El titular de la nota dice “Los crueles experimentos extraterrestres de dictador rumano.” La bajada es igual de explícita: “Nicolae Ceausescu permitió que seres de otros planetas utilizaran a niños como conejillos de indias.” No hay mucho más. ¿Quién informa? ¿Quienes son las fuentes de este hallazgo doble en el que se confirma la vida extraterrestre y también sus crueles vinculaciones con el comunismo? Crossover de géneros, la novela de la Guerra Fría se encuentra con el fenómeno ovni. Los dos filos paranóicos de la década del 50 sufren aquí un upgrade desprolijo pero seductor.

El portal mexicano donde leo la noticia se llama Milenio Novedades. Se trata del clásico medio gráfico low-fi de la era web. Antes de volver a “Los crueles experimentos extraterrestres de dictador rumano” pasé por la elección de Miss Cancún (con foto), muerte de un torero por recibir cornada en el rostro (sin foto) y “robots reemplazarán mano de obra humana en Google.”

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 Desde luego aquí las “fuentes” son lo que menos importa. La información la aportan “estudios hechos por agentes del Servicio Secreto de Estados Unidos” que “han hallado fuertes y sólidas evidencias.” Internet, en sus fondos pero también en su superficie, convirtió el “Recurso Revista Muy Interesante” en un gesto habitual de autoridad. (“Investigaciones de la Universidad de Massachusetts…”) Cito otra vez: “Parece ser –a decir de las investigaciones del Servicio Secreto- que Ceaucescu hizo un macabro trato con los alienígenas.” ¿No tiene la palabra “macabro” una bella tradición periodística ella sola, separada de cualquier enunciado? Macabro trato. Macabro hallazgo. Los hombres del poder comunista son descriptos siempre como crueles, los extraterrestres, como fuerzas pulsionales sin sentimientos. No hay contornos ambiguos ni figuras alejadas de sus respectivos géneros cinematográficos. No hay misterio de ningún tipo, ni tampoco innovación. Los extraterrestres son “unos raros personajes de gran cabeza y figura estilizada.” También se describe una área protegida donde se realizaba el siniestro comercio: “El dictador puso a disposición de ellos a cientos de niños pequeños de un orfanato que se abrió en el ala norte de la zona custodiada.” No hace falta más para imaginarnos las paredes grises de las instituciones comunistas, los alambres perimetrales, la proyección del desamparo burocrático, su violencia sorda. El Estado moderno periférico que frecuentamos nos provee referentes concretos. Y la historia reciente y el cine nos formaron para comprender que si alguien podía venderles niños a los alliens esos eran los satélites del comunismo estalinista. (Nuestro totalitarismos vernáculos de derecha se volvían pobres candidatos al intercambio por su carencia endémica de tecnología, supongo.)

Dentro de la nota hay cierto trabajo con los detalles que aportan bastante al frágil y sensorial andamio sobre el cual se apoya la narración. “¿Qué tipo de experimentos realizaron los extraterrestres con los niños pequeños?” se pregunta el redactor anónimo. Responde con muerte: “Nadie lo sabe. Las enfermeras y cuidadores de los chiquillos todos fueron asesinados misteriosamente apenas comenzaron las investigaciones por parte de los norteamericanos. El caso es que lo que hicieron con los infantes los volvió locos y el hospicio fue más bien un manicomio.”

¿Qué sigue? Hambre, torturas, mutilaciones, excrementos. Los internos enloquecen. Se citan violaciones grupales. Se señala que “los pequeños carecían de algunos dedos de las manos o en los pies, o de algún órgano interno” mientras “las cabecitas pegajosas estaban llenas de piojos y otros bichos” y “los bebés tenían los pañales sin cambiar desde hacía mucho tiempo y se les movían de manera grotesca, ya que estaban llenos de gusanos.”

El climax lo tiene la informante directa: “Una pequeña llamada Emilia, de ocho años de edad, quien todavía conservaba cierto grado de lucidez comentó a los agentes que unos hombres deformes, de trajes brillantes y que bajaban de una especie de huevos voladores, les hacían muchos estudios. Les sacaban sangre, fluidos de su cuerpo, y ella fue varias veces penetrada con un aparato parecido a un ‘vaginoscopio’ y que le provocaba mucho dolor, fiebre y calambres. El dictador les mandaba papas y hierbas para que comieran, y los asesinos cuidadores trataban a las víctimas peor que a bestias. (…) Emilia dijo además que los hombrecillos “hablaban muy raro”, en una especie de zumbidos molestos y chillantes.” 

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Hombres deformes, huevos voladores, sangre y fluidos, penetraciones, calambres, todo confluye en un lenguaje que no es lengua, apenas “zumbidos molestos y chillantes.” Así las cosas, la sintaxis, la adjetivación, la denuncia irracional y la información de este artículo brutal resulta olvidable. “Desprolijo pero seductor” dije. Me explico. Más allá del cruce de géneros, de los detalles escabrosos, más allá del gore allien y la imagen –muy siglo XX– del dictador inescrupuloso, la idea de un Estado que “experimenta” con los más débiles está diciendo algo.

¿Hay un borde que marca la racionalidad extrema fracasando y dejando al descubierto la brutalidad de un sistema decadente? Quizás, pero no centraría la lectura en el comunismo. Hay algo que lo excede. De hecho, encuentro afinidad entre este Ceaucescu meets bad-ETs y el Larvas de Castelnuovo. Cito a Castelnuovo: “Mientras los “cráneos” del reformatorio se devanaban los sesos para clasificar a los asilados con el mayor rigor científico como se clasifica a los yuyos medicinales o a los insectos portadores de enfermedades palúdicas, los celadores, ignorantes y analfabetos, que se habían adueñado prácticamente del establecimiento, mataban a palos a las criaturas al margen de toda clasificación académica.”

El párrafo podría reecribirse así: “Mientras los políticos soviéticos se devanaban los sesos para implementar las glassnost con el mayor rigor científico como se clasifica a los yuyos medicinales o a los insectos portadores de enfermedades palúdicas, los celadores, ignorantes y analfabetos, que se habían adueñado de Rumania y entregaban a las criaturas a sádicos extraterrestres que se ubicaban al margen de toda clasificación académica.”

Comunistas o no comunistas, incluso los aliens son crueles con sus experimentos. Armados de una ciencia superior e inexplicable también ellos participan del fracaso de la modernidad.

Pero hay algo más. Entre los platos voladores y la Rumania alucinada de Ceaucescu, está el tema del experimento. ¿Por qué nos interpela tanto esa práctica? La historia aporta datos más confiables que un portal de noticias bizarras. Después de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, el Ejército de los Estados Unidos probó gases en soldados rasos que ignoraban el experimento. Las fotos de estos soldados gaseados muestran erupciones cutáneas y quemaduras de tercer grado. También en los años 40, un grupo indeterminado de guatemaltecos –prostitutas, presos, huérfanos– fueron infectados con sífilis, gonorrea o chancro en el marco de un Programa de Investigación sobre Infecciones de Transmisión Sexual dirigido por el doctor John Cutler para el Servicio Público de Salud de los Estados Unidos. Los muertos, reconocidos hoy por la Casa Blanca –Obama habló al respecto–, fueron ochenta y tres, pero se estima que la infección pudo haber alcanzado hasta a cinco mil individuos. En la década del 50, la CIA sembró cepas de tos ferina en la Bahía de Tampa con doce personas muertas como resultado. También zonas carenciadas de San Francisco y diferentes ciudades de la Florida fueron deliberadamente atacadas con mosquitos portadores de fiebre amarilla. En un pliegue perverso, los militares se disfrazaban de agentes de sanidad y ayudaban a la población afectada mientras estudiaban los efectos de las pruebas. Albert Kligman, un dermatólogo conocido por haber patentado una crema eficaz contra el acné, dirigió en 1951 y 1974 la inoculación sistemática de agentes patógenos a reos de la cárcel de Holmesburg en Philadelphia. A los presos se les decía que participaban en un tratamiento “dermatológico” y se les pagaba. Como en otras partes del mundo, aunque con más medios a su disposición, durante la década del 60, dependencias hospitalarias estadounidenses intentaron diferentes terapias de aversión para tratar la homosexualidad. Las “curas” incluían electricidad e inyecciones vomitivas o diuréticas. Todos estas “innovaciones” en el campo de la ciencia aplicada dejaban secuelas y si se conocieron fue gracias a escándalos o denuncias. Es fácil suponer que muchas pruebas similares nunca llegaron a la opinión pública. 

President George W Bush visits CIA Headquarters, March 20, 2001.

De hecho, los experimentos con enfermos mentales, estudiantes, soldados, marginales y marginados de todo tipo se registraron hasta bien entrada la década del 80 y, de una u otra manera, aun se continúan haciendo. Pero la más sorprendente y a la vez opaca estrella de esta constelación, heredera directa de la paranoia producida por la Guerra Fría, fue el Proyecto MK-ULTRA. Pese a que algunos de sus archivos fueron desclacificados en 1975, sus enormes bases de datos se destruyeron en 1973 y por eso el MK-ULTRA todavía se mueve entre la ciencia y la leyenda urbana. La historia empieza cuando, con el objetivo inicial de producir una droga de la verdad de simple administración que hiciera rendir al máximos sus trabajosos interrogatorios, desde 1953 hasta ya bien entrada la década del 70, la CIA financió y realizó experimentos que derivaron en una amplia gama de atrocidades científicas.

Aparte del “suero de la verdad”, la agenda de MK-ULTRA incluía la investigación de métodos que produjeran “lavado de cerebro” y “control mental.”Para lograrlo los investigadores usaron terapia de choque, sensibilizamiento con sonidos e imágenes repetitivas, privación de sueño, aislamiento, radiación, barbitúricos, anfetaminas, psicofármacos, y muchas otras drogas. En Wikipedia hay una lista donde se detallan sustancias y tratamientos que, en el marco de esas investigaciones, producían en los sujetos experimentales estados hipnóticos, amnesia, sueño, desvanecimientos súbitos, pérdida de la conciencia, anemia aguda, parálisis en brazos y piernas, confusión o euforia extrema, alteraciones en la personalidad, y déficit auditivos o visuales. Las personas usadas en estos tests eran empleados de la CIA y miembros de las Fuerzas Armas, pero también indigentes, prostitutas, civiles con enfermedades mentales e incluso los propios enfermeros que atendían a los pacientes. La mayoría de las veces no se le avisaba al sujeto del experimento que este iba a ocurrir. El 1953, el proyecto consumía el seis por ciento de los fondos de la CIA y se dice que Theodore Kaczynski, quien después sería conocido como el Unabomber, fue sujeto de una serie de pruebas que agentes encubiertos de MK-ULTRA realizaron en la Universidad de Harvard entre el otoño de 1959 hasta la primavera de 1962. (La novela Ojos de fuego de Stephen King tematiza esas incursiones en los campus universitarios.)

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Se dice que con el sugerente nombre de Operación Clímax de Medianoche, la CIA equipó burdeles con espejos de un solo sentido y drogó a una serie de habitués con LSD para luego filmarlos. Otras pruebas con voluntarios incluían la administración de LSD durante setenta y siete días consecutivos. (¿Cómo era la toma? ¿Cómo quedó la cabeza de esa gente? ¿Qué hicieron durante todo ese tiempo?) Si el LSD fue una de las drogas fetiches del Proyecto, en esto la CIA no resultaba original. La experimentación seudocientífica con LSD era moda. En 1962, Warren Thomas, director del Lincoln Park Zoo en Oklahoma City, le inyectó tres mil veces la dosis humana clásica de LSD a un elefante llamado Tusko. ¿Podía incidir la droga en la agresividad de los elefantes machos? Warren Thomas nunca lo supo. Tusko murió entre “extrañas convulsiones.” El LSD fue legal en los Estados Unidos hasta 1966. Igualmente, ¿de dónde sacó esa cantidad el director de un zoológico? ¿Cómo se la aplicaron al elefante?

En Canadá, MK-ULTRA construyó un hospital psiquiátrico donde, bajo la dirección del médico escocés Donald Ewen Cameron, se experimentó con todo tipo fantasías conductistas. Cameron tenía, según Wikipedia, una “teoría en la corrección de la locura, que consistía en borrar memorias existentes y la reconstrucción de la psique por completo.” La CIA se mostró interesada y financió experimentos que consistían en poner a los pacientes en estado de coma inducido por drogas durante semanas mientras se los afectaba con sonidos o músicas que se repetían. Cameron se había hecho conocido como parte del tribunal médico de Nuremberg entre 1946 y 1947, donde llegó entrevistarse con Rudolf Hess. Luego fue el presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría y después de la Asociación Mundial de Psiquiatría. La mayoría de estos experimentos, sino todos, son hoy condenados por tribunales de ética médica que, desde luego, siempre funcionan a posteriori. Ya sabemos que la técnica va siempre adelante. Y si en su camino encuentra un desdichado, él paga el precio del progreso. En sintonía con esto, el Proyecto MK-ULTRA coincidió con el momento de auge del sueño americano cuyo confort muchas veces era consecuencia directa de los avances económicos, tecnológicos e industriales que había producido la Segunda Guerra. El proyecto MK-ULTRA y el Sueño Americano unidos como si los Estados Unidos fuera un madre violenta que tiene un hijo obediente, cristalino, trabajador y limpio y otro sucio, drogadicto, escondido y psicópata. No se trata de un pliegue ajeno al siglo XX.

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Ahora bien, si Richard Helms, el director de la CIA en 1973, no hubiera entrado en pánico por los descubrimientos del Watergate, y no hubiera dado la orden de destruir los protocolos y la burocracia del Proyecto MK-ULTRA, hoy quizás sabríamos algo más. Pero nuestra ignorancia de ciertos casos, fechas, nombres y procedimientos, no quita que, al vivir en Occidente y en la periferia de América, dejemos de comprender qué significa ser un niño rumano, un habitante de la modernidad periférica.

¿Termino acá? No, embalado, sigo un poco más. Ahora leo un “listado de productos hechos con bebés abortados.” La lista se circunscribe a México y señala empresas como Cadbury-Adams, Nestlé, Starbucks y Alimentos Kraft. Según esta denuncia, productos como chicles, café instantáneo, helados, bebidas gasificadas, cremas hidratantes, mayonesas, chocolates, sopas instantáneas, caldos de pollo y condimentos industriales contendrían “células, proteínas y DNA de origen fetal, de abortos a las 14 semanas.”

¿Una nota más para otro portal berreta de noticias escandalosas? Abundan historias que se acercan. Están, por ejemplo, como las siniestras “dead baby pills” que se fabrican o se fabricaron en algún momento en China. Testeadas por un equipo de documentalistas coreanos, estas grageas dieron un resultado de “99.7% HUMAN.” WeirdAsiaNews.com, un sitio bastante completo a la hora de conocer los prejuicios que tiene Occidente con Oriente, dice: “La compañía médica almacena estos bebés muertos en una heladera familiar, y así nadie puede encontrarlos. Después, cuando ya están listos para ser usados, ponen el bebé muerto en un microondas de secado médico, también ubicado en la casa de alguien. Una vez seco, lo muelen y lo pone en una cápsula.”

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¿Una compañía médica? ¿Bebés en una heladera? ¿“Medical drying microwave”? La cosa suena bastante artesanal, si no directamente de película de terror clase B. Imaginemos esa cocina en los suburbios de Shanghai. Imaginemos su nivel de higiene, los olores que la llenan y la impregnan. Un chino abre esa heladera una tarde de calor: una heladera donde también se guarda un plato de fideos fríos con grasa de cerdo. Y luego, sin mediaciones, imaginemos el salto a Occidente: ¿Pepsi.Co pasa bebés abortados por el microondas para hacer su Seven-up? Sabemos que en China puede ocurrir cualquier cosa. Por ejemplo, gente que come bebés con el ánimo de preservar su salud. WeirdAsiaNews.com consiguió unas fotos donde se muestra la cocción, preparación y presentación final. Estas contundentes pruebas fotográficas hacen quedar al chino de la heladera como un farmacéutico responsable. La nota incluye este párrafo:

On March 22, 2003, police in Bingyan, Guangxi Province seized 28 female babies smuggled in a truck from Yulin, Guangxi Province going to Houzhou in Anhui Province. The oldest baby was only three months old. The babies were packed three or four to a bag and many of them were near death. On the morning of October 9, 2004, a person rifling through the garbage on the outskirts of Jiuquan city in the Suzhou region, found dismembered babies in a dumpster. There were two heads, two torsos, four arms, and six legs. According to the investigation, these corpses were no more than a week old and they had been dismembered after cooking. Although China has laws that prohibit the eating of human fetus, the regime’s forced abortions to ensure the one child policy is strictly adhered to thereby creating many opportunities for these sorts of atrocities to occur.”

Y ahora las fotos.

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¿Verdad o fake? No olvidemos que los chinos siguen siendo comunistas y no hay que creer todo lo que los capitalistas dicen de los comunistas… Sin embargo, más acá del exotismo chino y sus aterradoras fotografías, lejos de las fantasías caníbales, existe una empresa de biotecnología llamada Senomyx y siguiendo ese nombre en Google se puede llegar a un artículo algo más elaborado.

Fechado el 17 de marzo del 2013, el artículo se titula “Como las Células de un Feto Abortado son Utilizadas para Crear Novedosos Potenciadores de Sabor.” (Copio el uso de las mayúsculas del original.) Lo firma un tal Doctor Joseph Mercola que estaría de alguna manera ligado al New York Times y a quién Wikipedia define como “an alternative medicine proponent, osteopathic physician, and web entrepreneur, who markets a variety of controversial dietary supplements and medical devices through his website, mercola.com.” El artículo en cuestión está en la versión castellana de su sitio. Allí se explica que de acuerdo con un informe de la CBS News de junio del 2011, setenta de las setenta y siete patentes de Senomyx presentó a mediados de ese año nombraban el uso de un compuesto llamado HEK 293. Según el Doctor Mercola, “estas son las células embrionarias de riñón originalmente recolectadas de un feto sano, abortado voluntariamente por los años 1970s.” El “HEK” identifica las células como células renales, y los “293” indican que las células provienen del experimento 293avo. O sea que mientras el MK-ULTRA dejaba de existir, en otra parte del mundo las células del riñón de un niño abortado comenzaban un largo ciclo de clonación para terminar “ayudando” a mejorar los sabores de los alimentos serializados. Un recorrido largo y no menos complejo que el de la CIA buscando la droga de la verdad.

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Estas células han sido clonadas por décadas, ya que ofrecen una forma fiable de producir nuevas proteínas, mediante alimentos modificados genéticamente. Senomyx ha manipulado las células HEK293 para que funcionen como células receptoras gustativas en los humanos. (…) Esto se hizo mediante el aislamiento de los receptores gustativos encontrados en ciertas células, y añadiéndolas a las células HEK.” Hasta acá llega el Doctor Joseph Mercola, cuyo nombre parece susurrarnos demasiadas asociaciones libres y que, desde luego, no se despide sin privarse de aclarar que “al final descubriremos que este método de potenciador de sabor tiene múltiples consecuencias imprevistas, tanto metabólicas como biológicas”. Pero ¿y entonces? Según se entiende podrían llegar a haber de estas células activas en los “potenciadores” o “ingredientes” con los que Senomyx provee a marcas líderes y cuyas fórmulas ninguna ley le obliga a develar.

¿Consumimos o no fragmentos miles de veces copiados de un bebé muerto en productos tradicionalmente relacionados con el esparcimiento, la nutrición y la felicidad televisiva? Mientras nos hacemos esa pregunta la discusión sobre la bioética y su combinación con la biotecnología sigue abierta y está lejos de cerrarse. Al mismo tiempo vale recordar que las vacunas contra la varicela, el herpes y el ébola requieren en su elaboración células de procedencia humana. Por supuesto, no es lo mismo curar una enfermedad mortal que tomarse una lata de Pepsi pero ¿quién legislará esos usos antes de que la cara radiante de un Ceausescu parlanchín que trafica niños con marcianos se dibuje bajo la luz amarilla de nuestra heladera?///PACO