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Esteban Salceek es un antropólogo y editor rosarino especializado en economía y otros esoterismos. El primer libro de su editorial Bidón se llama ¿Qué es el dinero?, un ingenioso y ameno ensayo donde Alfred Mitchell-Innes refuta la idea clásica del dinero como una mercancía. Recuperado, prologado y traducido por Salceek, ¿Qué es el dinero? parece escrito especialmente para el lector argentino. El libro se puede encargar en facebook.com/editorialbidon.

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¿Qué es el dinero? se hace muchas preguntas, la del título es buena, pero no es la única. Las respuestas que da son precisas y, en algún punto, originales y excéntricas. ¿Cómo llegaste a este ensayo? ¿Qué te decidió a editarlo? ¿Qué es lo que más te interesa de las ideas de Alfred Mitchell-Innes?

Descubrí los ensayos de Mitchell-Innes por el comentario que hizo sobre ellos David Graeber, uno de los antropólogos y ensayistas más interesantes en actividad. Para entonces ya había estudiado las concepciones no neoclásicas sobre la naturaleza del dinero, que suelen ser mucho más acertadas histórica y etnográficamente que las del mainstream de la economía, pero que, a diferencia del caso de Mitchell-Innes, suelen estar presentadas en textos poco accesibles al lector general.

El dinero es un objeto intelectualmente muy devaluado y no se le presta demasiada atención hasta que es inevitable, e incluso entonces solo se lo piensa en términos de abundancia o escasez.

A pesar de haber surgido de los márgenes de una disciplina tan autocontenida, estas teorías tienen muchas afinidades con lo que los antropólogos, los historiadores y los filósofos han dicho sobre el dinero, y evitan muchos de los errores típicos del consenso de la disciplina, como el de tomarlo como una representación neutral de la riqueza. El dinero es un objeto intelectualmente muy devaluado y en general no se le presta demasiada atención hasta que es inevitable, e incluso entonces solo se lo piensa en términos de su relativa abundancia o escasez; es decir, como si fuera una mercancía. Las teorías sobre su naturaleza son útiles para no caer en ese tipo de confusiones. Además, son muy interesantes desde lo político; las corrientes circuitistas en particular retoman las premisas crediticias, pero ponen en primer plano al proceso productivo, que suele estar ausente en las reflexiones no marxistas sobre la moneda. ¿Qué es el dinero? es un buen punto de partida para familiarizarse con ellas.

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El dinero, dice Mitchell-Innes, lejos de ser una mercancía, es crédito y un crédito que se da más allá de cualquier patrón de equivalencias o respaldo pecuniario. Acostumbrados como estamos en la Argentina a las fluctuaciones del dólar, nuestro patrón cambiario excluyente, ¿hay algo tautológico para el lector local de este ensayo o, al contrario, te parece que resulta revelador?

Una de las cosas que diferencian a Mitchell-Innes de predecesores como Macleod es el rehusarse a aceptar la idea dominante de un origen mercantil del dinero. Él afirma que el dinero nació como una herramienta contable de las burocracias de las ciudades-estado mesopotámicas; no surge de un patrón de equivalencias, sino de una confianza religiosa en alguna figura última. ¿Quién sería ese garante último en nuestro caso? El peso argentino es lo que Keynes llamaba un dinero gestionado (managed money); no es un dinero fiduciario puro. El Estado actúa para fijar su valor en términos de otra cosa – en nuestro caso es una moneda extranjera, pero hasta hace unas décadas, el dólar mismo era una moneda de este tipo por su sujeción al patrón oro. En esencia, son dos formas distintas de un mismo fenómeno, la convertibilidad. En un caso las reservas son mercancías y en el otro es un entramado de instrumentos financieros. Cuando evaluamos nuestra situación en esos términos, la polémica de Mitchell-Innes contra el patrón oro deja de parecer un anacronismo, y lo que el lector local percibe no es una tautología, sino la fragilidad y la dependencia de nuestro orden monetario.

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De todo el libro lo que más me interesó fue la relación entre crédito y religión, pero Mitchell-Innes no termina de desarrollarla. Como antropólogo, ¿creés que es posible continuar investigaciones en ese sentido?

Sí. Es más, creo que esas investigaciones son necesarias. La relación entre deuda, dinero y religión es muy estrecha. La opacidad del emisor que acabo de mencionar estuvo históricamente ligada a lo sagrado y fue fundamental en los orígenes del dinero. Es fácil caer en el error de pensar la historia del dinero en términos de efectivo y metálico.

En el caso del dinero, lo sagrado proporciona la opacidad necesaria para asegurar que la moneda no va a ser rechazada o menospreciada.

Hay estanterías enteras de libros de historias pop del dinero que no se lo cuestionan. Lo cierto es que esa forma de dinero apareció tardíamente, en un momento de crisis mundial, el mismo momento en que aparecieron los grandes sistemas filosóficos que reconocemos hoy (la filosofía idealista, el materialismo, el budismo, el taoísmo), en los que el individuo empieza a hacerse preguntas sobre su lugar en el mundo. Antes de tomar la forma metálica, el dinero existió como crédito. La confianza de que sería aceptado no dependía del valor del metal, sino de la fe en su emisor. Para Godelier, un antropólogo marxista, lo sagrado es lo que oculta algo de las relaciones sociales. En el caso del dinero, lo sagrado proporciona la opacidad necesaria para asegurar que la moneda no va a ser rechazada o menospreciada. La ideología de la transparencia, la exigencia de que todo pueda ser observado por todos, no logra eliminar la demanda religiosa de ocultamiento, que actualmente se consigue medio de una ingeniería financiera cada vez más abstrusa. A diferencia de los productos del trabajo, el dinero es la única obra de la imaginación humana que puede ser creada y aniquilada en sentido estricto. Pero sólo puede serlo en razón de la fe que le tenemos a sus emisores y a sus reservas.

La crítica a Adam Smith sobre la calidad de mercancía del dinero me resulta sólida. ¿Qué otra crítica se te ocurre que podría hacerse a las concepciones económicas establecidas?

Unas cuantas. Entre ellas, a la mitología del trueque. Para el sentido común y los manuales de economía, el trueque es la esencia del intercambio, pero los antropólogos solo lo encuentran en situaciones críticas de disgregación social y económica muy alejadas de una pretendida situación primitiva. Ni siquiera la crisis del 2001 nos dio un ejemplo adecuado de él. El famoso Club del Trueque en realidad funcionaba como un sistema local de crédito que utilizaba al peso como moneda nominal. Algunos de los investigadores que estudiaron esa experiencia luego continuaron con otros casos de las llamadas monedas sociales, de las que hay varios ejemplos en la Argentina. En comparación a otras formas de circulación como el comercio monetarizado, el regalo y el intercambio de favores, el trueque es muy poco común. Y sin embargo la economía lo eligió para convertirlo en el fundamento de su concepción del hombre, de espaldas a la historia y la etnografía.

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Aunque el ensayo es sólido en sus momentos descriptivos, a instancias prácticas, si no confiamos en el patrón dólar, ¿te parece que se podría construir un estado moderno periférico sin un respaldo monetario fuerte? ¿Cómo te imaginás que sería esa economía?

Hoy los desafíos a las monedas nacionales provienen de dos direcciones opuestas: por un lado, la tendencia localista de las monedas llamadas sociales, complementarias y locales, como estrategia de aumento de los costos de transacción con la economía nacional. Por el otro, la tendencia a reducir los costos de transacción con la economía mundial. Las criptomonedas como el bitcoin se presentan como esa alternativa, resucitando viejas ideas de integración monetaria mundial, pero para consolidarse todavía tienen que insertarse en las instituciones existentes (por ejemplo, convertirse en una forma de pagar impuestos, o en una denominación válida para reconocimientos de deuda) o generar las suyas propias. No son fenómenos tan novedosos como parecen. Pero tampoco las monedas nacionales son tan antiguas como parecen. En el dinero hay un enorme potencial de creatividad e invención que todavía no aprendimos a reconocer.///PACO