Estados Unidos es el país de las ilusiones. Con ellas bajaron del Mayflower y corrieron al indio hasta el horizonte, inventaron la democracia y la reemplazaron por el Imperio. Pero también de ilusiones rotas el país ha construido sus cimientos telúricos. No existe área del planeta tan tematizada y exportada por el cine, la música y la literatura. Estados Unidos es las mil y un películas sobre Nueva York, el medio oeste de Fargo, el Miami de Baywatch y Scarface, el narcocorrido texano de Breaking Bad y la Baltimore nigga de The Wire. True Detective ha incluido dos escenarios más: el pantano siniestro de Louisiana y la eterna fiebre del oro en California. El domingo por la noche finalizó su segunda temporada.

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Nic Pizzolatto, único guionista de la serie, resume su infancia y juventud de la siguiente manera: “el lugar donde crecí [Louisiana] te ofrece la violencia como idioma común en el medio del creole francés y el cajún”.

Nic Pizzolatto, único guionista de la serie, resume su infancia y juventud de la siguiente manera: “el lugar donde crecí [Louisiana] te ofrece la violencia como idioma común en el medio del creole francés y el cajún que se habla allá. La violencia como una retórica de la vida cotidiana.” Graduado en literatura, tuvo un infructuoso paso por el equipo de guionistas de The Killing antes de enviar a HBO una adaptación para TV de su novela Galveston, donde está el espíritu oscuro de la serie. Quizás este total control sobre el guión, algo inédito para la industria, sea la clave del suceso que viene generando en la audiencia. En un punto, Pizzolatto decidió que la trama de True Detective no le debe muchas explicaciones al televidente: un orden violento y pretérito amenaza constantemente a los personajes y los enreda para que no puedan escapar. Lo siniestro, lo desconocido, lo inexplicable: a plena luz del día o en la noche perversa, las ilusiones norteamericanas rompen el dique, inundan todo y lo que quede se pudrirá.

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La brutal muerte de un importante funcionario estatal pone de manifiesto la carrera febril por una multimillonaria licitación fraudulenta de tierras a explotar.

Si la primera temporada fue un éxito, se debe a motivos que la segunda intenta repetir, con resultados dispares. El espectacular trabajo de Matthew McConaughey y Woody Harrelson en 2014 como investigadores trastornados por una serie de asesinatos rituales irresolubles en Louisiana esconde una idea subyacente muy bien trabajada. Pizzolatto encuentra en ese escenario una expresión del gótico sureño, esa literatura donde el yanqui blanco que teme al sur negro, viejo y pobre de las plantaciones confederadas. Ese miedo a lo que no se puede entender representado con genialidad, este año viene por el lado de un verdadero policial negro en una zona industrial de California. La brutal muerte de un importante funcionario estatal pone de manifiesto la carrera febril por una multimillonaria licitación fraudulenta de tierras a explotar. La eterna fiebre del oro. El oro para la descendencia, para un futuro mejor que este.

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La dirección de Justin Lin cambia el ritmo con giros efectistas que quizás desilusionen.

Es lo que une a los protagonistas: ya sean padres o hijos, algo está roto. Vince Vaughn, un mafioso que no puede engendrar con su esposa y es traicionado en su intento por limpiar su capital; Colin Farrell, un detective atormentado por la posibilidad de que su hijo sea fruto del violador de su ex esposa; Taylor Kitsch, agente de caminos culpógeno con un pasado de black ops; y una excelente Rachel McAdams, policía machona que lidia con su padre pastor new age a fuerza de cuchillazos. Todo pasará por lo que significa ser hombre en momentos límite. Le abrirán la caja de Pandora  a poderes enormes frente a los que el individuo poco puede oponer. La dirección de Justin Lin –Rápido y Furioso– cambia el ritmo del relato respecto a la primera temporada, con más giros efectistas que quizás desilusionen pero con el paso de los episodios se sostiene. Y la excelente banda de sonido incluye a los dos reyes de la voz siniestra: Leonard Cohen y Nick Cave. True Detective, una maraña de misterios que de tan difíciles de resolver, empieza a investigar por dentro, poniendo a prueba los nervios y, como heredamos del castellano neutro, las agallas. A ver quién tiene el aguante para mirarse en serio al espejo///////PACO