“Yo quería ser parte de la NBA porque disfruté los juegos Sixers cuando era joven”. Así podemos comenzar la historia del ex arbitro de la NBA Tim Donaghy, quien cumplió una sentencia de 13 meses en una cárcel federal de los Estados Unidos, acusado de vender información privilegiada para casas de apuestas. Donaghy reconoció ante la Justicia recibir guita de un jugador profesional a cambio de información privilegiada sobre logística de la NBA -incluyendo partidos que él dirigió-.

Hasta acá la historia de alguien que hizo las cosas mal, que fue tentado por el lado oscuro. Sin embargo, Tim Donaghy permitió pensar mucho más allá de las posibilidades de corrupción que ofrece el universo de las apuestas -legales e ilegales- en el deporte. El ex árbitro oriundo de Filadelfia puso sobre la mesa una verdad vox populi que nadie está demasiado interesado en discutir: el trato privilegiado que tienen las superestrellas del deporte tanto adentro como afuera de la cancha en función del business.

“Las personas vienen y pagan mucho dinero para ver gente como Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, LeBron James”, cuenta Donaghy en una entrevista con The Guardian. “Tenés que asegurarte cuando pitás una falta contra una superestrella, que no podés dejar pasar, de cobrársela a otro jugador que está cerca”, cuenta el ex árbitro, interesado en manifestar algo obvio: lo que importa es el negocio. Con un sentimiento de culpa naïf, Donaghy intenta decir que la NBA debe reconocer que el deporte es puro interés económico.

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Autor de “Falta personal: el relato en primera persona del escándalo que sacudió a la NBA”, libro que terminó publicando VTi-Group (luego de que Random House -que tenía todo arreglado- diera marcha atrás en su decisión, aparentemente por presiones de la Liga), Donaghy se empecinó en gritar que la NBA sabía todo lo que pasaba, que él se convirtió en el chivo expiatorio de una práctica que, según él mismo, involucraba a alrededor de 50 dirigentes que participaban de apuestas -legales-.

En una entrevista reciente con New York Magazine, Donaghy se describe a sí mismo como un “buen muchacho católico irlandés de Filadelfia”. Cuenta que su madre lo llama todos los fines de semana para asegurarse de que vaya a la Iglesia de Santa Marta en Sarasota, en Florida, donde vive actualmente. “Soy católico, estoy condicionado a confesar”, explica el ex árbitro, quien lleva adelante una cruzada contra la mentira [participó del documental (Des) Honesty: the true about lies].

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La ilusión de la pureza deportiva

Ningún adulto más o menos prevenido cree en la pureza deportiva, todos saben que las ligas profesionales están atravesadas por intereses de todo tipo, sin embargo, la Fe está ahí. Y mal que le pese a Donaghy, toda la industria del deporte se sostiene en esa ilusión (que elegimos creer) en que tu equipo salga campeón. Ante la pregunta: “¿Cuál es la mentira más grande en la NBA y en el deporte profesional?”, el ex árbitro plantea que la cuestión está en decir que el deporte es un espectáculo, no un evento deportivo puro.

Lo que no entiende Donaghy es que el espectáculo se sostiene en la creencia (falsa) de la pureza. De hecho en la actualidad el ex árbitro es dueño del sitio Refpicks, un sitio de asesoramiento para apostadores pequeños (y no tanto). Tipos que pagan desde 20 dólares por un consejo hasta U$S299 por una suscripción semanal. Aunque uno conozca el comportamiento de los árbitros o los jugadores en determinadas situaciones, la ilusión de la pureza deportiva es también la que sostiene la adrenalina del sistema de apuestas.

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La mentira de la pureza es necesaria. En El mito de Sísifo, Camus hablaba de Esperanza para describir la creencia en el absurdo. Merleau Ponty -en la Fenomenología de la percepción- lo llamo Estructura de horizonte: uno sabe que detrás de la puerta cerrada que vemos frente a nosotros hay algo, simplemente los cuerpos saben, de lo contrario entraríamos en la desesperación. Sloterdijk pensó la razón cínica, el fin de la falsa conciencia. Ya nadie es tan ingenuo como para creer que el deporte profesional es sólo de atletas puros (si es que alguna vez lo fue), sin embargo, todos elegimos seguir pensando que la pureza, la honestidad y el fair play son el salvaguardián que mantiene intacta la pasión de volverse loco por un gol./////PACO