dedo el impulso y el acceso que dan sus apellidos generan un efecto aurático innegable que los catapulta ante un electorado abierto a tales relaciones. Podemos buscar afuera también, para que veamos que no es una práctica que monopolizamos. Ahora mismo en Estados Unidos Jeb Bush, hijo del presidente Bush y hermano del presidente George Bush, es precandidato por el partido republicano para acceder a la Casa Blanca. Entonces, si no le exigimos tanto a los candidatos que tenemos la posibilidad de votar, si les pedimos tan poco cuando es nuestra decisión, si no nos indignamos en casos similares: ¿por qué la opinión pública, ese fantasma chillón, se desgarra en indignación cuando es elegida por el poder ejecutivo para ser directora del BNA, un cargo que a nadie le importa, una muchacha con mejor formación académica que casi todos los candidatos a presidente y una experiencia laboral insuficiente pero no nula, por el antiguo y muy abusado, en nuestro país, proceso del nepotismo? ¿Por qué si a unos le pedimos tan poco a ella le pedimos tanto? ¿Será porque no promete devaluar y dejar ganancias millonarias? Tampoco. Es probable que el sentimiento que anima esta ola de indignación no sea una moral cívica intachable, ni un sentimiento que procura cuidar de uno de pilares de la democracia como es la meritocracia. No, no. Lo más probable es que el sentimiento oculto que anima la indignación ante el hecho de que una piba de 26 años gane 60.000 pesos al mes, sea uno más llano, más humano, como la más pura de las envidias/////PACO